Un ojo con un pero. Un oído en alta mar. Las palabras se le hacen ajenas a una mujer con una enfermedad ocular grave cuando trata de hilvanar el relato de su cuerpo frágil. Ese cuerpo amenazado despierta el recuerdo de la madre muerta y de los años desperdiciados junto a un amante inconsistente.
Por qué narrarse. Cómo no temblar. Pero a pesar del vértigo por el desamparo y la soledad, sobrevive la esperanza de una vida futura.
Este libro es un mosaico narrativo tramado con un estilo breve y con el lirismo áspero característico de la autora. En esta segunda novela, Aurora Freijo Corbeira vuelve a convertir en poético lo insoportable: la devastación vivida e imaginada, pensada y escrita. Cuerpo vítreo es un ejercicio insólito de observación de lo personal y lo insondable, una obra sobre el dolor y la lucidez que al mismo tiempo nos recuerda que se puede resistir un poco más. Al menos un soplo más.
Quizás no haya funcionado para mi. El estilo es demasiado artificial y me sacaba totalmente, la historia no me ha interesado en absoluto y, ya no solo eso, no existía una evolución de la trama, todo muy estanco. Tampoco los personajes. Lo único que podía cohesionarlo todo debían ser las reflexiones que van apareciendo, pero acababan siendo tan basicorras que ni eso llegaba a interesarme.
Se me ha hecho pesado y ajeno, repetitivo. A pesar de esto narra de forma precisa cómo el apego evitativo, las mentiras y la falta de valentía son ingredientes perfectos en una relación tóxica para mantenernos sumisas, y cómo a pesar de ver que la relación nos destruye nos quedamos atrapadas, recogiendo las migas de pan que nos esparcen. También describe muy bien el miedo y el vértigo a perder la vista, el dolor en el acompañamiento en la enfermedad de una madre, la impotencia a las hipócritas noticias de fallecimientos y cómo asistimos inmóviles a estas noticias, absorbiendo la información sin procesarla.
una amalgama de referencias que te dejan un poco sin saber dónde mirar (nunca mejor dicho). lenguaje llenísimo de metáforas y analogías que, sin embargo, creo que no acompaña el ritmo de la escritura, que me ha hecho muy difícil mantener la atención. sensación algo agridulce: no sé si no hay más o yo no he sabido exprimirlo. suma puntos la cita a Silvia Pérez Cruz.
En su novela «Cuerpo vítreo», Aurora Freijo Corbeira nos lleva en un viaje íntimo y conmovedor a través de la experiencia de una mujer enfrentando una enfermedad ocular grave. Con maestría, la autora teje un mosaico narrativo que combina un estilo breve con un lirismo áspero, creando una obra intrigante que invita a la reflexión.
La protagonista de la historia se ve obligada a enfrentar la amenaza que representa su cuerpo frágil y la pérdida gradual de su capacidad para comunicarse a través de las palabras. En este contexto, la narrativa se entrelaza con los recuerdos de su madre fallecida y los años pasados junto a un amante inconsistente, agregando capas de complejidad emocional a su experiencia presente.
A lo largo de la novela, la protagonista se enfrenta a preguntas existenciales sobre el significado de narrarse a sí misma y cómo enfrentar la devastación y la soledad sin temblar. A pesar del vértigo emocional que experimenta, la esperanza de una vida futura persiste como un hilo conductor que la mantiene en pie.
La prosa poética de Freijo Corbeira sumerge al lector en el dolor y la lucidez de la protagonista, llevándonos a reflexionar sobre la naturaleza de lo personal y lo insondable. A través de esta obra, nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay espacio para la resistencia y la posibilidad de seguir adelante, al menos un soplo más.
En resumen, «Cuerpo vítreo» es un ejercicio de observación profunda y conmovedora que deja una impresión duradera en el lector, recordándonos la fragilidad de la vida y la fuerza inquebrantable del espíritu humano ante la adversidad.
No es la primera vez que leo a la autora. Su novela La ternera me encantó y fue de mis mejores lecturas el año pasado. Cuando supe que volvía a publicar algo sabía que lo leería en cuanto pudiera. Ahora ¿ Me ha gustado más que La ternera? La verdad es que no, pero no me ha disgustado.
Nuestra protagonista, una mujer de unos 40 años, le diagnostica una enfermedad en el ojo y de ahí empiezan sus cavilaciones entre la perdida de su madre y los años perdidos con un amante inútil maldiciendo su cuerpo frágil y enfermo.
La autora siempre lleva a sus protagonistas a una soledad durísima que no son capaces de salir de ahí. Ni punto de comparación una historia con otra, porque la protagonista de La Ternera es una niña de 5 años así que aún es más duro. El caso es que la autora consigue que el lector se sienta incómodo y desesperado por ver a esas protagonistas perdidas.
La narración me ha gustado mucho. Es ágil y llena de sentimiento, pero es verdad que esta vez no he conseguido "sufrir" tanto con la protagonista. Además la historia es bastante lineal. No esperéis una historia con nudos y desenlaces extraños. No sucede nada en especial. No sé si lo recomendaría, porque es verdad que esta muy bien escrito y es cortito, pero es verdad que será un libro que olvide pronto.
✴️ ¿ Conocéis a la autora? ✴️¿ Disfrutáis de las lecturas lineales?
📚Una novela difícil y desgarradora en la cual la enfermedad pone el tono y propone el ritmo. Tiñe la narrativa de un gris que atraviesa el ánimo y acongoja. Una historia sobre el amor, la soledad y la muerte. El dolor físico y el anímico, el de la propia existencia signada por la perdida y el temor.
📖 El padecimiento y la pasión, dos caras de una moneda narrada a través de experiencias que reflejan la pulsión de vida y la cercanía de la muerte. Obsesiones y desasosiegos. Poética, filosófica, trágica, dolorosa... ¡muy buena!
Una escritura directa, inestable, de mareo. La portada sintetiza muy bien su contenido. Historia de salud-enfermedad, angustia, miedo, amores-noamores. Y sin embargo...
Buena lectura si vienes de Annie Ernaux, por ejemplo.
Todo el libro está muy bien escrito. Se lee de manera muy fluida.
Hoy no le diría nada. Quizá: devuélveme mis confesiones. Pero, santarritarrita... Mejor elijo leer, hablar para adentro.
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Llévate, te pido, los gusanos y los perros ahorcados que se acuestan conmigo. Necesito pájaros morados cerca para levantarme cada mañana. Tenme, porque me derrumbo.