Como documento es genial, como libro no tanto. Van Gogh es un artista, pero no necesariamente un literata. En sus cartas lo que más hace es hablar de pintura con su hermano, lo cual es tierno, le describe cada cuadro que va a hacer o que está haciendo, pero todavía aún más que de pintura habla de las finanzas. Se nota que lo pasa pésimo sin poder sostenerse económicamente. Es un diario muy humano, muy normalito, por así decirlo, que no refleja el espíritu que sí reflejan sus cuadros.
Y en general la recopilación es buena pero, por eso mismo, un poco tediosa. Es que las cartas son más que nada descripciones cotidianas del quehacer diario, de cosas que a nadie le importan, listados de precios claramente desactualizados de colores para pintar, etcétera. Aunque sí hay algunos fragmentos especialmente bonitos y decidores, yo diría que son los menos. Lo cual tiene sentido: Van Gogh nunca pensó que sus cartas iban a ser publicadas y leídas décadas después, entonces no fue por ahí por donde explotó su veta artística. De hecho, siento cierto pudor al acceder a ellas, porque no estaban dirigidas a mí, sino que a su hermano, en la más íntima de las intimidades, y eso me (nos) convierte básicamente en una voyeurista. Jajaja.
En fin, de todos modos fue un viaje interesante, y lo terminé con pena, pena de la profunda soledad de este hombre. Pero no solo por el libro de ahora, sino que también por cómo fue su vida en general. Si uno lee su biografía, da la impresión de que se la pasó corriendo de un lado a otro, sin poder realmente quedarse en ninguna parte. Murió hacia los 37, pero apenas llevaba una década pintando, y antes de eso pasó por todas las fases posibles, trató de ser profesor, de ser religioso, vivió en tantos países distintos... y nada, fue rechazado en los trabajos, en el amor (nadie quiso casarse con él, nunca), y ni siquiera tenía plata. Los esfuerzos, de fruto invisible.
Yo creo que el pobre se sentía como un cacho máximo al final de su vida, y que eso lo tenía comprensiblemente deprimido, y se nota. Sus cartas a Theo están llenas de amor y compañerismo, pero también de vergüenza camuflada, siempre sintiéndose una carga, siempre tan triste e irritado de ser mantenido, y aún así (o quizá por eso mismo), siempre tan deseoso de salir adelante... sin nunca (casi) vender ningún cuadro. Hasta su muerte.
Con tal que es muy triste.
Lo más lindo de las cartas es el compañerismo entre Vincent y su hermano, pero igual el tema mayor son los detalles de las pinturas. Por eso creo que es un libro más para fanáticos de Van Gogh y/o del arte que para los que buscamos ver algo más allá vía literatura. Porque lo más profundo no lo dice, y es que Vincent apenas dice nada. Está tan ocupado tratando de salir adelante y de venderse a sí mismo la idea de que puede, que nunca habla directamente de su dolor o de sus ansiedades, en el fondo porque no quiere que existan. Uno solo sabe que hay intentos de suicidios porque los lee en las aclaraciones de la edición, o en la biografía. Y porque, bueno, al final todos sabemos que se mata de un disparo en el pecho. Lo agridulce es que después Theo muere el mismo año por motivos de salud tan ambiguos como su hermano. Agrio porque es terrible, dulce porque están juntos. Aunque a estas alturas, todos los de esta época ya están juntos (suponiendo que efectivamente haya un juntos).
Volviendo a Van Gogh, yo siempre he tenido la duda de si en verdad estaba loco, o si simplemente estaba muy cansado y muy asustado, y entonces el diagnóstico no hizo más que cansarlo o asustarlo más. O tal vez sí tenía crisis y no supieron manejarlas, pero creo que parte del problema estaba en que era un ser aislado, y que su diagnóstico lo aislaba aún más. Y bueno, la psiquiatría tampoco estaba muy adelantada por esos tiempos. Ni siquiera hoy siento que lo esté tanto, jejeje. Y LO PEOR que se puede hacer con alguien es llegar y tacharlo de loco. Es como descartarlo simbólicamente, de la vida. Según yo.
También siempre he tenido la duda de si Van Gogh es tan genial como dicen, o de si el mito relacionado a su vida infló su fama. Es que es muy, muy bueno (aunque a mi parecer solo en la última etapa), pero hay pintores tanto o más que él, entre ellos quizá su amigo Gauguin, y que tienen mucho menos nombre. Cortarse (parte de) una oreja definitivamente es una manera de pasar a la posteridad, eso está claro, aunque si no hubiera tenido talento, quizá lo recordarían solamente por eso y no también por esos cuadros tan preciosos.
En fin, muy interesante la historia, un poco menos interesante el libro. Aunque de gustos no hay nada escrito.
Citas subrayadas.
1. Pelando a Gauguin con su hermano, cual centro de madres, jajaja (me causó gracia).
Si Gauguin fuera a París para que lo revisaran un poco lo estudiara un médico especialista, te juro... no sé muy bien qué resultaría. Yo le he visto hacer, en diversas ocasiones, cosas que tú y yo no nos permitiríamos, porque tenemos conciencias más sensatas, y he oído dos o tres cosas que se decían de él, del mismo tenor, y yo que lo he visto de muy, pero de muy cerca, lo creo arrastrado por la imaginación, por el orgullo quizá, y bastante irresponsable.
2. Des-pelando a Gauguin, entre otras cosas (esta es linda).
Creo y creeré siempre en el arte de crear en los trópicos y pienso que debe ser maravilloso, pero en fin, personalmente soy demasiado viejo y demasiado acartonado para ir. ¿Gauguin lo hará? No es necesario. Porque si hay que hacerlo, se hará solo. No somos más que eslabones de la cadena.
Este bueno de Gauguin y yo, nos comprendemos en el fondo del corazón, y si somos un poco locos, sea, ¿no somos también un poco bastante profundamente artistas para contrarrestar las inquietudes al respecto por lo que decimos del pintor? Todo el mundo tendrá quizá un día neurosis, histeria, baile de San Vito y otra cosa, pero... ¿no existe el contra veneno? ¿En Delacroix, en Berliox, en Wagner? Y en verdad la locura artística, en todos nosotros, yo no digo que sobre todo en mí, tal vez me haya herido hasta la médula, pero digo y mantendré que nuestros venenos y consuelos pueden, con un poco de buena voluntad, ser considerados como ampliamente eficaces.
3. Vincent solo quería ser uno más :(
2 de mayo de 1889
Me gustaría enrolarme, pero me da miedo (como en la ciudad ya conocen todos el accidente) que aquí me rechacen. Lo que temo, entonces o, más bien, lo que me vuelve tímido, es la posibilidad, la probabilidad aquí, de una negativa. Si yo tuviera alguna certidumbre de que podría alistarme por cinco años en la legión, iría. Pero sucede que no quiero que esto sea considerado como un nuevo acto de locura de mi parte (...). Quizá, me digo, en fin... sea lo que sea, si yo supiera que me iban a aceptar, iría a la legión. Es que me he vuelto tímido y vacilante desde que vivo maquinalmente.
Si te hablo de enrolarme por cinco años, no vayas a pensar que hago esto con la idea de sacrificarme o de hacer el bien. Yo estoy "atravesado" en la vida y mi estado mental no sólo es, sino que ha sido también abstracto, de manera que cualquier cosa que se haga por mí, no puedo pensar en equilibrar mi vida. Cuando debo seguir una regla, como aquí en el hospicio, me siento tranquilo. Y en el servicio, pasaría más o menos lo mismo. Claro que aquí me arriesgo mucho a que me rechacen, porque saben que soy alienado o epiléptico probable, por lo menos.
Quizá en París, hablándole por ejemplo a Detaille o a Caran d'Ache, me incorporarían pronto. Podrá parecer una cabezonada, no peor que otra; en fin, reflexionemos, pero para obrar. Mientras tanto, hago lo que puedo.