«¿Cómo salvar la distancia, cómo lograr que vida y verdad se entiendan, dejando la vida el espacio para la verdad y entrando la verdad en la misma vida, transformándola hasta donde sea preciso sin humillación? El extraño género literario llamado Confesión se ha esforzado por mostrar el camino en que la vida se acerca a la verdad ;saliendo de sí sin ser notada;. [...] La confesión, en este sentido, sería un género de crisis que no se hace necesaria cuando la vida y la verdad han estado acordadas. Mas en cuanto surge la distancia, la menor divergencia, se hace preciso nuevamente. Y por eso San Agustín inauguró el género con tanto esplendor; porque es el hombre viejo desamparado y ofendido, tanto como pueda estarlo el moderno, que al fin, se amiga con la verdad.» A través de autores como Platón, Spinoza, Nietzsche, Kierkegaard, Rousseau, San Agustín o Anacreonte y de textos como el Libro de los muertos, El libro de Job, Crítica de la Razón Práctica o el Segundo Manifiesto del Surrealismo, María Zambrano hace uno de los estudios más importantes sobre la Confesión como género literario en sí mismo y como región límite, invadida e invasora, de los espacios de la Filosofía, la Poesía y la Novela. Esta edición recoge y aporta, por primera vez, las correcciones manuscritas que María Zambrano hizo en el año 1965 a su propio texto, publicado en México en 1943.
Ensayista y filósofa española. Discípula de J. Ortega y Gasset, Zubiri y Manuel García Morente, fue una de las figuras capitales del pensamiento español del siglo XX.
Profesora en la Universidad Complutense de Madrid, se exilió al término de la Guerra Civil y ejerció su magisterio en universidades de Cuba, México y Puerto Rico. Tras residir en Francia y Suiza, regresó a España en 1984. Fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1981), y el Cervantes (1988).
Su pensamiento, vinculado a las corrientes vitalistas del siglo XX, giró en torno a la búsqueda de principios morales y formas de conducta que fueran aplicables a los problemas cotidianos. Su preocupación mística, la forma de abordar los conflictos éticos, y el estudio de la interrelación entre realidad y verdad, reclamaban la necesidad de un profundo diálogo entre el ser y su entorno.
Para ella era preciso establecer tres modos de razonamiento: el cotidiano, el mediador y el poético. Desde este último se aproximó a lo sagrado, el lugar donde se encuentra la explicación de lo trascendente, la lógica del misterio.
En su amplísima producción destacan: Filosofía y poesía (1939), La confesión, género literario y método (1943), El pensamiento vivo de Séneca (1944), La agonía de Europa (1945), Hacia un saber sobre el alma (1950), El hombre y lo divino (1955), España, sueño y verdad (1965), El sueño creador (1965), La tumba de Antígona (1967), El nacimiento. Dos escritos autobiográficos (1981), De la Aurora (1986), Senderos (1986), Delirio y destino (1988), y Los sueños y el tiempo (1992), entre otros.
Me ha gustado bastante y era predecible, soy disfrutona de la confesión. Qué decir, dame un evento social en el que haya un mínimo de silencio y ahí estaré para confesar algo que no viene al caso. ☝🏼🤓
Brillante y disruptiva como siempre cabe esperarse al iniciar la lectura de una de sus obras. Sin embargo, en este libro cae en un ir y venir de ideas ya dichas y el recurso no aporta mucho.
Muy interesante, no cabe duda. Había leído de ella La España de Galdós y me decepcionó de sobremanera, pero en este lo borda.
Muy técnica su prosa, difícil de leer, por lo que a pesar de su corto número de páginas, uno debe releer páginas, reflexionar sobre conceptos, etc.
Buena aportación de obras: evidentemente la de San Agustín, absolutamente esencial dentro de la confesión; y Rousseau como imagen del hombre moderno, del debate entre la razón y el corazón. A subrayar la primera parte de la obra, las primeras treinta páginas, que son sublimes.
La confessione come condivisione, come trasparenza di sé, come offerta di sé agli altri: «la confessione, mentre viene letta, obbliga il lettore a verificarla, lo obbliga a leggere dentro se stesso […]. La confessione di per sé ha poche esigenze, ma tra queste ne ha una di cui non si trova la ricetta: essere operante, portarci a fare la medesima azione che ha fatto chi si confessa: esporci come lui alla luce»; «l’importante nella confessione non è l’esser visti, ma l’esporsi alla vista, il sentirsi guardati, accolti da questo sguardo e da esso unificati». È la confessione di Agostino di Ippona. Ma la confessione anche come rivelazione della radice profonda dell’essere umano, non razionalizzabile e tuttavia presente: nel momento in cui tutto si fa conoscenza, «ciò che nell’uomo non era conoscenza rimaneva, nonostante tutto, vivo e più oscuro che mai, poiché non aveva più accesso alla conoscenza né quasi diritto ad esistere: però rimaneva vivo. L’originalità del cuore, l’originalità dell’individuo si renderà ben presto visibile in modo analogo a quella della mente. L’individuo, nelle sue povere e oscure viscere; le sue oscure membra, abbandonate quanto più rigogliose, si manifesteranno nella loro originalità, originalità che equivale a spontaneità, […]. Ciò che era spontaneo, le viscere dolenti e livide, la vita nella sua dispersione e oscurità, fu l’originale, cioè l’essere, la realtà valida, la realtà che, nella sua supremazia, non ha bisogno di trasformarsi ma solo di ribellarsi, di manifestarsi, di reclamare i propri diritti». È la confessione di Rousseau.
"Hacía de la "Soledad" una morada, porque el alma había de cerrarse a todo, en perfecta desolación antes de restituirse a su puro origen".
Como siempre, recorrer caminos de la mano de esta mujer es dejarte llevar por paisajes tan conocidos como nuevos a su vez, esa capacidad de unir su mirada a la forma de cada palabra, y viceversa, sencillamente me atrapan. Recorre la Confesión a través de un divagar de nombres e ideas que, lejos del análisis, se presentan en un baile de observaciones, preguntas y perspectivas que atienden más a un paisaje conjunto que a un detenerse en cada una de esas realidades, e incluso nombres, pues en algunos casos se recogen más de manera anecdótica o a modo de cita, cuando no como simple mención. Y es una pena, pues darían mucho más de sí. En definitiva, que me ha gustado pero me he quedado con ganas de más, ojalá tuviese una segunda parte de, por lo menos, 500 páginas donde se hubiese detenido en decenas de "hombres subterráneos" (debilidades).
"Hombres subterráneos cuya tarea agobiante es la de apropiarse una realidad extraña, extrayendo de ella su propio ser, pues lo que parece ser lo trágico de la tragedia es la falta de sujeto, de algo que quede exento y libre del destino o de las pasiones".
Maravilloso, profundo y necesario, como casi toda palabra salida de manos y boca de esta mujer. Siempre me parece increíble la manera en que en su escritura, en su pensamiento, se conjugan perfectamente la densidad y la fluidez; da demasiado al pensar, a la sensibilidad y a la intuición.
Sin duda volveré a leerlo luego, con más tranquilidad y en un momento más óptimo, para atender con el cuidado y el placer con que merece ser leído.
Un libro donde se arroja en lo más profundo sus pensamientos partiendo su filosofía desde lo asequible y cotidiano (simple), lo que podría decirse como mediador y justificable (subiendo a un nivel mayor), y cerrando con potencia en la ética y la moral basada en lo poético (cerrando en lo posiblemente romántico y utópico ). Un enfrentamiento de la persona con su doble para resurgir. AJB