La mente, la última frontera. Una nave parte de Júpiter rumbo a Titania, la mayor luna de Urano. Doscientos cincuenta y seis días de viaje por delante.
La tripulación tiene restringida la comunicación hacia el exterior. Los recursos son limitados y no conviene malgastarlos. En total, cada persona puede publicar un mensaje cada día con un límite máximo de doscientos cincuenta y seis caracteres.
Doscientos cincuenta y seis días. Doscientos cincuenta y seis mensajes. Sesenta y cinco mil quinientos treinta y seis caracteres para relatar el viaje.
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Esta obra está narrada a modo de diario de viaje. Durante toda la historia se acompaña la experiencia personal de una de las tripulantes, que cada día comparte una suerte de resumen de la última jornada.
La nave es muy rápida y va masivamente poblada. Durante el trayecto, las personas a bordo reciben la formación adecuada para levantar una nueva colonia en destino. Pero una cosa sucede en cierto momento del viaje, algo relacionado con el pasado de la humanidad que pone al conjunto de la expedición en un serio aprieto de supervivencia.
La historia mezcla aspectos característicos de la ciencia ficción clásica con elementos de intriga propios de los thrillers más actuales. Al condensar el núcleo de la narración en 65536 caracteres (256 al cuadrado), el texto no se pierde en descripciones innecesariamente largas. Va a lo concreto, a lo que necesita ser contado para hacer avanzar la aventura.
Sci-Fi dura, para todos los públicos. La premisa ya es arriesgada y prometedora. El autor nos emplaza a leer una historia de ciencia ficción bastante técnica a través del diario de a bordo de uno de sus tripulantes, quien nos va dejando una entrada por cada día. En estos mensajes iremos averiguando más sobre él, la misión, el resto de tripulantes y el viaje, siempre dentro de las limitaciones que les impone el sistema de abordo. 256 caracteres por día. 256 días de viaje.
Jögo no te abruma con información técnica a de manera preventiva, pues no le es necesario para contar semejante historia. Te deja claro que existe y cuando es necesario su uso, ha conseguido que estés tan inmerso en la historia que no te es ajena en absoluto a la narrativa. Además, los nombres que usa para describirla son bastante intuitivos, lo suficiente para que no sea necesario glosario de términos alguno.
Ahora empieza lo difícil. Pese al futuro deshumanizado que presenta, consigue que llegues a desarrollar sentimientos por los distintos personajes con los que se cruzará nuestro protagonista, de los cuales jamás sabrás más que el número que se les ha asignado al ser embarcados en la misión, y siempre a través de los ojos y criterio de nuestro protagonista. Lo cual es un ejercicio complicado para un escritor.
Obviamente, no será un camino de rosas y pese a seguir el “viaje del héroe” consigue sorprenderte en más de una ocasión (maldita página 49, por ejemplo) y tras la resolución de la historia darte una puntillita final de doce caracteres.
Se podría decir mucho más sobre la novela, pero sería entrar en el terreno del espóiler. Aunque supongo que se puede decir que a mi criterio podemos ver una parodia distópica, no tan futurista, de hacia donde se dirige la humanidad si no le ponemos remedio.
Doscientos cincuenta y seis días de viaje de unos colonos espaciales, seguidores del elonismo (sí, sí, por quien estáis pensando), en busca de su nuevo hogar.
A través de los mensajes de 283472 (en esta historia no hay nombres, sólo números de usuario) durante 256 días veremos como ha evolucionado la sociedad, cómo son la relaciones ¿post? humanas y como los pasajeros se ganan su puesto en colonia (los que lo consiguen).