Hace mucho tiempo leí la crítica que publicó Patricia Espinosa sobre esta novela. Desde entonces que tenía ganas de leerla. Aquella crítica me pareció mala leche, desubicada, grosera, vulgar, arbitraria, odiosa, y por esas mismas razones pensaba que debía leerla para saber si era verdad tanta maledicencia. Quería creer que no, pero hoy, habiéndola terminado, debo reconocer que la señora tenía su parte de razón. No concuerdo en todo con ella, es cierto, pero sí en varias cosas fundamentales.
A pesar de ser la novela ganadora del premio Alfaguara en el 2010, esta novela me parece un intento fallido. Repetitiva hasta decir basta y no hablo del universo de Rivera Letelier que siempre es el mismo —eso se sabe antes de abrir la primera página— sino que se advierte que a falta de un argumento claro, la narración se sumerge en luengas descripciones que son similares a las que ya hemos conocido en novelas anteriores; algunas de ellas son calcadas. Los personajes son prácticamente variaciones unos de otros. Uno podría decir que esto es así en todas sus novelas y sí, puede ser, pero la diferencia es que en las demás novelas hay una historia detrás y aquí ello no se observa; lo que hay es un hombre que un día amanece creyéndose el cristo en la tierra y se dedica a vagar por las salitreras predicando a lo largo de más páginas de las necesarias y no hay sorpresa alguna que nos diga que algo está ocurriendo desde el punto de vista argumental. Durante dos tercios de la novela no ocurre nada. Solo es el periplo del predicador en la pampa enmarcado en la verborrea descriptiva de los mismos personajes de siempre, las mismas circunstancias de siempre, el mismo universo de siempre, sin novedad alguna.
Ejemplo: El concepto de la pampa como símil de un planeta primigenio e inhabitado se repite una y otra vez en el intratexto de la obra del autor:
En esta novela, página 114:
"profanando sin miramientos ese paisaje como de planeta recién creado que exhibía la pampa por ese lado del desierto."
Himno del ángel parado en una pata:
"Y ahí, bajo un sol yerto, en medio de esa soledad como de planeta abandonado, alguien golpeaba una puerta con desesperación."
Fatamorgana de amor con banda de música:
"Contemplar el amanecer en el desierto era como asomarse el primer día de un planeta recién creado."
Los trenes se van al purgatorio:
"el pendolista nostálgico está diciendo que no sabe en qué minuto de su vida fue capaz de abandonar aquel paraíso por venir a morirse a estas sulfurosas peladeras de planeta a medio cocinar."
Santa María de las flores negras:
"Sin embargo, poco a poco habíamos ido aprendiendo a querer estos páramos miserables, a mirar y admirar su áspera belleza de mundo a medio cocer."
Romance del duende que me escribe las novelas:
"En estos territorios calcinados se siente el olor original del planeta."
El fantasista:
"Caminar por la inmensidad de la pampa al atardecer era como recorrer un planeta abandonado"
Mi nombre es Malarrosa:
"Malarrosa se crió desde los tres años en Yungay, [...] en la región del desierto de Atacama más parecida, por lo inhóspito de su paisaje, a un planeta deshabitado."
Para aquellos que conocen la pampa debe resultarles una comparación muy adecuada, precisa, yo la considero incluso literariamente hermosa, pero es repetitiva, y cuando uno ya ha leído todas las novelas anteriores, deja un gustito a falta de imaginación, a decepción, a la certeza de que en algún momento saldrá la comparación de marras y cuando aparece ya no tiene la misma novedad.
Si a esta confrontación le agregamos que también los personajes se comienzan a repetir, fácilmente se concluye que la novela cojea fuerte en un par de ámbitos esenciales: la originalidad y un desarrollo poco interesante de un tema central que daba para más.
El último tercio de la novela, si bien, transita por un derrotero que podríamos llamar desenlace, tampoco me convenció, me resulta forzado. Toda la novela me parece forzada, como que avanza a tirones, como que quiere pero no puede.
Insisto, mi crítica no apunta a que Rivera Letelier repita una historia que se desarrolla en su universo: la pampa y los personajes estrafalarios que son parte de toda su obra. Eso está muy bien. Lo que no me gusta de esta novela es que me deja una fuerte impresión de haberse armado con los retazos sobrantes de las demás y persiste la sensación de que no hay realmente una historia bien desarrollada detrás.
Después de haber leído no menos de una docena de novelas de este autor, puedo decir que esta es una de las que menos entusiasmo me causó. Es una novela cuyo argumento considero errático, lento, casi sin dirección y no me resultó muy estimulante.
Observaciones:
1.
Como es usual en el estilo del autor, abundan las escenas en que mezcla lo solemne con lo prosaico:
Página 21
Sus apóstoles se asustaron. Nunca habían visto al Maestro actuar de esa manera. Parecía poseído por el demonio. Después, en tanto la gente se retiraba a sus casas, el predicador se sentó a recobrar el resuello en uno de los escaños de piedra [...] Se echó hacia atrás en el escaño y, con la vista perdida en un punto invisible del aire, comenzó a sacarse los mocos de las narices, alternando el dedo índice y el meñique, faena que, inconsciente y meticulosamente, con una expresión beatífica en el rostro, llevaba a cabo en sus momentos de mayor zozobra espiritual.
2.
En toda la novela el narrador usa indistintamente primera o tercera persona, a veces en un mismo párrafo:
Página 87
"Sin embargo, [...], lo medité mejor y resolví morir de muerte natural. Pero en ofrenda de amor a la memoria sagrada de su madre, prometió que en tanto llegaba la hora de su partida llevaría una vida llena de privaciones y sufrimientos."
3.
La historia transcurriría en 1947 si se atiende a la edad de Olegario Santana, 97 años, quien en 1907 tenía 57 (según se relata en Santa María de las flores negras), sin embargo, explícitamente se ubica el relato en 1942, lo que se explica por la laxitud del autor en la coherencia espacio—temporal de sus novelas.
4.
Personajes y eventos mencionados que aparecen en otras novelas del autor:
Malarrosa
El vendedor de pájaros
Alma Basilia
Olegario Santana
El paso del cristo de Elqui por el tren de Los trenes se van al purgatorio
Bello Sandalio
5.
Domingo Zárate Vega vivió a principios del siglo XX. Esta novela se basa en él, aunque no corresponde a una biografía ni mucho menos, sino que a partir de ese dato biográfico se hace una recreación, por supuesto ficticia, de su vida al estilo Rivera Letelier.