A veces el anhelo del pasado puede generar inquietud en mi alma. Es cierto, y me siento identificada, con el exilio elegido de España. La idealización de lo que pudo ser y no es. Cernuda, en todo su esplendor y madurez, nos enseña que el tiempo no cura, que las heridas siguen abiertas, mas somos nosotros los que cambiamos. El olvido, a veces tan olvidado por tantos, no hace que avancemos, solo nos estanca, nos enfonda y nos pierde.
Es por ello, que su voz, alzada en sus letras, nos recuerda, de una manera imperosa, que somos lo que fuimos y que por ellos hemos acabado como estamos. Que la lucha cansa cuando se pierde pero que hay que luchar por si conseguimos ganar. Así, desde el recuerdo y la fuerza, se alcanza la memoria y la capacidad de ser.
Como siempre, un Cernuda que rompe todas tus puertas para decirte en un susurro todo lo que pensabas y nunca habías puesto palabras.