Mario Mazzeo nació en Carmelo en 1953. Está casado, y tiene dos hijos, Lucía y Elías. Es el menor de cuatro hermanos. A los quince años ingresó al movimiento tupamaro, y siendo estudiante de magisterio fue detenido por las Fuerzas Conjuntas. Ejerció como preso político desde 1972 hasta 1980.
Desde 1981 vivió en Montevideo, en régimen de Libertad Vigilada, lo que no le impidió ser un observador cercano de la transición política. Trabajó como zapatero, feriante, albañil y, después de 1985, como periodista.
Retomó los estudios formales a los cincuenta años. Aprobó sexto de secundaria en 2002, y al año siguiente se rechazó su inscripción en el Instituto de Profesores Artigas por “sobrepasar el límite de edad”. Ingresó en la Facultad de Humanidades, donde por más de una década cursó las 27 asignaturas de Ciencias Históricas. No llegó a licenciado porque, según él, “perdió tiempo construyendo casas y libros”.
En 1986 escribió, con José Luis Baumgartner y Jorge Durán Matos, el libro Desaparecidos, que se editó en Uruguay y en Brasil. Después publicó, entre otros: Chile, el problema del poder (1988); Charlando con Pepe Mujica (2002); Un hombre, una ciudad y un río. La vida del Chamaco Rébori (2006); A campo traviesa, Los caminos de Mario Costa (2011).
Al comenzar la pandemia tenía tres libros prontos para ser publicados. En 2020 se editó El tapiz de los tupamaros (en colaboración con Luis Mazzeo, Mario Delgado Aparaín, y Augusto Grégori). El segundo, 1984. El origen de la izquierda actual, es producto de más de una década de investigación y de reflexiones sobre sus experiencias como militante.
Sempre m'ha cridat molt l'atenció la figura d'este bon home. I vaig comprar el llibre perque em va cridar l'atenció la portada al vore'l i m'ha agrdat molt.
M'agrada molt la capacitat de concreció (fa unes sentencies bonissimes), la capacitat d'analisi a futur en alguns aspectes i sobretot quan fa autocritica respecte al passat.
M'agrada la coherencia i la honestedat, el viure arrelat a uns principis.
Interesantísimo como siempre leer las reflexiones de José Mújica, aún cuando tras terminar la lectura te quede un cierto poso pesimista acerca del futuro de esta sociedad capitalista incapaz de ver más allá de los resultados económicos de los mercados.