“No era el progreso económico lo que buscaban, sino algo mucho más valioso: la libertad”.
A través de ocho relatos de inmigrantes que encontraron en Argentina oportunidades y una segunda patria, Diana Arias nos invita a un viaje en el tiempo mediante los recuerdos atesorados en la memoria familiar de los protagonistas, ya que la autora entrevistó a sus descendientes. Historias de ayer, hoy.
En algunas pasó más de un siglo y en otras solo décadas, pero todas están unidas por personas que echaron raíces en estas tierras y que, a pesar de que desconocían con qué se iban a encontrar del otro lado del océano, estuvieron dispuestas a cruzar el mundo en barco para tener un mejor futuro. Llegaron desde España, Italia, Francia, Alemania, India o Rusia en busca de paz y trabajo, huyendo del dolor de las guerras, del hambre, de las pérdidas, y hasta de la humillación, pero con la voluntad y la pujanza intacta, como nuestros abuelos y bisabuelos.
Cada capítulo es independiente del otro, y si bien todos inspiran tengo mis preferidos. En primer lugar el de Antonia y Giuseppe por el coraje de esta mujer que logró salvar a muchos niños de su comuna siciliana, Santa Domenica Vittoria, de las redadas fascistas. En segundo lugar el de Nina y Leo por la imaginación y la valentía de ella que supo evadir con una actuación la represalia que su propio país (Rusia) le auguraba. Y finalmente el de Marcelina y Milke, éste último un hindú que aprendió que todo busca su lugar.
Me emocionó leer sus vivencias (colmadas de luchas e injusticias), que de alguna u otra manera influyeron en sus siguientes generaciones Ni en medio del horror abandonaron sus ilusiones, y forjaron su porvenir y el de sus hijos a base de esfuerzo pero refugiándose siempre en el amor para salir adelante porque como bien dice su autora “es el motor que mueve el mundo”.
Un libro para recordarnos de qué estamos hechos: nosotros somos nuestros antepasados, llenos de la misma fuerza y resiliencia, y que me dejó la profunda enseñanza de que “a veces, para cumplirse, los sueños toman caminos misteriosos, pero al final, están ahí”, como bien dijo Nina.