“Cada vida individual era un mundo completo y perfecto”.
Una novela muy bien trazada de este autor alemán contemporáneo llamado Bernhard Schlink (1944) que se deja leer muy bien. El telón de fondo es la Alemania dividida en dos estados antagónicos y divididos por ideologías contrarias, por las profundas diferencias políticas y económicas, por la incompatibilidad de estilos de vida y… por un muro. Entre línea y línea el autor despliega el entorno político-social-económico con una prosa que nunca pierde el ritmo y que es llana, directa, clara, sin querer incurrir en experimentos o artificios estilísticos.
La historia se inicia por los años 60 del siglo XX y llega hasta aproximadamente el año 2015, básicamente transcurre en Berlín antes y después del muro. El entorno histórico da para mucho y se nos presenta de manera sumamente amena e interesante. Los personajes principales son Kaspar, un librero de Berlín Occidental, Birgit su esposa, la hija abandonada de Birgit, Svenja, así como la hija de ésta llamada Sigrum. A través de la novela conocemos la vida de tres generaciones de mujeres enfrentadas cada una a sus destinos y a sus decisiones en un entorno complicado y nuevamente el autor nos encara con encrucijadas éticas y con decisiones de vida.
El nudo de la novela lo constituye el dilema al que se enfrenta Birgit entre permanecer en Berlín Oriental o irse con Kaspar a la parte occidental y abandonar a su hija recién nacida. De esta decisión traumática se desprenden una serie de hechos los cuales aprovecha el autor para explorar profundamente los sentimiento de culpa, los miedos y las expectativas de Birgit y luego los de Sigrum, su nieta, así como la vida que tuvo que llevar Svenja, la hija abandonada.
Además Schlink despierta nuestro interés al exponer asuntos tales como la forma de vida en Alemania del Este o la llamada República Democrática Alemana (RDA): qué disfrutaban en aquel país que supuestamente construiría una nueva sociedad; qué intereses tenían esos ciudadanos, cómo se relacionaban entre ellos, qué hacían en vacaciones o en sus tiempos libres, qué expectativas de vida tenían.
Posteriormente se tocan puntos que tienen que ver con el exacerbado nacionalismo alemán, con la ideología de la ultraderecha, con la obstinación de permanecer en una forma de vida cerrada cuando el mundo es diverso, abierto y plural o la extrema intolerancia ante otras ideologías y formas de vida en donde Sigrum y su familia abanderan esta manera de ver la vida y Kaspar representa el mundo occidental abierto y plural.
Me ha gustado mucho cómo al principio de la historia, con unos cuantos trazos, el autor, a través de Kaspar, perfila la personalidad de la Birgit adulta, y posteriormente mediante los textos dejados por Birgit llega a conocerla tal vez mejor que en vida, en estos textos se nos presenta a la Birgit joven con sus dudas e ilusiones, encerrada en un país al que no quiere pertenecer.
El escritor nos transmite el entorno que privaba en ese entonces en RDA con su ideología socialista que quería infundir esperanza y aliento a los ciudadanos pero que pronto se dieron cuenta de la imposibilidad de que se cumplieran los objetivos de progreso e igualdad. La ambientación del Berlín de ambos lados con sus calles, sus parques , su río Spree, sus edificios y monumentos, así como las alusiones a la cultura musical alemana, han enriquecido la lectura de esta muy buena novela.
¿Qué habrá sido más difícil para los ciudadanos alemanes: la separación de un país en dos estados muy diferentes y alejados en muchos sentidos o el complejo y traumático proceso de reunificación?