La obra de Cervantes se considera una de las primeras aportaciones relevantes del teatro español a la tradición de la tragedia. Organizada en cinco actos, en Numancia él recrea el final del asedio romano a la ciudad mediterránea tras más de tres lustros de encarnizado combate.
Cervantes comienza poniendo el foco en la importancia de la ética y de la estrategia militar para revertir el curso de la guerra. Así, Cipión, disconforme con la lascivia y la desidia de sus hombres, impondrá la disciplina y exigirá su compromiso para poder salir airosos en la contienda. Resolverá, además, cercar la fortaleza a fin de rendirla sin derramar más sangre romana.
A continuación, la trama gira ya en torno a las vicisitudes y los padecimientos de quienes no han podido más que prolongar su fatal e ineludible destino. Los numantinos, representantes de la lucha del débil en defensa de su libertad, sobresalen sin duda por su valor, tanto colectivo como individual, gracias a su resistencia feroz y a la incursión protagonizada por dos de ellos entre las huestes enemigas en busca de alimento.
Su suerte, asimismo, permite al autor ofrecer un retrato universal de las miserias que padecen quienes son sometidos por una fuerza opresora. Así, poco a poco sus voces se apagan como consecuencia del hambre, la desesperación y la imposibilidad de vencer tales adversidades.
Numancia se vuelve de esa manera la historia de la agonía que vive todo pueblo asolado por la guerra. Será, por tanto, la agonía del joven enamorado al que la irrupción de la contienda le priva del amor. La agonía, claro, de toda madre incapaz de alimentar a su hijo y de toda familia que se desgarra por el hambre. La agonía, sin duda, de toda persona que huye del brazo amigo en un intento desesperado por conservar una vida que ya no le pertenece. La agonía, cómo no, de toda mujer a la que se niega el derecho de compartir la suerte del soldado en el campo de batalla y se agarra a su presente en lugar de aceptar un futuro marcado por la esclavitud y la vejación.
Numancia, en definitiva, da voz a la agonía de quienes han perdido la esperanza en la vida y terminan abrazando la muerte. Cervantes intenta consolarnos diciendo que así, al menos, se niega al poder la satisfacción y el reconocimiento de la victoria.