En la producción poética, narrativa y diarística de la escritora chilena Teresa Wilms Montt (1893-1921), de alta calidad estética, se hacen visibles los ecos del último modernismo y la atención a las transformaciones vanguardistas, un angustiado nihilismo que brota del tedium vitae, la ausencia de respuestas en un imaginario fantasmático, la presencia absorbente de la muerte y la búsqueda de un itinerario espiritual de gran profundidad en que desarrolló una obra breve y honda de notable belleza. Desde ella mantiene un perdurable diálogo con el futuro. «Esta mujer que lleva a cuestas la maldición de su belleza no es sino una escritora, una gran escritora que si fuese hombre y tuviese barbas formaría parte de todas las Academias y llevaría todas las condecoraciones». Enrique Gómez Carrillo, El Liberal, 1918 «Tus caminos son otros, los que son unos, uno, en el momento mismo en que tú pones en ellos tu pie; tu planta, mística tú diferente de todas las místicas y los místicos, mística del amor y el dolor impensados, con tu pensamiento pleno de distancia, acercadura fácil de lo lejano difícil. [...] Me has acompañado mucho porque tú anhelaste lo superior, caprichosa, vehementemente hasta tu aislamiento humano. Tú te saliste de lo convencional. [...] Pero, ¿qué más da una cosa u otra de lo convencional, si se llega por ella, como tú, a lo superior diferente?». Juan Ramón Jiménez, Cuadernos Americanos, 1944 La obra reunida de la escritora chilena Teresa Wilms Montt, quien cuestionó los moldes literarios y sociales de su época. Teresa Wilms Montt (Viña del Mar, 1893-París, 1921). Escritora chilena cuya obra se inaugura en 1917 con Inquietudes sentimentales. Su producción fue breve e intensa, y estuvo marcada por la búsqueda de la belleza y un misticismo muy original. Tanto en su poesía como en sus relatos y anotaciones diarísticas cuestionó moldes literarios y sociales de la época. Su alta calidad estética requería poder leer y valorar su obra en conjunto, analizándola y evitando las lecturas biografistas y romantizadas que tanto han ensombrecido su valor literario. María Ángeles Pérez López (1967). Es poeta y profesora titular de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, donde coordina la Cátedra Chile. Ha editado y prologado la obra completa de Francisca Aguirre y de Ernesto Cardenal. Su libro Incendio mineral acaba de recibir el Premio Nacional de la Crítica. Mayte Martín Ramiro (1997). Es poeta y profesora de Lengua castellana y Literatura en Secundaria. Además, escribe una tesis sobre la obra de Teresa Wilms Montt en la Universidad de Salamanca.
Teresa de las Mercedes Wilms Montt, nació el 8 de septiembre de 1893 en la ciudad de Viña del Mar, en el seno de una acomodada familia compuesta por Federico Guillermo Wilms Montt y Brieba, y su señora Luz Victoria Montt y Montt. Dado el contexto social de la época, su instrucción estuvo a cargo de institutrices y profesores particulares. Cuando Teresa tenía 17 años, contrajo matrimonio con Gustavo Balmaceda Valdés. En los años siguientes (1911 y 1913) nacieron sus dos únicas hijas, Elisa y Silvia Luz.
A poco andar el matrimonio, comenzaron las desavenencias entre Gustavo y Teresa, principalmente debido a las molestias del primero ante la personalidad de su mujer, quien había comenzado a frecuentar tertulias y ateneos y se había adscrito a los ideales anarquistas y a la masonería. Gustavo reaccionó resguardándose en el alcohol y el juego; Teresa, por su parte, en su amigo y primo de Gustavo, Vicente Balmaceda Zañartu, El Vicho (al que se referirá más tarde en su diario como Jean). Tras numerosos conflictos conyugales, traslados y cartas de Vicente Balmaceda dirigidas a Teresa, Gustavo Balmaceda convocó a un tribunal familiar, el que decretó su enclaustramiento en el Convento de la Preciosa Sangre, al que ingresó el 18 de octubre de 1915 y del que escapó en junio de 1916 con rumbo a Buenos Aires, ayudada por Vicente Huidobro. Durante su estada en el convento, comenzó a escribir su diario, en el cual consignó sus sentimientos respecto a la pérdida de sus hijas, a su separación de Vicente Balmaceda y las motivaciones de su primer intento de suicidio el 29 de marzo de 1916.
En Buenos Aires, colaboró en la revista Nosotros, en la que también lo hicieron en su oportunidad Gabriela Mistral y Ángel Cruchaga Santa María, entre otros. También, publicó su primera obra Inquietudes sentimentales, un conjunto de cincuenta poemas con rasgos surrealistas que gozó de un éxito arrollador en los círculos intelectuales de la sociedad bonaerense. Lo mismo ocurrió con Los tres cantos, obra en la que exploró el erotismo y la espiritualidad. Dos años después de esta obra, tras viajes a Barcelona y Nueva York, volvió a Buenos Aires y publicó Cuentos para hombres que todavía son niños. En él, evocó su infancia y algunas experiencias vitales, en narraciones de gran originalidad y fantasía.
En la inquietud del mármol se publicó en Barcelona y constituyó una elegía de tono lírico, compuesta por 35 fragmentos, cuyo motivo central fue la muerte. Escrita en primera persona, enfocó su interés en el rol mediatizador del amor de la vida y la muerte. También publicó Anuarí, obra inspirada en un romance que mantuvo con un joven bonaerense que se suicidó. Además, en 1922 apareció Lo que no se ha dicho, en él, se incluyen "Páginas de mi diario", "Con las manos juntas", "Los tres cantos", "Del diario de Sylvia" y "Anuarí".
Luego continuó viaje por Europa, visitando Londres y París, pero manteniendo siempre residencia en Madrid. En el año 1920 se reencontró con sus hijas en París; pero tras la partida de ellas, enfermó gravemente. En esta crisis, consumió una gran dosis de Veronal y falleció el 24 de diciembre de 1921. En las últimas páginas de su diario, escribió: "Morir, después de haber sentido todo y no ser nada...".