Todo comienza como si se tratase de una de lluvia de ideas. Imágenes y conceptos inconexos. El pantano. Un pájaro muerto. La llave. El cadáver desnudo de una mujer. La dichosa cajita. La nube tóxica. La locura. Quizás esté contando demasiado, pero esta historia tuvo su origen en los laboratorios de un dios inexistente, un ser anodino que trabaja en una fábrica de agujeros negros.
El vacío es una historia buenísima, de las que se disfrutan de principio a fin, sin bajones. Va al grano, intercalando lo que pasa con los pensamientos de un protagonista con carisma. Los escenarios no pueden ser mejores, junto con los personajes, hacen que esta obra sea muy visual. La guinda es el monstruo, nunca antes había visto esa representación. Lectura recomendable. Ideal para leerlo en el mismo día sin despegar los ojos de sus páginas.
Una vez más, la ciencia ficción y el weird al servicio del mensaje. «El vacío» trata sobre la soledad del individuo, de cómo nos hemos ido encerrando en nosotros mismos, en un vacío interior que poco a poco nos va consumiendo. Por eso funciona tan bien la metáfora del libro, porque todos nos vamos a ver identificados con esa soledad. El filtro está en la pregunta: ¿quieres hacer algo por no caer en el pozo insondable que espera a todo el mundo? Novelón.