No me voy a explayar mucho porque creo que no tengo palabras suficientes para describir lo mucho que me ha hecho sentir que vivía en el mundo correcto este libro. Porque sí, aunque sea un trágico relato de las barbaridades que el ser humano es capaz de cometer como la guerra, todavía sé que en cada pequeño rincón del mundo hay una Francisca Amaya Iraola dispuesta a luchar sin armas en una batalla que no le corresponde solo para proteger a los suyos.
Me ha enseñado que no solo los que mueren en la guerra dejan un cuerpo, también se mata a los que siguen caminando, respirando y sonriendo.
No puedo explicar cuanto me he inmerso en este libro y como me gustaría borrar mi memoria para volver a leerlo por primera vez. En cuanto lo he cerrado me he puesto a soltar lágrimones no sé ni de qué. Es un merecidísimo 5 estrellas.