CLARA.– Cada 40 segundos una persona se quita la vida. ¿Por qué nadie habla del suicidio?
MIGUEL.– Es un tema delicado.
CLARA.– Es como si no existiésemos. Mis padres no se lo han contado a nadie. Me obligan a ir a clase en manga larga, incluso en verano. Me han cambiado varias veces de instituto. Ningún profesor me ha preguntado jamás por mis ausencias... Ningún compañero. Nada. Eso también es censura, ¿no? Como en el siglo XIX.
MIGUEL.– A lo mejor tratan de evitar que se contagie. Un suicidio colectivo o yo que sé. Aunque a mí me vendría de perlas que se pusiera de moda entre la juventud. ¡Quedarme con 5 alumnos por clase... Ça serait magnifique !
CLARA.– ¿No te tomas nada en serio?
MIGUEL.– En palabras de Fígaro “me río de todo para no tener que llorar por todo.”
CLARA.– ¿Les has hablado alguna vez a tus alumnos del suicidio de Larra?
MIGUEL.– No. (Pausa.) Seguramente tratan de protegerte. Tus padres.