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608 pages, Paperback
First published January 1, 1987
“El amor es más que sexo, es una profunda y apasionada energía que todas las personas llevan dentro y que puede ser buena o mala. Pienso que esa energía es la cosa más importante en la vida del hombre”.El amor como único punto de agarre en esta vida sin sentido, llena de dolor, angustia y sujeta a los vaivenes del azar. Una vida en la que estamos obligados a elegir continuamente y, de responder sí a la gran pregunta shakesperiana, obligados a convivir con nosotros mismos, sin escapatoria posible, y a relacionarnos con los demás. Murdoch nos presenta a un grupo de personajes, cada uno con una elección de vida, y que se equivocan continuamente: en las valoraciones que hacen de los otros y de ellos mismos, en la importancia y responsabilidad que se atribuyen en el desarrollo de la vida de los demás y las que atribuyen a los demás en la suya, en cómo y hasta qué punto pueden y deben involucrarse en la vida de otros y en cómo y hasta qué punto deben permitir o esperar que se involucren en la suya, en las interpretaciones de los actos ajenos y en las motivaciones propias y, en definitiva, en lo que son y quieren ellos y los que los rodean. En los libros, cuya importancia en nuestras vidas particulares y colectivas se ensalza profusamente en esta novela, podemos encontrar, si no la solución, al menos un satisfactorio paliativo.
La inteligencia y la presencia de Gris eran para Gerard continuas fuentes de un gozo estremecedor, un sentimiento que el describía para sí como «conexión». El loro era un mundo donde al niño se le concedía la cortesía de vivir, era un vehículo que le conectaba con la totalidad de la creación sensible, era un avatar, una encarnación del amor.
Gerard's father knew better. He knew how terribly, how unforgivably, he had failed his son. He had given in, he had allowed the women to bully him, to outwit him, he had, for a quiet life, surrendered to their noisy arguments, to their jealousy and their malice. He had believed their (Gerard had no doubt) lies. He knew it as the years went by, reading that lack of forgiveness sometimes in his son's thoughtful looks, in the very faintly cool quality of some acts of politeness and consideration. Even undoubted kindness, even love, retained that indelible icy line. They never spoke of the matter again.
Of course he had quite failed to convey the book, how right it is, how wrong it is. He thought, it's right because it's about suffering, it's wrong because it's about being true to a future good society. That's the main idea, what the book depends on really — but there's no such thing. Truth can't reach out into the future in that way, as Rose said, we can't imagine the future — and there can never be a perfectly good society – there can only be a decent society, and that depends on freedom and order and circumstances and an endless tinkering which can't be programmed from a distance. It's all accidental, but the values are absolute. That’s the simple point about human life with the long explanation.