Estamos en la Argentina y en el fin de siglo. Como otras naciones de América, vivimos el clima de lo que se llama "posmodernidad", en el marco paradójico de una nación fracturada y empobrecida. Veinte horas de televisión diaria, por cincuenta canales, y una escuela desarmada, sin prestigio simbólico ni recursos materiales; paisajes urbanos trazados según el último design del mercado internacional y servicios públicos en estado crítico.
¿Cuál es el papel de los intelectuales en este contexto? ¿Qué lugar ocupa el arte en la cultura del zapping y el video? ¿Cuál es el destino de la crítica ante la variada gama de determinismos que agitan sus banderas de aceptación y adaptación? Con rigor y lucidez, Beatriz Sarlo examina aquí las contradicciones de nuestra condición posmoderna y formula una serie de interrogantes cuyo declarado objectivo es perturbar las justificaciones, celebratorias o cínicas, del estado de cosas vigentes.
Escrito por una de las figuras intelectuales más destacadas de la Argentina, 'Escenas de la vida posmoderna' es un libro indispensable para quienes desean conocer a fondo la situación actual de nuestra cultura.
This wonderful hybrid book by an Argentine intellectual begins with a look at the neoliberal order, neither condemning it nor praising it.
At first it sounds like Sarlo is criticizing those willing to participate in a system where a limited amount of alternatives are endlessly repeated - in City, shopping malls, youth culture, video games - but she's not. (After all, what is a video game other than an attempt to try and beat a machine at its own game?) The boys in seedy video arcades are actually trying to gain victories over their placement within the machine. There may be no girls around, but they have a chance at understanding the political order at a much deeper level than a doctor or a lawyer or a professor. How is that even possible? Mainly for having no clear objective. (Wasn't that the main theme of Good Will Hunting, a punk janitor and townie who was actually more mathematically sophisticated than those situated within the system?) Same goes for young girls shopping global brands at the mall. There are few boys around, for good reason. They are seeking to participate in a world created by powerful institutions they are prohibited from entering.
The best part of the book is where Sarlo explicates the place of art in this world. Whenever you hear a person say what art is, what it ought to be and what it is good for (everyone from Eliot to Franzen), you are merely hearing a person trying to place himself within it. The "sacred place" of art of the past was practiced for centuries by "a handful of men and a few exceptional women" who argued for it only so that it could be possible (as a substitute for religion, as elevated craftsmanship). Mass education arrived in the late 19th century. Art, history, and language education followed. Exemplars were named like religious figures. And out of the mass of humanity in a game where only a bare fraction ever really participated.
But then true plurality as promised by 19th century democratic revolutions finally arrived post-1960s. Anyone can now participate in the art game. Alas, as a result, it is no longer sacred but a profane space of conflict where people take up positions in order to place their work. It seems like the market would make this process an equitable one (for it being a level playing field according to the laws of competition). But many refuse to recognize the cultural patrimony that exists which favors one kind of "artist" over another, while claiming, among other political motives, "the representation of those who have no voice, the defense of tradition or the discovering of the new, the construction of nationhood, or the search for beauty or justice." From the sociological view, these conceits are clearly fictional, hiding the true motives of those who want a share in power based on artistic creativity.
Much has happened since this book was published in 1994. You can easily translate, however, discussions of "zapping" with your television clicker into "clicking and linking" through your computer. In other words, much of this book still applies. ______________
This was a great find. I'd especially recommend it to anyone with an interest in Latin American politics and literature, or anyone who loves theory when written with clarity. Those who love Borges, she has also written very well about him too, with the same kind of themes addressed above. It looks like Sarlo is still active, making speeches at places like Berkeley on "post-pop political populism" as recently as November.
I started reading this for my thesis but literally none of it was relevant except for the translators note. I read the whole thing anyway because it was fascinating! Final chapter on modern intellectualism too good 🍸
Me parece un libro muy interesante en cuanto a la información dada, aunque en partes la lectura me pareció un poco densa. Recomiendo tener alguna lectura previa en base a la comunicación social debido a que el vocabulario que utiliza la autora es muy específico de esta rama.
Este libro es una lectura indispensable para la época. Escrito hace dos décadas, parece más vigente que nunca. Es un análisis exhaustivo de los efectos que ha causado (y sigue causando, cada vez más profundamente) el paradigma posmoderno en el que estamos inmersos, ya sea desde el uso del zapping (me aterra pensar en que incluso el zapping ya está obsoleto, aka Netflix) hasta el lugar que pueden tener el arte y los intelectuales en una sociedad individualista y fast-food como es la actual. Me maravilla la lucidez de los análisis de Sarlo, es un modelo a seguir. Mi pobre copia está arrugada de tanto que la subrayé, pero este libro se ha vuelto mi Biblia personal. Acá una cita del último capítulo, que si no sirve de resumen, da al menos una idea clara sobre la postura que toma el libro:
"El arte propone una experiencia de límites. En una civilización donde la quiebra de las religiones tradicionales, el surgimiento de neoreligiones consoladoras, el sentido absoluto del presente que se apoya en el mercado, las tecnologías médicas y las ideologías abolicionistas de la temporalidad se empeñan en evitar la idea misma de la muerte, el arte pone en escena ese límite"
Lean este libro, y lean a Sarlo. Diez sobre diez, (o 5 estrellas goodreadeanas)
El tiempo ha hecho que el impacto de este libro se vea coartado. Los capítulos sobre televisión parecen intempestivos, aunque las ideas producidas sean valiosas. Los capítulos sobre artistas e intelectuales son, al contrario, tan relevantes hoy como siempre. Son cachetazos de realidad que desvelan el romanticismo y la falsa mística bajo la que estaba sumido el artista hasta mediados del siglo XX. El posmodernismo y su relatividad valorativa despiertan de su sueño dorado a los que se creían dueños de subjetividades privilegiadas. La homogenización del gusto demuestra que el campo artístico es un campo de batalla por poder simbólico y legitimación, como cualquier otro. Y los intelectuales, viéndose en una realidad donde sus opiniones no son las que marcan el camino, sino que son una más entre una pluralidad infinita de caminos, todos válidos y tolerables, cuya única valorización la da la masa y el mercado, tuvieron que replegarse a la academia, donde siguen sus bailes onanistas de los que pocos se enteran.
Es un libro que no solo conserva una pertinencia inmensa aún a más de veinte años de su publicación original, sino que también abre las puertas para la actualización de sus cuestionamientos, hoy tan necesaria.
El libro tiene un tono a la Galeano, ya que cada capítulo arranca con un caso latinoamericano. Hay un tono de queja muy fuerte que a veces molesta, es demasiado pesimista.
Como otras naciones de América, la Argentina vive el clima de lo que se llama “postmodenidad” en el marco paradójico de una nación fracturada y empobrecida (7). En un mundo donde casi todos coinciden en diagnosticar una “escasez de sentidos”, irónicamente, ese diagnóstico no considera al arte en lo que es: una práctica que se definen la producción de sentidos y en la intensidad formal y moral (9). El shopping presenta el espejo de una crisis del espacio público donde es difícil construir sentidos; y el espejo devuelve una imagen invertida en la que fluye día y noche un ordenado torrente de significantes (23). Concepto de coleccionista al revés, shopping spree. El rock cumplió con uno de sus destinos posibles: ha dejado de ser un programa para convertirse en un estilo. La expansión tardía del rock en la cultura juvenil menos rebelde acompaña el reciclaje de mitos románticos, satánicos, excepcionalistas. Como estilo, el mercado recurre a él, saquea a sus padres fundadores, subraya lo que en ellos había demúsica pop… se ha convertido en una veta de la cultura moderna y sus aspectos subversivos se borran con la muerte de sus héroes (37). Efecto tugurio. La televisidad es una condición que debe ser dominada no sólo por los actores sino por todos los que aparecen en pantalla (72). Cultura del espejo de su público mediada por el aura de star-system… televisión como un espacio mítico (allí están sus estrellas, que son las verdaderas estrellas de la sociedad de masas) (82). La televisión vive de citarse y parodiarse hasta el punto en que la repetición del procedimiento llega a despojarlo de todo sentido crítico. Entre la parodia y lo parodiado se establece una distancia mínima. La incertidumbre que la parodia introduce en otros discrusos (como el literario) es aniquilada por la cercanía que la televisión establece entre la parodia a lo parodiado (99). Copiar exactamente una lata de sopa es distinto a parodiar el diseño de una lata de sopa (104).
Short chapters and to the point on a wide variety of subjects ranging from sex, family pictures, morality, videogames, ETC. Gets repetitive since she carries the same line of thought through the entire essay collection. Quick read.
Hasta ahora se puede observar la gran comunicación masiva de la televisión sobre los ciudadanos, en dónde queda la noción de arte, en dónde queda los intelectuales, en dónde queda el público, en donde la cultura popular, electrónica, video-games. Sarlo aborda de manera sutil aquellas cuestiones.