Siempre había pensado que si alguna vez me separaba de Ventura sólo me llevaría el cuadro de las espigas. Es lo único que tenía cuando me casé y lo único que quisiera llevarme cuando me descase. Mi corazón siempre ha bailado con las espigas de ese cuadro que adquirí al ganar mi primer sueldo. En realidad no es un cuadro, sino una copia de otra copia, pero en sus colores están contenidos todos los vaivenes emocionales que he sufrido en los veinte años de mi última existencia, el entusiasmo, los nervios, el amor innecesario, la ternura y, al fin, esa desazón que se ha apoderado de mí y que me hace sentir como si tuviera el cuerpo burbujeando en alka-seltzer.» Así es Fidela, una mujer a la deriva en el ancho mar de los sentimientos, en un mundo y un ambiente en los que apenas hay lugar para ella. Sólo el tórrido romance que mantiene con un hombre casado consigue proyectarla más allá de su desazón cotidiana y la invita a pasar revista a su azarosa vida. El resultado es un relato vibrante y arrollador en el que las relaciones afectivas de la vida familiar cobran vida propia y se convierten en puntos de referencia de nuestras propias vidas.
«Yo soy la que más me sufro. Me gustaría estar libre de presunciones, ser independiente y vivir una existencia donde las flaquezas no constituyan una representación teatral para nadie, ni siquiera para mí, que con frecuencia me veo condenada a ser mi propio espectáculo».
Cuando al comienzo de la lectura me preguntaban de qué iba «Mi corazón que baila con espigas», respondía «de una mujer adúltera a la que es imposible juzgar». Añadiría que, en este caso, tu trabajo como lectora es atenderla maravillada por la encantadora sencillez de su relato, porque este libro deslumbra en su simplicidad como solo puede hacerlo un desglose de cotidianidades. Es en esa cotidianidad de los hechos donde se halla una honestidad que a ratos resulta incómoda por su ambientación —veinticinco años se notan—, pero en todo momento invita a la empatía.
Qué bonita y qué importante es la literatura sin pretensiones, las historias de una vida que no se interrumpen con aparatosos despliegues de manejo verbal...
Podría resumir este libro con la frase “se deja querer porque está harta de querer ella sola”. Un libro con una riqueza semántica alucinante y muy ligero para leer, quizá a veces un poco lento, pero la forma de como Fidela cuenta su historia te hace empatizar de lleno con ella y extrapolar sus pensamientos a muchas situaciones de la vida cotidiana. Aquí algunas frases:
“Ventura me amaba, pero no quería amarme. Ventura tenía miedo de sí mismo, de amarme más allá de lo que su razón pudiera aconsejarle. Leo está esparcido entre mis libros favoritos y a veces no lo encuentro, me cuesta reconstruirlo y encuentro sus cartas para componer el recuerdo de una pasión que algunos días amenaza con desdibujarse. Porque el amor no es una cosa que se hace y punto, sino que se estira y se encoge.”
Quizá no sea una gran novela pero es sin duda una novela agradable y ligera. La prosa es muy buena, rápida y sencilla, como a mí me suele gustar. La historia no trasciende pero la forma de contarlo es la acertada: parece que, delante de un café o un cerveza, Fidela te relatase sus trapisondas y sus ensoñaciones, sobre todo sus ensoñaciones. En definitiva, una lectura de lo más amena que contiene grandes verdades de la vida cotidiana.
Cogí el libro porque estaba por casa y madre mía como me arrepiento. Me ha llevado 1 semana leerme las 200 y pico páginas que tiene pq es sencillamente un truño. Entiendo el costumbrismo que intenta encerrar entre sus páginas, y me parece que tiene una prosa bastante buena con una voz muy característica. Pero no es bueno. La mayor parte del tiempo es insípido y no habla de absolutamente nada. Tiene algún momento de brillantez en la primera parte y absolutamente ninguno en la segunda. Si el objetivo era crear una prosa super potente que llevase el peso del libro no lo ha conseguido, la mayor parte del tiempo es simple y muy normativa. Si el objetivo era retratar la vida de una mujer, lo consigue, pero dios mío que aburrimiento de vida. No es que no pase nada es q las cosas que pasan no importan. En fin. No lo recomiendo.
hay que leer el libro sin expectactivas y hay q dejar q te engañe. crearte horizontes de expectativas con este libro es absurdo. Nunca es la trama q crees q es. hay muchas frases donde una pueda encontrarse
Lectura ligera de verano. Recorriendo las estanterías de libros de casa de mi madre, decidí leerme esta novela de Carmen Rigalt finalista del Premio Planeta de 1997, imaginando que como todos los ganadores del afamado premio sería sencilla de leer, y no equivoqué.
La historia que nos trae la autora (y que yo imagino, tiene bastante de autobiográfica o como se dice ahora de literatura de auto ficción), es bastante básica y no muy original. Retrato de una mujer madura, sumergida en un matrimonio aburrido, con un hijo adolescente y todo lo que conlleva pelear con chavales de esa edad, y que tiene una relación extramatrimonial con un hombre con el que se ve de forma regular, sin olvidar los líos familiares (su padre y su hermana), como vemos nada nuevo bajo el sol.
El libro está construido a base de reflexiones sobre su vida y la gente que tiene alrededor así como de descripciones de situaciones cotidianas desde el principio al final, por lo que se hace bastante monótono de seguir, e incluso llegas a la conclusión de lo poco que te interesa la vida de esta mujer.
Me queda claro que Carmen Rigalt lo juega todo al estilo literario en su escritura, intenta construir una prosa con ciertos toques líricos que al principio me agrada, pero que como detrás de esas formas tiene muy poco de sustancia, acaba resultando un lenguaje artificioso que en ocasiones se asoma a la pedantería de forma peligrosa, aun así, diría que está bien escrita.
Total, que mucho envoltorio para poco contenido. Encaja con los Premios Planetas a la perfección. Lo mejor para mí, el título.
Se trata de una reflexión honesta sobre la pareja, el sexo, el amor y la familia. Escrito en primera persona, la autora redefine su vida y así misma a la luz de su relación con su amante Leo. Lo hace con sinceridad y sin miedo a crear una imagen no siempre halagüeña de si misma. La historia cuenta con una prosa rica, muy agradable de leer, sin caer en ligerezas. El libro puede llegar a ser algo lento para los que no disfrutan tanto de la introspección y el recrearse en las sensaciones.
La novela no es nada del otro mundo. Una historia de una mujer atormentada que sufre diversas peripecias vitales. Tiene ciertas imágenes interesantes que se quedan en la mente del lector, pero la historia no deja de ser una más.
La historia es amena y entretenida, que narra lo que le ocurre a Fidela, una mujer que no consigue ser feliz junto a su marido. Es de muy fácil lectura.
“Se lo había escuchado a Charo hacía tiempo: el amor es una enfermedad, una patología que nos erosiona abruptamente por dentro”
Fidela nos introduce a su mundo y nos hace empatizar con una mujer infiel cansada del matrimonio y de lo que se espera de ella como mujer casada. Lectura fácil y cómoda aunque el relato se queda un poquito corto.
Mi nota es 3/10. Mi corazón que baila con espigas es una novela que prometía ser una exploración poética de la vida rural y las relaciones humanas, pero lamentablemente, no logró cumplir con mis expectativas. A pesar de la reputación de Carmen Rigalt como autora, esta obra me dejó con una sensación de decepción.
Desde el principio, la prosa de Carmen Rigalt es rica y descriptiva, lo que en teoría debería sumergir al lector en el paisaje y los personajes. Sin embargo, encontré que esta abundancia de descripciones a menudo se siente excesiva y, en lugar de crear una atmósfera evocadora, se convierte en un obstáculo que entorpece la fluidez de la narrativa. En muchos momentos, la escritura se siente más como un ejercicio literario que una conexión genuina con la historia.
La trama, en su intento de ser contemplativa y reflexiva, se vuelve a menudo tediosa y carente de dirección. Hay momentos en los que la historia se siente estancada, y esto afectó mi interés por seguir adelante. A pesar de los intentos de la autora por transmitir temas profundos, la falta de un hilo conductor claro dejó la narrativa dispersa y confusa. Carmen Rigalt utiliza la historia de Fidela para abordar temas como la búsqueda de la identidad personal, la insatisfacción en las relaciones y la lucha por la liberación emocional. La novela también toca temas de género y las expectativas sociales impuestas a las mujeres. A través de Fidela, Carmen Rigalt muestra cómo las mujeres pueden sentirse atrapadas por las normas sociales y cómo la búsqueda de la felicidad y la realización personal puede llevar a decisiones difíciles y a menudo dolorosas.
En resumen, “Mi corazón que baila con espigas” es una exploración profunda de la vida emocional de una mujer que busca liberarse de las ataduras de un matrimonio sin amor y encontrar su propio camino hacia la felicidad y la realización personal Mi corazón que baila con espigas es una obra que, aunque puede encontrar su audiencia entre quienes aprecian un estilo literario denso y poético, no logró resonar conmigo. La combinación de descripciones excesivas, personajes poco desarrollados y una trama que no avanza adecuadamente me llevó a una experiencia de lectura insatisfactoria