Aunque esta edición que he leído ha sido revisada, por lo tanto la prosa ha conocido algún retoque y afinamiento, es indudable que para ser una primera obra se trata de una novela madura, que ya muestra a un narrador con aplomo, sobrio y que modula su escritura con un ritmo y una musicalidad suaves y adherentes, no leí una sola página que no hallara alguna frase feliz, algún giro llamativo... y eso que hablamos, en grandes rasgos, de una historia sobre la lucha de independencia de Argelia.
Siete árabes y un cabileño forman un pequeño comando que realiza incursiones en el desierto. Mientras la tropa avanza por los caminos del desierto, en ocasiones eludiendo pueblos dudosos y en otras realizando paradas para recuperar fuerzas, topan con un escuadrón francés y el peso del colonialismo cae sobre sus hombros. Aparte de La batalla de Argel de Pontecorvo recuerdo un par de largometrajes dónde también se abordan los excesos de las tropas francesas, cometidos con mucha manga ancha en los años 60, mientras defendían las tierras usurpadas, y sin embargo no recuerdo ahora mismo que alcanzaran los niveles de crueldad que en algún punto alcanza esta novela, y cómo esa violencia se conecta con la política de décadas posteriores, quizás el más interesante de los gestos adoptados por Joan Luís-Lluís, quien poco a poco se está convirtiendo en mi narrador catalán preferido.
En verdad no sólo se trata de una novela oscura y violenta que señala ciertas brutalidades del colonialismo francés, también tiene cabida otros aspectos, fábulas, momentos de camaradería, y una visión del colonialismo que no es plenamente negro, en todo caso los momentos más amables entre franceses y argelinos son entre personas particulares, no gracias a la intervención o incluencia de la autoridad colonial. Supongo que ahí reside parte de la reflexión que ejecuta Joan Lluís-Lluís con medida maestría, demostrando que está bien descubrir una buena historia qué contar pero que el conocimiento profundo de las herramientas de trabajo (principalmente la lengua) a la postre resulta capital y le otorga ese poso y consistencia que distinguen el buen libro del gran libro.
Una mirada que busca acercarse a la conciencia de los desposeídos, tanto en sus luchas como en sus gestos más cotidianos, una elaboración acerca de la memoria personal y social, dónde el color local se funde con la fraternidad universal, sólo mancillada por el fanatismo nacionalista. Molt bona.
De forma casual y no planificada resulta que a continuación leeré la traducción catalana de De nos frères blessés, de Joseph Andras, de quien hace un año ya disfruté con mucho agrado aquel sensacional Así hacemos la guerra, también emparentado con esta novela, y que narra otros azares de la lucha anticolonial. No ha sido algo planificado, en todo caso confío que aporte desde diferentes ángulos varios matices más a propósito de la visión crítica del colonialismo francés en Argelia. Intuyo que tampoco faltará represión violenta y brutal.