Un libro que he leído con mucha emoción y un punto de tristeza por ser el último que dejó escrito Benedicto XVI, a quien tanto debo en mi camino de fe. Su Santidad pidió que este libro se publicara tras su muerte, no porque en él haga extraordinarias revelaciones ni destape escándalos (quien busque eso aquí evidentemente no conocía a Ratzinger), sino por las críticas que suscitaban sus obras, especialmente en los círculos teológicos alemanes, y que tanto le hicieron sufrir en los últimos años. Por evitar sufrimientos en medio de su enfermedad y no perjudicar a la Iglesia prefirió que estos escritos se publicaran póstumamente.
Aparte de reflexiones siempre interesantes sobre la relación entre razón y fe y acerca del diálogo entre religiones, temas siempre caros a Benedicto XVI, me han impresionado especialmente los artículos del apartado de Dogmática sobre el sacerdocio y la Eucaristía. En ellos se revela claramente el núcleo de la fe cristiana. Muy interesantes e iluminadoras son sus opiniones sobre la liturgia y el ecumenismo; su sinceridad sin duda suscitará en los círculos antes mencionados las críticas que el Santo Padre preveía. Igualmente interesante es el artículo sobre los abusos sexuales, que probablemente irritará a muchos y desilusionará a los que buscan carnaza, pero que en mi opinión diagnostica claramente las raíces del problema y su solución última.
Un libro, como todos los de este gran pontífice, imprescindible, en el que laten su amor a Cristo y a la Iglesia, y que espero sea pronto traducido a varios idiomas.