Claudia emprende el camino desde Estados Unidos hacia Asturias. Regresa a Seana, la aldea en la que creció su padre y de la que se marchó tras una huelga minera que lo empujó a emigrar a América. Una vez ahí, se reúne con la familia que él dejó atrás y, entre sidra, gallinas y conversaciones, recupera el paisaje y el origen que echaba de menos. Poco después, con treinta y tres años, Claudia pide a sus padres se encuentren con ella en Seana. Sentada en el porche de la casa y ansiando una libertad que ha perdido, observa impaciente el camino por el que los verá llegar. A partir de ese momento, cada miembro de la familia acompañará a Claudia, de un modo singular e irrepetible.
Hace ya días que terminé esta historia y aún sigo pensando en ella... Sin duda ha sido mi mejor lectura del mes y seguramente sea una de las mejores del año. No conocía a la autora, fui casi a ciegas, y menudo descubrimiento... qué manera de escribir la de Juncal. Cuánta sensibilidad, y emoción, y sentimiento, cuánto te hace reflexionar, qué precisión en la narración, en las palabras, cuántos personajes inolvidables...
Una familia. Y cada uno de sus miembros, con sus circunstancias, sus contradicciones, el deber ante el querer, los vínculos, el apego, el arraigo a la tierra, la culpa, el deseo, la enfermedad, la muerte, la aceptación... De todo esto y muchísimo más nos habla Juncal, en una narración envolvente en la que todo está donde tiene que estar. Cada situación y personaje aporta algo, están perfectamente construidos y su evolución a lo largo de la historia es brutal. La tercera parte en concreto me ha parecido brillante.
Hay una parte histórica ambientada en un pueblecito de Asturias y en la huelga minera del 62, que es más o menos el punto de partida de la novela, y a partir de ahí se va construyendo a fuego lento una historia íntima y familiar que abarca tanto que es muy difícil transmitirlo aquí en unas pocas palabras. Ya lo dije hace poco, muchas veces los libros poco conocidos pueden ser los que más nos sorprenden, por eso me alegro muchísimo de haberme dejado llevar en este vuelo que me ha hecho recorrer tantos sitios y emociones. Ojalá le deis una oportunidad también vosotros y estos tántalos vuelen muy muy lejos. Conmigo ya se van a quedar para siempre.
Que socavón tengo en el pecho. Hacía mucho que no leía un libro así de lúcido. Sin duda, de los mejores libros que he leído este año.
Como me gustan los libros donde más de un personaje te acompaña. Esta es la historia de Nela, mujer fuerte de férreos principios. De Aramo, que sabe que su hogar es su hija, y no tiene porque ser la tierra donde nació, esa pequeña aldea de Asturias. De Bo que es esa madre dulce, que sostiene y protege. De Berta, la persona que acompaña y cuida sin requerir nada a cambio. Y de Claudia, que nació bajo el vuelo de los tántalos, en plena naturaleza, quizá por eso su especial sensibilidad. Que echa raíces en la tierra donde su padre nació y donde vive su abuela Nela. La tierra le llama y en una de sus visitas de verano, decide quedarse. El arraigo. El apego. Son vínculos fuertes. Dónde desemboca todo.
Hay tantas frases de este libro que me voy a guardar. Son tan certeras y brillantes. Reflexiones y pensamientos disfrazados de inocentes conversaciones de noche en un porche o en un avión sin saber muy bien tu rumbo y acompañado de una Kodak. Una manera de describir y de narrar la naturaleza del ser humano, sin adornos. La reivindicación, el miedo, la distancia, el amor, la ausencia y los duelos encapsulados en 260 páginas.
Me ha gustado todo, no me ha faltado nada, no me ha sobrado nada. Este libro en su justa medida es perfecto. Que enorme descubrimiento, Juncal. Y que suerte poder decírtelo y que te lleguen mis palabras.
Cuesta encontrar libros que se narren desde lo más profundo del corazón. El vuelo de los tántalos, debo avisaros, que se trata de una excepción.
Juncal Baeza se lanza a escribir desde las entrañas que mantienen unidos –y en tensión– los lazos de lo familiar, de ese primer lugar al que venimos pero no elegimos, el campo apacible o de batalla en el que comenzamos a dar nuestros primeros pasos como seres no individualizados, ajenos pero no indemnes a sus consecuencias.
Esta es una historia de familia. Pero también de los individuos que están en ella. Del apego. Del arraigo. De las ausencias y el dolor que se lleva en soledad. De los vínculos. De la tierra. Pero sobre todo, es una historia que habla del hogar, en su diversas formas. El hogar en el que nacemos, el que construimos en una tierra extranjera, el que encontramos en el vínculo con una persona, en una pasión, aquel que se hace de los detalles que nutren lo cotidiano, aquellos que se esconden tras una apacible conversación bajo el silencio del porche a la luz de las estrellas y que nos acercan a lo más recóndito del otro.
Se trata de la primera novela de Juncal y, por ahora, es de lo mejor que he leído a lo largo del año. Un libro cargado de grandes reflexiones vestidas de sencillez que exponen la condición de lo humano desde la propia naturaleza y con las emociones que nos permiten reconocernos en quien tenemos en frente.
El vuelo de los tántalos, de @juncaliune, es un libro al que he llegado por la recomendación de @librosbykenia y @fugazmente_grandiosos.
En esta novela me sentí muy cómodo desde el principio, y conseguí engancharme desde sus primeras páginas, en las que la historia se centra en la vida del padre de la protagonista. Una vida dura, que no quiere, trabajando en la mina, en Asturias. La segunda parte se centra más en la hija, nacida en Estados Unidos, que decide, junto a su familia, conocer la tierra de su padre, y esto le cambiará la vida para siempre.
El libro se divide en tres partes. En mi caso, he disfrutado muchísimo la primera y la segunda y un poco menos la última. Creo que en muchos casos será al revés, pero no sé por qué me ha dejado un poco frío su desenlace. Esto no quiere decir, como en otros casos, que el final se haya cargado el resto del libro; para nada, me quedo con esas primeras partes maravillosas.
Destacable es también el buen hacer de la autora, siendo un placer leerla, con un estilo a priori sencillo pero que a mí me ha cautivado.
En resumen, un gran libro que he disfrutado mucho y que os recomiendo, sin duda.
dicen que una pertenece al lugar donde se encuentran sus muertos pero también de ese lugar que te envuelve desde los pies y te trepa como una enredadera hasta aprisionarte y apenas dejarte respirar. una es del lugar que elige el corazón y no hay palabras para poder explicarlo con convición. como ocurre con el desarraigo. hay lugares que por más que queramos no son nada, solo tierra yerma. esta es la historia de Amaro que deja su tierra porque esa tierra que respira bajo sus pies no le pertenece. siente que tiene que moverse, que sus circunstancias serán otras. que la vida está en la superficie y no en la oscuridad de la mina asturiana. por eso los vientos favorables lo llevan lejos y con acierto ya que lo dejan al lado de Bo y eso consuela al océano y a su madre. Bo que conseguirá reflotarlo todas las veces que haga falta. Y luego será Claudia, la hija de ambos, la que entenderá la topografía de los lugares y de los afectos, que conocerá la alquimia que hace que una familia esté unida aunque no duerman pared con pared. La vida da muchas oportunidades pero también se cobra su peaje. Amaro se enroló en el verbo empezar y Claudia entendió que finalizar es un verbo cuya acción recae en el sujeto y ese sujeto es ella. Amaro empezó su vida cuando vio caer a la jauría de perros por el barranco, cuando dijo que no volvería a la mina, cuando se fue a Florida, cuando salió de la cárcel, cuando volvió a casa y luego a su otra casa porque él empezaba una y otra vez desde la casilla de salida y en cambio Nela, su madre, y luego Claudia, su hija llegaban a la casilla final. Y a pesar de eso había un equilibrio en esa fatalidad. Equilibrio que Claudia entendió perfectamente cuando se dio cuenta de que tenía entre sus manos un gran poder : el de decidir, el de darse cuenta de que aún estaba a tiempo, de que las cosas podían ser de otra manera. Y quizás eso sólo se consigue llegando al final... `` me pregunté cual es el momento en que los hijos empiezan a cuidar de sus padres ``. . Juncal Baeza construye una historia en tres tiempos, pasado, presente y un futuro incierto aunque esperanzador por lo que conlleva llegar a ese tiempo tan lejano y que dota a sus personajes de esa sabiduría ancestral más propia de la madre naturaleza que del ser humano. Tres generaciones que deben ordenarse entre ellas, saberse en su lugar correcto para empezar a actuar y hacer que la acción avance. Así Bo será la falla tectonica que dará el equilibrio a ese Amaro que no encuentra su punto de apoyo y serán los vientos aliseos los que muevan a Claudia hasta la casa que su padre abandonó para poder conocer sus orígenes. Una novela que ahonda en el sentimiento de arraigo y permanencia de los lugares, de la familia como cabeza de mando y del amor que sin duda, una vez más, ha hecho que todo sea como debe ser. ` cuando uno no cree en dios tiene más miedo `.
"...hacer que lo frecuente fuera excepcional" "El tiempo es necesario, para curar y para derruir" "La muerte dura para siempre y siempre está viva" "Concluí que, para mí, la acción era imprescindible para sentirme libre" "No tengo hijos, pero creo que hay momentos en que los niños pueden volverse enormemente sensitivos al sufrimiento ajeno, de una forma animal e involuntaria que después, poco a poco, se pierde. Tal vez por eso los adultos somos tan poco generosos a veces".
Un libro sobre la familia, la nostalgia, la libertad y la reconciliación con la muerte. Es increíble que las casualidades de la vida hicieran que diera a parar con esta obra tan acertada para mi proceso emocional en la feria del libro de este año. Muy recomendado para todas aquellas personas que tienen un vínculo único con su abuela.
En tres tiempos diferentes, Juncal Baeza dibuja un universo donde las mujeres construyen redes de afecto, cuidados y acompañamiento para sostener sus vidas y las de quienes aman. Bo rescata a Aramo de la oscuridad. Nela, Berta y Claudia cierran sus heridas.
Y, más allá de ese universo, en sus páginas se sitúa en un lugar predominante la libertad de elección: sus personajes eligen permanecer, marcharse, volver e incluso morir; y lo hacen con valentía y determinación. "Migran" cual tántalos, buscando una supervivencia emocional que los lleva a refugiarse en su noción de hogar.
Hay además puntos muy llamativos en la novela, como los conflictos sociales que rodean a la minería y la utilización de las mujeres como elemento de represión, las posibilidades y carencias de lo rural o la aceptación de la muerte desde la dignidad y el amor.
Para definir este libro me remitiré a sensaciones, dejando atrás las palabras. Juncal Baeza consigue con maestría dibujar con precisión el abrazo cálido de una madre, la certeza de que todo va a estar bien, el amor incondicional que traspasa materia, tiempo y raciocinio, las raíces que atraviesan, la humanidad por encima de las imposiciones, un soplo de aire fresco en las montañas y un viaje sin retorno de vida.
La primera parte de la historia está bien, consigue engancharte, da la sensación de ser una vivencia novelada. Tiene muchos detalles que son complicados de inventar. Va dando forma a los personajes sutilmente. Pero la última parte con los similes médicos patina un poco. La situación final abrupta para poder escribir su relato parece un poco encajada...
Las palabras "comprender" y "sostener" encuentran su significado más preciso en esta belleza de libro. No cabe más humanidad en los vínculos que unen a Claudia, Bo, Nela, Amaro y Berta y que la autora (Juncal Baeza) describe con gran sensibilidad y cuidado.