Esta mujer tiene una capacidad increíble de contar historias. Es el segundo libro que me leo de ella, y ambos me engancharon un montón. Tanto este como el de Norte y Sur comparten un hilo similar, pues hablan de los conflictos que se creaban entre patronos y obreros, de la falta de entendimiento por ambas partes y la situación precaria en la que vivían los trabajadores.
Es un regalo poder conocer casi de primera mano todos estos acontecimientos, por parte de alguien que los vivió de cerca. Lo bueno de todo ello, es que la autora trata de revelar las razones de cada una de las partes para actuar como lo hacen, cómo ven cada uno de ellos la situación. No busca realmente posicionarse en un bando o en el otro, para ella no hay una sola verdad, y casi parece que su intención es lograr un acercamiento entre ellos, para abrir la mente y crear conciencia de las posibles injusticias que puedan estar cometiendo tanto los patronos como los obreros.
Al final, llega a la conclusión de que todos están en el mismo barco y todos deberían comunicarse y tener en cuenta los intereses de ambos para que nadie salga perdiendo y, sobre todo, para evitar que los obreros vivan en unas condiciones terribles, de pobreza, miseria y sufrimiento.
La forma en la que está escrita el libro me llamó especialmente la atención, ya que la autora le cuenta directamente al lector lo que está pasando o ha pasado e intercala muchas veces sus propias reflexiones.
La religión y los valores cristianos, como es normal, están muy presentes en la obra. Apela constantemente a la compasión, al perdón, al arrepentimiento y a la humildad.
Por otro lado, la muerte también tiene un papel importante, tanto que casi parece un personaje más. Casi es vista como una bendición, una liberación de los sufrimientos de este mundo o un modo de liberarse de las culpas y tormentos de la conciencia. Aunque también se ve como un castigo o una venganza.
Luego trata temas como la prostitución y el acoso. Las mujeres tenían que comportarse como señoritas, ser discretas, recatadas y obedientes. Si no lo hacían, pasaban a ser vistas como coquetas/descaradas, y todo el mundo las señalaba con el dedo. Las prostitutas eran consideradas unas parias y ellas mismas eran las causantes de su perdición, aunque el hambre, la necesidad y la pobreza las hubiesen empujado a ello (es decir, la propia sociedad. En fin, cuando no se quiere ver la realidad…). Y luego, no se te ocurriese rechazar a un pretendiente, porque si el tipo en cuestión te acosa constantemente después, te humilla o básicamente decida, por celos, hacerle daño a otro pretendiente que puedas tener, toda la culpa recaerá en ti, no en él. La mujer será una superficial/descarada/vanidosa incapaz de aceptar el honor que supone que alguien se fije en ella, y él será visto como al pobre infeliz que ha tenido mala suerte y al que hay que tener lástima. Si él hace algo horrible, hay que entender que fue por el rechazo sufrido, pobre. Mala mujer…
En fin, me parece bien que Jem le hable abiertamente de sus sentimientos a Mary, pero dar por hecho que ella tenga que aceptarlo solo porque son amigos de la infancia, cuando ella nunca le había demostrado sentir el mismo amor, y dejarle ver (casi como coacción) que lo hará un desgraciado si no se convierte en su mujer, pues me parece pasarse un poquito. Y en cuanto a Harry, vale que Mary le ha seguido el tonteo, pero en el momento que decide ser clara y decirle que la deje en paz, por mucho que le parezca mal que le haya dado falsas esperanzas, si tuviese madurez, lo aceptaría y no haría lo que hace.
Ah! Y que no se me olvide hablaros del señor paternalismo, otro protagonista más de la novela, como os podéis dar cuenta.
En conclusión, Gaskell es una narradora nata. Esta novela es más oscura quizás que la de Norte y Sur, y te mantiene con el corazón en un puño, de hecho, hacia el final, me estuve mordiendo las uñas toda angustiada porque necesitaba saber qué iba a pasar. Sin embargo, quizás me gustaron más los personajes de Norte y Sur que los de esta historia, aunque empaticé con ellos y me interesaron igual, que conste. Hay algunos momentos intensos por ahí que consiguen despertarte la vena emocional.
Recomendable.