Un emocionante viaje hacia la consciencia, a una existencia más amplia, a una vida de espiritualidad propia.
Nos encontramos en un mundo caótico, regido por el consumo, la crisis de los sistemas religiosos y políticos, la sobrecarga de información, la conexión constante que sin embargo nos mantiene siempre aislados. A menudo nos sentimos solos y desorientados, y anhelamos un camino que dé un sentido más pleno a nuestras vidas. Nuestros ancestros más sabios trazaron una vía para alcanzar esta es el camino de espiritualidad que nos ha legado la tradición chamánica.
Como explica Fer Broca, estas enseñanzas siguen más vigentes que nunca, y pueden ayudarnos aun en nuestros momentos más agobiantes y atareados. Mediante un conocimiento cabal de la sabiduría y práctica ancestrales, historias inmemoriales y ejercicios de introspección, Fer te ayudará a descubrir tu consciencia y desarrollar tu verdadera atención, y a aplicarlas a tu día a día. Se trata de un recorrido paciente y que no termina nunca, pero que sin duda llevará tu vida, y la de tus seres más cercanos, a un verdadero encuentro con el ser, la paz y la alegría.
Cuentan en la selva que, cuando los dioses decidieron ponerse creativos, les dio por fabricar la vida como si fuera proyecto escolar de artes plásticas. Que si mamíferos de barro, pájaros de maíz molido, peces de arena compactada… Todo precioso, digno de exposición en museo, pero quietecito. Un mundo tan bonito como un aparador navideño: bonito, sí… pero nadie puede tocarlo porque todo está estático.
Entonces uno de los dioses, el vigoroso, el entusiasta, el que seguro hacía crossfit, se inspiró y cantó. Y ¡traca! Todo empezó a moverse. Árboles meciéndose, peces nadando, colores vibrando… como si la creación hubiera tomado café por primera vez.
“¡Listo! El movimiento lo solucionó todo”, pensaron. Spoiler: no.
Pasaron los días y el espectáculo empezó a sentirse… vacío. Hermoso, sí. Dinámico, también. Pero algo así como ver un video en 4K sin volumen: ¡impresionante pero inexplicablemente plano!
Los dioses se pusieron creativos de nuevo: —¿Y si aceleramos más el movimiento? —¿Y si metemos más colores? —¿Y si fabricamos más animales?
Total, hicieron lo que todos hacemos cuando un proyecto no funciona: meterle más cosas, aunque el problema no sea la falta de cosas.
Nada cambió. La creación era una especie de TikTok infinito sin algoritmo: rápido, ruidoso… y sin sentido.
Y allí, en lo alto de un gran árbol, estaba el más viejo de los dioses. Sereno. Tranquilo. Observando el desastre como quien ve un capítulo repetido de una serie. Hasta que una noche soñó la respuesta. Y les dijo:
“Le dimos forma. Le dimos color. Le dimos movimiento. Pero olvidamos lo esencial… Falta vida. Falta alma. Falta presencia.”
Los dioses lo miraron como si hubiera dicho un acertijo, pero el viejo dios comenzó a girar, y al girar se convirtió en rehilete de luz. De él cayó una lluvia brillante, como si fueran chispas de su propio interior. Los demás dioses entendieron, empezaron a girar también, y esa lluvia (hecha de su esencia) tocó a cada criatura, cada hoja, cada piedra.
Y entonces sí: todo cobró sentido. No solo se movían… Ahora sentían. Ahora existían por dentro, no solo por fuera. Los dioses jóvenes preguntaron: —“¿Y cómo llamaremos a eso?” Y la voz del viejo, ya diluida en toda la creación, respondió:
“Presencia. Porque es un regalo. Porque es estar. Porque sin ella, todo lo demás es solo decoración”.
La leyenda (que encontré en un gran libro titulado “Encuentro” de Fernando Broca) nos recuerda algo que solemos olvidar:
No basta con “hacer más”, “moverse más” o “agregar más colores” en la vida. La clave no está en la velocidad ni en acumular cosas… sino en poner el alma, en estar aquí, en mirar con brillo y caminar con sentido.
El movimiento sin presencia es solo agitación. La presencia convierte la vida en vida. Y eso, según los dioses, es el regalo más grande que tenemos. Y también el que más fácilmente dejamos en modo avión.
Una gran guía para emprender el chamanismo desde su perspectiva más amigable y práctica, una visión muy noble para ahondar en una Gran Aventura espiritual.