En Safari accidental Juan Villoro reúne crónicas que lo confirman como uno de los mayores exponentes del género que él mismo denomina el ornitorrinco de la prosa. Villoro visita a su Satánica Majestad Mick Lagger, viaja con Salman Rushdie a Tequila, sigue a la caravana zapatista en su ruta a la Ciudad de México, recupera la historia de amor de Fitzgerald y su esposa Zelda, dialoga con Bono, Peter Gabriel, Yoko Ono y Martin Amis. Las situaciones y los personajes célebres alternan con textos más personales: el autor recuerda a su padre durante el movimiento estudiantil del 68, descubre los recónditos placeres de la computadora Apple, evoca las enseñanzas de su maestro Augusto Monterroso y emprende una arriesgada fenomenología del chile. La crónica es una cacería frecuentemente determinada por el azar. El expedicionario que sale en pos de un león se topa con el inesperado ornitorrinco. En su versátil recorrido, Villoro retrata a un grupo que no siempre cabe en la misma foto: cien millones de mexicanos, y traza la geografía humana de algunas emblemáticas regiones de nuestro tiempo: el Berlín anterior y posterior al Muro, La Habana de todas las luces, Tijuana, la frontera más cruzada del mundo, y el parque temático por antonomasia, el reino gobernado por un ratón de fieltro, la plástica utopía de Disney World. De acuerdo con Juan Villoro los cronistas memorables son como los grandes del jazz: improvisan la eternidad. Safari accidental es un excepcional viaje en pos de esas eternidades.
Juan Villoro is Mexico's preeminent novelist. Born in Mexico City in 1956, he is the author of half a dozen prize-winning novels and is also a journalist. In 2004, he received the Herralde Prize for his novel El testigo (The Witness).
Juan Villoro es un muy buen narrador y un excelente ensayista; no obstante, el género en el que despunta casi en solitario es en la crónica: su pluma es tan versátil como honda es su capacidad de análisis y de discernimiento. Es por todos ya conocida la sentencia de Reyes al denominar al ensayo como “el centauro de los géneros”; y para Villoro, otro ente, no mítico sino muy real (por más fantástica que sea su apariencia), englobaría el ser de la crónica: el ornitorrinco. Este peculiar espécimen emularía la intersección entre la ficción y el reportaje, materias primas de este género periodístico. Así, de la novela “extrae la condición subjetiva, la capacidad de narrar desde el mundo de los personajes”, y del cuento “el sentido dramático en espacio corto”; del reportaje, “los datos inmodificables”. “Safari accidental” es una antología de crónicas que Villoro divulgó a lo largo de más de veinte años, en publicaciones como “Proceso”, “El País Semanal”, “Gatopardo”, “Letras Libres”, “Nexos”, “La Jornada”, “unomásuno”, por mencionar algunos. Y los temas van de las glorias de la farándula musical, como los Rolling Stones, U2 y Peter Gabriel, hasta escritores lejos de su obra, como Salman Rushdie, Martin Amis y Augusto Monterroso (su crónica sobre la participación en el taller de este último es uno de los textos favoritos de quien esto escribe), pasando por temas que bordan lo naif y lo banal, como el concurso de Miss Universo o la compañía Apple, y reflexiones sobre ciudades como Berlín, La Habana y Tijuana.
La crónica no es lo mío, en algunos relatos lograba adentrarme en la historia pero en otros no me interesaba en lo más mínimo. Lo disfruté a ratos pero no fue una buena experiencia en general, dependió mucho que unos personajes ni los conocía pero me dio datos interesantes de la historia de México.
La crónica me parece un género difícil, ayuda que conozcas el tema de la misma, me ayudó cuando lo desconocía, averiguar un poco, me deja con ganas de leer a Scott Fitzgerald, de ir a Tequila, a ver el chile desde otra perspectiva. El libro salvaje sigue siendo mi favorito de Villoro.
Ojalá un día pueda escribir así de natural, con letras claras para revelar realidades complicadas. Jamás he escrito crónica (creo yo) pero hay mucho que aprender de ella para quien quiere fijar algo tan complejo como la vida en algo tan plano como una página.
Aún cuando el libro es bueno, no es el mejor de Villoro. Las narraciones son muy interesantes pero siento que no tienen la chispa que he encontrado en otros de sus textos
La presentación es terrible, con la portada hecha por el más joven de los hijos del editor, un error en la descripción del mismo, y todo eso se va al demonio, Villoro siempre ha sido muy ameno, y este libro no es la excepción, se da el lujo de contarte su periodo de alumno de Augusto MonterrosoAugusto Monterroso y algunas entrevistas, para las que ni mi deficiente formación musical, literaria , y la edad hacen que pueda interesarme tanto, también su paso por el Berlín de antes de la caida del muro, y elucubra sobre el zapatismo
Lo disfruté mucho, es más, se lo voy a dar al suegro a ver si consigo quitarle la mala impresión del día que vimos The handmaiden"
Las crónicas de Juan Villoro, muchas, obedecen a una fórmula que ayuda a que la lectura sea agradable, sí, pero después de un rato la fórmula aburre y pone en evidencia el truco del escritor para mostrar como ensayos textos en los que se atreve poco o nada a sentar una posición real.