Vuelvo después de años a este libro, pero en realidad nunca he dejado de leerlo. No hay libro de poesía chilena que me atraviese más que este libro, que me conmueva más, o con el que esté más de acuerdo. La plena conciencia de Lihn de la importancia y la simultánea inutilidad de la poesía es tan profunda y tan certera que no puedo creer que después de él haya habido poetas intentando desandar lo andado. Cada palabra, cada silencio, y por supuesto cada verso de este libro tiene un ritmo que se pega en seguida y uno acaba, sin querer, pensando en el ritmo de Lihn. Nunca quitaré este libro de mi velador, porque espero releerlo toda la vida.