Con apenas 100 páginas, este libro logra mantener el interés durante su primera mitad, pero luego da un bajón importante y acaba resultando soporífero.
Aunque la sinopsis no despertaba un excesivo interés en mí, me pilló en un momento en el que estaba aburrida y en el que casi cualquier cosa me resultaba interesante, así que le eché un vistazo a las primeras páginas y, sorprendentemente, al inicio me vi absorbida por la historia.
Tenemos como protagonistas principales a Clemens y a Hannes, dos presidiarios de la prisión de Isenbüttel que comparten celda y que son más o menos amigos. Digo “más o menos” porque no se llevan ni bien ni mal, Clemens es introvertido y Hannes parece tener facilidad para encabezar cualquier plan y es un sabelotodo. Sin embargo, un representación teatral y una fuga inesperada de la cárcel les harán recordar qué amaban de la libertad.
Me encantó la presentación de los protagonistas y ver cómo se escapan junto con otros personajes de la prisión. Creo que esas páginas tenían una buena mezcla de humor y surrealismo, así que para mí era inevitable leer sin parar para descubrir qué iba a ocurrir. Además, los personajes se ven obligados a fingir que son otras personas para que no los atrapen y es muy gracioso cómo se convierten en el centro de atención de un pequeño pueblo. Yo me imaginaba que todo el libro iba a ser sobre esa farsa, pero después de la mitad ya se va perdiendo la chispa de la narración y se da un giro en los acontecimientos que se cuenta como si no fuera importante y como si no tuviera un impacto real en los personajes. Es de esas veces en las que me da la impresión de que el autor se ha cansado de su propia historia y ya solo busca rellenar páginas.
A partir de ese instante, no le vi sentido al libro. Leía con pura indiferencia y solo deseaba saber si el desenlace iba a tener alguna sorpresa. En esa segunda mitad, los protagonistas parecían estar pasando el rato y un instante supuestamente trágico se contó como si fuera una simple anécdota que ni merecía ser destacada. A esto hay que sumarle que, más allá de lo dicho al principio, no llegamos a saber mucho más sobre la vida que tenían los protagonistas antes de entrar a prisión, sus anhelos, los miedos que intentaban disimular... nada. Hay que pasarse el rato intuyendo y conformarse con esas suposiciones.
El final no sé qué pretendía transmitirme, no lo vi como un verdadero cierre y me daba la sensación de que pretendía dejar alguna enseñanza, pero no tengo claro cuál.
La puntuación real sería un 2,5/5, pero no redondearé al alza porque, a pesar del buen inicio que tuvo, acabé sin verle un propósito a la novela y la terminé solo por lo breve que era.