En un librito de ensayos sobre arte de Pasolini publicado recientemente por Altamarea leo uno dedicado a Longhi, que fue su profesor en Bolonia y del que elogia sus ensayos sobre arte. En el prólogo a la edición del libro sobre Caravaggio de Longhi, Artur Ramon establece algunos paralelismos entre ambos artistas, y no sólo biográficos (la homosexualidad, la muerte de ambos en playas cercanas a Roma).
También Caravaggio era un innovador y, a su manera, un rebelde y un polemista. No sólo revolucionó los asuntos tratados en sus cuadros (no le importó emplear a prostitutas o mendigos como modelos, ni mostrar desnudo al Jesús niño o enferma a María), también investigó nuevas técnicas de vanguardia que buscaban asemejar la pintura a la mirada del ojo, o sea, a lo que luego sería la fotografía.
En su primera época utiliza espejos en los que trocear la realidad, “dado que la retina, por sí sola, tiene un campo visual siempre desenfocado y distraído”. Crea por tanto marcos en los que atrapar la luz en una “realidad-acuario ”.
No muchos años después de su muerte, uno de sus biógrafos describe su taller como una habitación con “una luz uniforme que llega desde lo alto sin reflejos, como se produciría en una estancia con las paredes pintadas de negro, que tendría así los claros y las sombras muy claras y muy oscuras (…) para dar relieve a la pintura”.
De ahí a la cámara oscura y el cine sólo hay unos cuantos pasos.