«Recógete una hora siquiera y medita en la tristeza de los destinos humanos»
«No tengo nada que predicar a los hombres».
Esto tan simplón y contradictorio está en la misma página. Dirán que es pirroniano, escéptico de su propio proceder y rival de su dogmatismo.
Entre muchas reflexiones simples y perogrulladas con estilo declamatorio, hay apartes muy agudos sobre la meditación, el autoconocimiento, el escepticismo y la psicología del juego.