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Comentarios de la Guerra de las Galias

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Posiblemente, a lo largo de la historia de la humanidad, no se encuentre otra figura que haya atraído tanto la atención de los historiadores como Cayo Julio César (100-44 a. C.). Su extraordinaria y fascinante personalidad como hombre y su envergadura y genio como militar y político lo justifican plenamente. César luchó por imponer el dominio universal de Roma con un mando único, fuerte e indiscutible, y marcó una línea irreversible hacia una estructura política de signo monárquico, pero con unas instituciones de corte democrático. Su asesinato en los idus de marzo le impidió consumar o más bien, consolidar su objetivo, pero le dejó el camino prácticamente andado a su heredero Cayo Augusto. Prueba evidente del reconocimiento y admiración que despertó entre sus contemporáneos fue que todos sus sucesores en el mando supremo de Roma ostentaron el título de «César».

352 pages, Paperback

Published May 23, 2023

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Julio César

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Profile Image for Jorge Morcillo.
Author 5 books73 followers
October 6, 2024
Confluyendo los distintos calendarios:
Mediados de octubre del año 52 a. e. c. Todo ha terminado en el sitio de Alesia. El último intento por romper el cerco ha fracasado. Los muertos aún no han terminado de recogerse y el paisaje es digno de una pesadilla: miles de hombres exterminados entre una muralla y otra muralla. Al fondo la fortaleza de una ciudad sobre una colina, en apariencia inexpugnable. Los arvernos y sus aliados están debatiendo qué hacer. Ya no pueden resistir más. Vercingétorix propone suicidarse o entregarse.  

Ahí se ha librado una de las batallas más complejas de la historia. Parecía un plan perfecto. Arrastrar a César a una contienda en dos frentes. Limitar la hegemonía de las legiones con una superioridad numérica aplastante. En Alesia podrían resistir mientras otro ejército pillaba por detrás al romano, pero no contaban con el ingenio y la determinación de las tropas de Cayo Julio César. Cualquier otro hubiese perecido, pero a él se le ocurrió crear una serie de fortificaciones que les protegiesen del ejército de socorro galo que se aproximaba, y a la vez cercasen a las tropas del caudillo alverno para que estas no pudiesen abastecerse. En apenas unas semanas los soldados romanos construyeron un montón de trincheras y diques de agua. Empalizadas, almenas, estacas, terraplenes, con alturas entre veinte y veinticinco metros, toda una obra de ingeniería creada por un ejército diezmado y con hambre. En realidad, un prodigio. Toda la madera de los bosques cercanos sirvió para tales menesteres.

En el otro lado el hambre era desesperante. Debido a esas obras de ingeniería romana no podían abastecerse de grano y las provisiones mermaban día a día. Todo el que no pudiese empuñar un arma debía de abandonar la ciudad. Marchar al encuentro del general romano y entregarse. No quedaba otra. César rechazó esa rendición. Desesperados volvieron hacia Alesia pero tampoco los suyos les permitieron entrar. Se quedaron a medio camino, en tierra de nadie, entre un ejército y otro. Perecieron de hambre allí en medio de los dos ejércitos, entre gritos de sufrimiento que no podían ser atendidos. Ninguno de los dos bandos tenía grano para alimentarlos, pero todos eran conscientes de lo que estaba sucediendo. Era una batalla terrible, de puro desgaste. La suerte de la guerra de las Galias se estaba decidiendo.

Pero todo había empezado unos años antes, en el 58 a. e. c. Con el pretexto de ayudar a los eduos contra la invasión helvecia César entró en la Galia. Para ser exactos digamos que saltó desde la Galia Cisalpina, que era una provincia (lo que hoy sería el valle del Po) que dominaban los romanos. Podemos especular cuál era su verdadero interés, pero esencialmente creo que sería dos: emular las hazañas bélicas de Alejandro Magno, a quien César admiraba profundamente; y la segunda y menos poética era pagar o reparar sus inmensas deudas a sus acreedores. Ya en el pasado había incluso cometido sobornos para que le diesen un mando militar, el de Hispania Ulterior nació de esta guisa. Cuando pasó eso de Hispania César rondaba los 40 años, una edad inusual para tener un primer mando al frente de un ejército.

La fortuna de Craso le ayudó y le avaló contra la actuación de sus acreedores. Craso era el hombre que había vencido la rebelión de los esclavos encabezada por Espartaco y aunque había perdido prestigio político su fortuna no era escasa. Cuando invadió la Galia el triunvirato entre Craso, Pompeyo y César intentó poner orden en una República muy convulsa. Los dos hombres que después sería enemigos se admiraban y tenían entre ellos muy buena relación. De hecho, Pompeyo se casó con Julia, la hija de César. Lo curioso es que parte del Senado apoyaba a César y parte consideró que se extralimitó en sus incursiones por la Galia y por Germania. Consideraban esa guerra de César una guerra ilegal. Roma era un hervidero de conflictos. La República estaba herida de muerte, pero aún quedaba mucha sangre por derramarse.

Ahora pongámonos en el lado de los Helvecios, pueblo de origen celta, marchando por el territorio de lo que hoy en día sería el Jura suizo, una zona de Europa con una naturaleza exuberante. La parte francesa del Jura es igual de sobrecogedora y tiene una morfología muy áspera. Es un territorio que he frecuentado mucho: la parte francesa del Jura en Mirelle y Escribir o escarbar, ambas incluidas en el volumen de relatos El emperador de los helados, Niña Loba, 2021; la parte actualmente suiza en la novela Estar aquí, Niña Loba, 2023. Hace miles de años tenía que ser increíble. De hecho, lo sigue siendo en parte, con un carácter de sus gentes muy peculiar. Hay vinos por esa zona en las que parece que el sol ha quedado atrapado.

Los helvecios lo habían quemado todo: sus campos, sus casas, sus enseres... Así se viaja más rápido, sin nada que te lastre ni esperanza alguna por regresar. Llevaban el grano justo. Por esas tierras hay que viajar deprisa. Pronto llega el invierno y mejor que dispongas de un buen fuego para calentarte. Del otro lado los belicosos germanos les forzaban a escapar. Debían marchar al oeste; intentar parlamentar y negociar con otros pueblos, con algunos de estos ya tenían lazos comerciales y matrimonios cruzados; los pueblos en la antigüedad no vivían aislados, tenemos una visión muy equivocada; la humanidad siempre ha estado conectada; incluso muchas veces los dioses de uno y otro pueblo eran apreciados y venerados en otras tierras; en todo caso a los helvecios solo le quedaban dos opciones: cruzar por las buenas o someter a quienes les impidiesen avanzar. Era una cuestión de supervivencia. Hay historiadores que hablan de cientos de miles de helvecios en movimiento, mujeres, niños, ancianos... Un pueblo nómada luchando por sobrevivir. 

César reclutó legiones a toda prisa en la Galia Cisalpina. A lo largo de su mandato como Procónsul se saltó con frecuencia las normas. Si no lo hubiese hecho así habría sido aniquilado y la derrota es algo que se perdonaba peor que el estricto cumplimiento de las leyes. ¿Qué llevaba a las personas a meterse en las legiones romanas o a sus fuerzas auxiliares? Pues lo mismo que a los Helvecios: la supervivencia. Debías pertenecer en esas fuerzas durante décadas (creo recordar que alrededor de treinta años) para que tus descendientes tuviesen plenos derechos a la ciudadanía romana. Si tenías la suerte de sobrevivir y convertirte en un veterano podías optar a tierras en tus últimos años de vida. Quizá ascender en el escalafón militar. Los ejércitos romanos no solo dependían de las legiones, sino de tropas que en muchos casos procedían de sus aliados. La Galia no era una entidad uniforme: lo mismo que había pueblos que apoyaban a los romanos existían otros que estaban dispuestos a luchar hasta las últimas consecuencias por su libertad. Y luego estaba el botín que un líder victorioso y generoso como César le prometía a sus soldados. El negocio de la esclavitud era muy lucrativo. Durante toda la guerra de la Galia son numerosos los pasajes en los que César alecciona a sus tropas prometiéndoles grandes dividendos. A su vez esto le servía para exigirles grandes sacrificios. Lo cierto, es que en muchas ocasiones lo que prometía lo cumplía y sus partidarios (y él mismo) lucharon en el Senado para que sus veteranos tuvieses un trato justo. En cierta medida tenía una personalidad arrolladora y escribió numerosas obras literarias. La mayoría de ellas, como un tratado sobre los augures, se han perdido. Durante los duros y fríos inviernos en la Galia escribía sus Comentarios. Estos se “publicaban” al poco en Roma y eso ayudaba a conocer lo que estaba ocurriendo al otro lado. Literariamente son muy interesantes puesto que César evita laurearse y escribe sobre sí mismo en tercera persona. Ofrece una visión de la guerra y de los acontecimientos muy cercana a la realidad. Era un tipo listo y muy despierto y mucho más culto de lo que se cree. Sobre sus numerosos romances creo que ya hablé lo suficiente durante el apartado que dediqué a Cleopatra y Marco Antonio. Por cierto, un jovencísimo Marco Antonio participó en esta campaña de la Galia. Creo que tenía alrededor de veintitantos años por entonces y como todo buen romano estaba endeudado hasta las cejas. Las campañas..., los botines..., las minas..., las cosechas, los esclavos... y por extensión las guerras servían para paliar esas deudas. Hay que tener en cuenta que la competencia en Roma por ocupar puestos de relevancia era feroz. Pero no creáis que esto es cosa exclusiva de nuestros días o de los antiguos romanos. Algo tan lejano y tan tribal como la vida de los comanches era igual de estresante. Si los muchachos querían progresar en la vida tenían que acumular asaltos y “hazañas de guerra”. Hasta para casarte tenías que ser “alguien”. De ahí que la mayoría de partidas comanches estuviesen formadas por multitud de fieros y jóvenes solteros que anhelaban regresar con alimentos, armas, prisioneros y muchos caballos. Sobre todo caballos, que era el eje de la economía comanche junto a la carne de bisonte. También existían partidas de jóvenes rebeldes que decidían escaparse de “la férrea disciplina social” y hacer vida libre y amorosa por su cuenta. Si eran atrapados eran castigados con mucha crueldad. En fin, que en todas partes se cuecen habas. Pero no nos desviemos del tema: volvamos a los galos y a los romanos.

La velocidad y la determinación con la que actuó César en muchas ocasiones fue clave para la victoria. Tanto con los helvecios como con los germanos esto fue determinante. Casi siempre estuvo en inferioridad. Es cierto que un ejército profesional como el romano era mucho más efectivo que miles de enloquecidos barbudos embistiendo sin mucho orden táctico, pero los galos tampoco eran mancos y en más de una ocasión, tanto en el pasado como en esta guerra, se lo hicieron pagar muy caro a los romanos.

Pongámonos en el pellejo de los helvecios: te has quedado sin nada atrás. Tus tierras ancestrales ya no te pueden alimentar. Te espera la muerte o un futuro labrado a base de sudor y entrega. Y de pronto aparece ese maldito y engreído romano con sus legiones marchando y venciéndote una y otra vez. Cualquier escaramuza se convierte en una derrota sin paliativos. Parece estar en todos lados. Hoy ves a sus tropas en el recodo de un río y al día siguiente lo que a tu pueblo le ha costado hasta una semana cruzar los romanos lo hacen en un día; y ya no hablar sobre el puente sobre el río Rin que aterrorizó a los belicosos germanos. Otra obra de ingeniería digna de estudio. 

El ingenio y la velocidad de César y los suyos es clave. Y tremenda su tecnología y su capacidad e improvisación para la logística. Un ejército sin vituallas no es nada. Esto sigue siendo igual, tanto en la guerra de las Galias como en Ucrania o en el Líbano. Cuando un periodista habla de una división o de una brigada (pongamos por caso) se olvida de mencionar lo que lo abastece de comida, combustible y munición, que es enorme. Todo lo que queda tras una guerra es destrucción y miseria y todas las guerras tienen repercusiones insospechadas e inesperadas. Esto lleva ocurriendo desde los tiempos de Tucídides.

En la época de César, Ariovisto, Vercingétorix y demás caudillos, el combustible es el forraje, el grano. Sin grano estás muerto. Miles de caballos perecerán y los soldados no resistirán ese tipo de batallas de fuerza bruta en la que se pasan tantas horas y horas de combate. No pensemos que luchan todo el tiempo. Atacan, retroceden, descansan, vuelven a atacar. Igual una batalla comienza al amanecer y decae con los últimos rayos del sol. Era muy exigente y agotador desde el punto de vista físico.

Por ejemplo, lo que en realidad llevó a Aníbal a no emprender el asalto de Roma fue la imposibilidad de abastecer a sus tropas. Puesto que asaltar las fuertes y altas murallas de una ciudad tan enorme no iba a ser nada sencillo y llevaría mucho tiempo y mucho esfuerzo crear todos los artilugios necesarios. No tenía suficientes efectivos para esa contienda. Aunque tal vez si hubiese contado con un Arquímedes entre sus tropas púnicas y mercenarias quizá lo hubiese intentado. No es que no supiese ganar (como la propaganda romana ha querido con sus historiadores meternos en la cabeza a través de una supuesta declaración de Maharbal) es que no tenía capacidad logística para hacerlo. Se equivocó al pensar que tras la serie de derrotas que había infringido a los romanos estos claudicarían y solicitarían la paz. 

Dicen que Vercingétorix salió de Alesia en un caballo blanco, que desde la lejanía las victoriosas tropas romanas podían observar lo fornido y alto que era. Eso ha quedado inmortalizado en el famoso cuadro. Ese hombre galo y enigmático no estaba exento de genio y determinación. Los dos años anteriores a la rebelión alverna una dura sequía había asolado toda la Galia. A la devastación y el éxodo provocado por los romanos se había sumado esa sequía. El hambre lleva a la desesperación y este a la rebelión y a la guerra. Vercingétorix supo encauzar toda esa rabia acumulada. Más que hablar de alvernos deberíamos ser más correctos y calificarlos de una confederación gala encabezada por los arvernos. Eso quizá sería más exacto. Lo que había comenzado como una rebelión vengativa de los más pobres se había convertido en la peor amenaza para los romanos. Los arvernos y sus aliados fueron los que en realidad pusieron a las legiones de César contra las cuerdas, los que tuvieron en su mano la victoria. Vercingétorix fue el nudo gordiano de todos ellos. En Alesia los galos podían haber vencido. Y en el día anterior a esta rendición, a ese último y desesperado intento de romper el cerco, estuvieron a punto de lograr arrollar a las legiones romanas. Falto poquísimo para derrotarles. César marchó de un punto a otro de la batalla animando a los suyos en esa carnicería en la que perecieron tantas personas. Miles y miles. Los historiadores no se ponen de acuerdo en el número. En todo caso y por ambos bandos fueron muchísimos. Tuvo que ser espeluznante. El olor de los cuerpos putrefactos y los caballos agonizando es algo de lo que no se suele hablar, pero todas las memorias de los soldados de todos los tiempos coinciden en lo terrible que resulta escucharlos. 

Vercingétorix se rindió. Aún quedó un año o dos de resistencia de algunas tribus galas, pero después de Alesia estos esfuerzos no tenían ninguna posibilidad de salir victoriosos. Al líder galo lo mantuvieron con vida durante unos años para exhibirlo en los festejos del triunfo. Después lo estrangularon. Se cuenta que intentó ofrecer su vida por la no esclavitud de su pueblo. César perdonó a mucha gente a lo largo de su vida, pero con uno de sus principales oponentes no tuvo ninguna magnanimidad. Pero por lo que extraigo de todo lo que he leído sobre el caudillo galo creo que en el caso contrario tampoco lo hubiese tratado “con mucha delicadeza”. Está más que demostrado que los galos cortaban las cabezas a sus enemigos y luego, tras embalsamarlas, las colgaban como trofeos.

La sartén humana arde por todas partes.

En la Galia esa “famosa clemencia de César” no se prodigó demasiado. Incendió ciudades sin ton ni son; asoló todas las cosechas enemigas que pudo y vendió como esclavos a miles y miles de personas (algunos estudios calculan que a un millón de personas; el mismo Plutarco ofrece unas cifras parecidas) y en su incursión en Britania exterminó a pueblos enteros como los usipetes y tencteros. Los ancianos y los niños de estos pueblos corrieron la misma suerte. No hubo distinción alguna. Todos fueron asesinados.

Creo que Cleopatra estuvo presente en esos festejos que se celebraron en Roma. Por entonces César y ella eran amantes. César llegó a Egipto persiguiendo a un derrotado Pompeyo y allí se enamoró. Oficialmente era la reina de Egipto en visita oficial. Siempre hay que guardar las formas. O a las apariencias, aunque hasta el tendero más pobre de Roma sepa algo de tus tórridos romances. Además, no era una reina cualquiera: era la soberana de un territorio de cultura antiquísima gobernada por una dinastía griega, la Ptolemaica, y que poseía en abundancia algo muy necesario para los romanos: grano. Intelectualmente era una persona con la que César podía conversar de igual a igual. Claro que existía una atracción forzada por intereses políticos, pero la mente de ambos era muy despierta y parece que, en este caso, y pese a la diferencia de edad, si existió “un flechazo de película”. Pese a lo que hoy en día se cree sobre Cleopatra su principal arma de seducción no procedía de su belleza, sino de su conversación y su inteligencia. No era físicamente tan agraciada, aunque es verdad que los cánones de belleza de esos tiempos no eran los mismos. En todo caso César tampoco era un adonis para ningún canon (ni de antes ni de ahora), lo cual no le impidió una vida amorosa muy agitada.
 
Muchos siglos después un muchachito rebelde de Charleville, un tal Arthur Rimbaud, escribió:
"De mis antepasados galos tengo los ojos azul pálido, el cerebro pobre y la torpeza en la lucha. Me parece que mi vestimenta es tan bárbara como la de ellos. Pero yo no me unto de grasa la cabellera".

De seguro que Napoleón III le caía mucho peor que Vercingétorix.
Profile Image for Pedro Galvez.
72 reviews5 followers
May 6, 2025
Es fascinante poder leer los sucesos de la Guerra de las Galias, ocurridos hace más de 2000 años, descritos por su protagonista.
Profile Image for Santiago Pérez.
24 reviews1 follower
August 23, 2023
Excelente libro; sumado a eso la edición es buena y explica muchos detalles de la tradición militar romana. Tiene un lenguaje fácil de entender y no aburre.
Profile Image for Erik Morán.
77 reviews1 follower
May 16, 2025
La narración de uno de los acontecimientos históricos que cambio la historia de la humanidad llega a nuestros tiempos de la mano de su protagonista principal, lo que resulta un auténtico regalo. Encima Julio César resulta ser un brillante escritor que te regala descripciones dignas de una poesía a la vez que aprecia la cultura de sus enemigos o enumera hazañas de sus hombres en pasajes que bien podrían hacer sombra a Legolas y Gimli en el señor de los anillos.

Absolutamente imprescindible.
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