Hace meses encontré este libro en una biblioteca pública. Al verlo, mi primer impulso fue desviar la mirada y seguir buscando; no por prejuicio hacia el autor —a quien no conocía—, sino porque los libros de autoayuda o no ficción no suelen captar mi interés. A veces los leo de forma muy esporádica, pero por puro gusto personal prefiero otros géneros.
Sin embargo, como el título me pareció tierno, pensé: "¿Por qué no? Si no me gusta, lo devuelvo y ya está". No sabía que, en ese instante, me estaba llevando a casa un libro que jamás podré soltar y que se convertiría en un pilar fundamental para afrontar mejor, entre muchas otras cosas, el fallecimiento de mi hermano.
Por eso se me hace absurdo marcar esta lectura como "finalizada". Sé que es una obra que me acompañará el resto de mi vida. Y que seguiré releyendo las páginas marcadas (y las que no también), buscando en ellas un nuevo significado, un aprendizaje que antes no pude notar y que, por distintas circunstancias, mi mente y mi corazón estén listos para captar en otro momento.
En fin, si pudiera, le daría apapachos infinitos a Álex Rovira por haber hecho más amena una época de mi vida en la que me siento perdida, un momento donde incluso mi hobby favorito que es leer, me esta costando muchísimo. Gracias por lograr que, en los días de mayor agotamiento emocional, al abrir este libro no sintiera que solo intento sobrevivir, sino que me recordara lo que es estar viva.
Uy, creo que me puse muy emocional JAJAJAJ