Esta obra es un texto estructurado en cinco secuencias. Un prólogo y un epílogo que se encuentra dentro de la fórmula dramática de teatro histórico en el que la realidad pasada es el telón de fondo de una reflexión y de una recuperación. El autor lo hace explícito desde la acotación inicial con la que marca el espacio y el tiempo elegidos para desarrollar su fábula: "En España, a finales de los años setenta"
Es uno de los dramaturgos españoles contemporáneos más representados de la generación denominada, no sin cierta polémica, Generación Bradomín. Su dramaturgia, profunda, comprometida y metódica,ha traspasado las barreras nacionales para ser traducido y representado en los principales teatros europeos. Es colaborador asiduo de compañías como Animalario y ha trabajado como adaptador y dramaturgo para el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Está casado y tiene tres hijos.
de estas obras que lees y luego quieres pasarte dos días obsesionada leyendo todo artículo que se haya escrito sobre ella. así que me ha gustado. el prólogo de catedra muy bien (porque es todo benjamin, así que eso siempre fenomenal), pero no coincido con la interpretación de la figura de garay. ganas de leer más mayorga y sobre todo sobre todo más teatro, que lo tengo apartadito desde siempre, dios sabe por qué, y no puede ser.
Mayorga: “El llamado teatro histórico siempre dice más acerca de la época que lo produce que acerca de la época que representa (…) El teatro histórico es siempre un teatro político. Abriendo la escena a un pasado y no a otro, observándolo desde una perspectiva y no desde otra, el teatro interviene en la actualidad (…) El teatro puede hacer visible una herida del pasado que la actualidad no haya sabido cerrar. Puede hacer resonar las voces de los vencidos, que han quedado al margen de toda tradición. En lugar de traer a escena un pasado que conforte al presente, que lo confirme en sus tópicos, puede invocar un pasado que le haga incómodas preguntas. Teatro crítico”
“BENET. Y Garay les entregó sus doce rojos. GARAY. Hay que ayudar a caer a lo que va a caer. Es necesario que alguien venza en la guerra. Porque si nadie vence, la guerra no acaba jamás. Aquellos soldados habían ganado una guerra. Querían doce hombres y los tuvieron. Hicieron doce muertos y se marcharon. Y se olvidaron de nosotros, el mundo dejó en paz a San Miguel.”
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