Esta novela de Pio Baroja me ha dejado un sabor agridulce muy particular. En lo personal, creo que es una obra intermedia, en cuanto a su calidad como narración literaria (estilo y estructura), la originalidad de la historia y, la propuesta general de la novela en sí (en cuanto a lo que quiere contar), la cual se nos presenta con el subtitulo de trilogía de las ciudades, siendo este libro la supuesta segunda parte de la misma. Ahora bien, antes de seguir quisiera dejar claro dos puntos que considero de relevancia, ya que hasta cierto punto afectan mis apreciaciones en relación al libro reseñado. Primero, reconozco que no he leído el primer libro de esta trilogía, por ende, no sé hasta que punto sea esto un desacierto para entender la trama; y, segundo, muy relacionado al anterior, tengo la costumbre de abordar cada libro como una unidad autónoma, lo que significa que más allá de que un libro pertenezca o no a una trilogía, siempre lo abordo como una historia independiente de las otras (con un principio y un final).
La trama se situa en distintas ciudades (de Rusia, Suiza, Italia y, España); las cuales, Baroja describe (unas más que otras, principalmente Ginebra y Florencia), al tiempo de que nos informa de ciertas características culturales de cada una de estas sociedades, utilizando como escusa, la manera en que ve estas realidades antropológicas y sociológicas una extranjera (Sacha: la heroina de la historia)... hasta aquí, todo bien. El problema que tengo con esta novela, radica en que pareciera que Baroja no tiene claridad hacia dónde quiere ir con su novela y, de momentos pareciera que la protagonista es una suerte de cometa que es movida por los vientos sin que ella tuviera total consciencia o dominio de su entorno o, destino. Quizás, algunos dirán que es ese mismo el punto de la novela, ya que el título tiene mucho que ver con esa noción pesimista sobre la existencia... en lo personal, no lo veo así, creo más bien que Baroja no supo que hacer con su personaje más allá de dotarlo de algunos estereotipos femeninos de la época (lo cual está bien supongo), lo que se nota por el hecho de que a Sasha le pasan las cosas, es un receptor de situaciones y no un personaje que genera o propone el hacer (producir algo)... así, Sasha parece divagar y contemplar su mundo y su situación inmediata (no como mujer o profesional o intelectual, sino como esposa fracasada), lo que me deja con la impresión de que estoy ante un personaje unidimensional que, aunque realiza una crítica sobre los distntos contextos en que le toca vivir, ademas, de los caracteres nacionales (que suenan más a prejuicio y estereotipo de la época), no veo que se empodere más allá de sus respuestas emocionales, las cuales son de lo más típicas... por otra parte, Baroja nos presenta algunas ideas políticas interesantes, pero que parece que no pretendió más que bosquejarlas o dejarlas sugeridas en la narrativa, ya que no van a ninguna parte tampoco.
Otro aspecto problemático para mí, y ya lo he mencionado previamente, es que la novela no parece tenenr claridad hacia donde se dirige o que historia quiere contar. Es cierto que Sacha es la protagonista, y es su historia la que conocemos de manera parcial, pero en esta solo nos enteramos principalmente de los aspectos que ya mencioné (impresiones contextuales) y de sus problemas conyugales (que abundan)... hay un matiza existencialista en la trama, pero en ningún momento se siente que el mismo trascienda lo caricaturesco, lo cual, en mi opinión, afecta aún más a la novela.
Por último, en la parte que se sitúa en España, Baroja nos presenta a un nuevo personaje, el cual me supongo que utiliza como álter ego para exponer sus ideas sobre la españa decadente de su tiempo. En lo personal no me atrevo a valorar la eficacia de este personaje en sí, pero me ha parecido más una adhesión innecesaria de última hora por parte del escritor. No es que este último afecte o no a la historia, sino que es irrelevante... al final no suma ni resta; y, en cuanto a sus teorías sobre los españoles en general, pienso que sus conclusiones más allá de ser ocurrencias cómicas, Baroja las pudo hacer puesto en la boca de Sasha... digo, por lo menos para tener algún aliciente para rescatar a la protagonista.
Aunque reconozco que está bien escrita y, de momentos genera interés (principalmente en la parte que se desarrolla en Ginebra y, en menor medida, en Florencia), la novela no me termina de gustar... quizás en una segunda lectura. Quién sabe. Por el momento, creo que es una lectura solo para incondicionales de Baroja.