Leí este libro en una tarde de otoño. Hacía frío y el mejor plan era sin dudas quedarse en casa y leer.
Victoria, Vicky, nos permite entrar por un rato a su mente y a su corazón, a través de su historia. Este libro surge de las reflexiones, los aprendizajes, que algunos sucesos despertaron dentro de ella en diferentes momentos de su vida.
Esa tarde leí el libro sola en mi habitación. Pero, la calidez y la cercanía, el equilibro entre lo cotidiano y lo literario, de las palabras de Vicky me hizo sentir como si las dos estuviéramos tomándonos unos mates y charlando sobre lo que nos da miedo, lo que nos apasiona, lo que no nos deja dormir pero también aquello que nos motiva a levantarnos por las mañanas.
La autora toma su propia relación con el mundo, con su mundo, para que junto a ella tratemos de entender por qué nos pasa lo que nos pasa, por qué sentimos lo que sentimos, por qué somos quienes somos.
La maternidad, las mascotas, la búsqueda de una casa nueva. La pandemia, la familia, los viajes. El aborto, el parto, la religión, los mandatos sociales. Cada tema es abordado con cuidado, pero desde la perspectiva de una mujer que no tiene miedo a hablar de las cosas por su nombre.
A veces la autorreferencialidad puede cansar, o hacer difícil que otras personas aparte del autor se identifiquen con una obra. En el caso de “La piba que quería ser escritora”, eso no sucede. Es un libro que te leés sin darte cuenta, que te va llevando a querer leer “otro relato más” hasta terminar.
Victoria logra contar lo que quiere transmitir mezclando eso tan suyo con elementos ficticios, los cuales son aclarados con notas al pie de la autora, o con las historias de otras personas. Gracias a esa vuelta de tuerca, cuando encontramos un relato que quizás no resuene tanto con nosotros, existe otro que seguro lo hace.
Hay un tema común en casi todos los escritos, que es la maternidad. Me encontré con la perspectiva de una persona real, con miedos, inseguridades y angustias, pero que también expresa esa felicidad inmensa, ese orgullo incontenible por ser mamá cuando una de verdad desea serlo. Leer sobre esto me hizo acercarme a la maternidad desde muchos aspectos, y creo que es una de las partes más valiosas de este libro.
Hay un balance entre los relatos cortos y al pie - como los que escribió para sus blogs-, y aquellos donde Victoria se permite volar un poco y sumergirse en descripciones más elaboradas y pulidas - sobre todo en sus relatos de viajes y de su infancia-. Me encantaría leer algún día más de estos últimos, siento que la autora tiene una gran capacidad para encarar más relatos o cuentos largos.
Honestamente, compré este libro porque el título resonó conmigo. Yo también soy una piba que quiere ser escritora. Y, la verdad, me hace bien al alma que Victoria haya publicado este libro con la idea de demostrarse a sí misma y a nosotros que sí, se puede ser escritora. ¡Gracias!
Marqué muchas frases en estas 110 páginas, pero aquí les dejo los textos que más me gustaron: “Mi perro me rompió el corazón”, “Lo de Raúl”, “La oftalmóloga”, “Siem Reap”, “Pensamientos de quirófano”, “Carta a mi memoria”, “El mate, siempre” y “6/2/2022”.