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191 pages, Paperback
First published January 1, 2010
«Vivía sin ver a nadie, pero no me sentía solo y jamás había estado tan tranquilo. En la cabeza me creció un silencio que no imaginaba posible. Un espacio blanco, sin límites.»
«Ser escritor, como ser soldado o samurái, implicaba una postura violenta frente a la realidad, una resistencia continua, sin pactos ni tregua. La rutina, los límites, la familia, las normas, la felicidad, todo eso tenía sentido para los demás, mientras que la vida del escritor servía para acercarse al abismo.»
«Lo primero que hice al llegar a París fue perderme. La gente le tiene miedo a eso, pero tan malo no es. Cuando uno está perdido todo lo demás está en su lugar.»
«La sometió a todo tipo de exámenes y quiso comunicarse con ella, pero Ana permanecía en silencio. Sabía que las palabras la ataban a la realidad. Más que la comida, más que el agua, más que el aire.»
«No es tan lejos como la gente cree. Las cosas nunca quedan tan lejos como la gente cree. Lo que pasa es que hemos perdido la escala, por la velocidad a la que nos movemos. Si caminas, en cambio, te das cuenta de lo cerca que están las cosas. ¡Apiladas unas sobre otras! Todo pasa al mismo tiempo y en el mismo espacio. Pero nos enseñan lo contrario. Nos dicen que de A se llega a B. Y luego de B se pasa a C. Cuando la verdad es ABC. Es cosa de revisar la propia biografía. ¿Cuándo te desenamoraste? ¿A qué edad perdiste la cabeza? ¿Qué día tocaste fondo?»
«Es una mierda, me dijo, y de la peor especie, la que cagaría un muerto. Le respondí que las poemas de Vasek eran lo mejor que había leído y que su literatura escondía algo importante. Te gustan porque erís pendejo, me dijo, un pendejo al que le gusta leer sobre la muerte y el abismo porque todavía no sabe lo que es la vida.»