Un periodista novato se juega su carrera rastreando las huellas de un grupo de militares chilenos, perdidos durante una misión suicida por el mar de hielo de la Antártica. Una joven mujer intenta escapar de su cuerpo, deformado por una extraña enfermedad de la piel. Un genio del jazz predice terremotos desde su lecho de muerte, acosado por la lucidez de los que caminan al borde de la locura.
Benjamin Labatut was born in Rotterdam, Netherlands. He spent his childhood in The Hague and Buenos Aires and when he was twelve years old he moved to Santiago de Chile, where he lives today.
La Antártica empieza aquí was his first book, being published in México, where it won Premio Caza de Letras 2009, delivered by Universidad Autónoma de México (UNAM) and Editorial Alfaguara.
His second book is titled Después de la luz, appeared in 2016, published by Editorial Hueders. After a deep personal crisis, Labatut wrote this book, conformed by scientific, historical and filosofical notes about the void.
His third book Un verdor terrible, was published in spanish by Editorial Anagrama and also several countries such Germany, Italy, France, Netherlands, United Kingdom and Portugal
2.8 Labatut compone una ópera prima recordable, de mucho matiz y nervio. No es un gran conjunto de cuentos (salvo el primero, homónimo del título, que es una joya redonda, los demás son regulares), pero en todo momento, incluso en los menos logrados, la prosa y la trama evidencian nítidamente la existencia de eso que llaman «una voz propia».
Son siete relatos organizados bajo el sutil contrapunto de una sospecha que irrumpe en la vida de sus personajes, y que se expande en ellos sin control a lo largo de los años, y una señales o datos que, aparentemente, para ellos y para los demás, no dejan jamás de escabullirse, ocultándose siempre en los pliegues de su entorno social.
Pero, y aquí está el mérito de Labatut, el lector tampoco sabe de qué señales o datos se trata exactamente. Y nunca lo llega a saber. Nunca se resuelve nada. Durante la lectura y hasta después de ella, la única alternativa posible para el lector de averiguar en qué quedó la trama o qué era con precisión lo que tanto angustiaba a su protagonista es solo la hipótesis. La suposición. La pura inferencia.
Al igual que los protagonistas de estos cuentos, el lector sospecha de la existencia de algo que está ahí, escondido, a punto de irrumpir y joderlo todo, pero no tiene la más mínima idea de lo que es.
En algunos cuentos puede ser el regreso repentino del pasado (quizá un trauma en «Paises Bajos», o un complot en «La atártica empieza aquí»), en otros puede ser la dificultad de sobrevivir al final del amor y la desorientación que de ello deviene (en forma de pérdida del oficio artístico en «Alfredo en cama», o de recuperación de una vieja manía en «Club de campo» o de reencuentro fugaz de despedida en «No me digas que no te acuerdas»), y en otros puede ser la toxicidad invisible pero real de los vínculos («La cura de Ana») o el descubrimiento del doble, de la coincidencia o del plagio involuntario («Deseo»).
Todos contienen un momento trágico, algo que modifica y trastorna la psicología de quien lo experimenta, en su pasado o en su presente, y que pese a los datos que riega el autor, nunca terminan de estar del todo expuestos, nunca se sabe qué realmente pasó, qué suma de elementos y factores lo produjeron, cuántos asuntos se juntaron hasta alterar las mentes de quienes lo experimentaron.
Aún así, y quizá aquí está el otro mérito, Labatut intenta construir una atmósfera lo suficientemente potente para transmitir la sensación de que algo tremendo pasó sin necesidad de desglosar una a una sus causas (desglose que solía hacer Bayly con exquisita elegancia en varias de sus novelas), y en general expresar, pienso, que no es necesario saber con exactitud los detalles de una historia para sentir las tragedias que la definen.
Tragedias como el paso del tiempo, el fin del amor, las ilusiones perdidas, el descubrimiento de la irrelevancia, la soledad. El crecimiento. La despedida. La enfermedad.
La dificultad de ser como se era.
Lástima que al final, no lo logra. Salvo el primer cuento, el resto muestra un estilo y un ritmo aún en construcción. En algunos, exagera con la información que ofrece y en otros pierde el ritmo, se atasca, se concentra demasiado en un detalle o abusa de los artificios técnicos. Donde pudo haber un texto claro y limpio, muchas veces hay experimentación efectista y enredo innecesario.
Me gustó, eso sí, la enorme cantidad de insights que usa para enlazar a los cuentos entre sí, como si propusiera una cartografía alternativa, en la que cada relato es una pieza de un relato mayor y desconocido al que hay que develar, más o menos en la línea del primer libro de Fresán, como dejando la sensación de un metatexto detrás, un metarelato al fondo, definido por las coordenadas del tránsito de una vida alegre y solitaria a una sexual y apasionada y al borde del éxtasis artístico, y de ahí la ruptura amorosa, el desequilibrio personal, la derrota, el silencio, la resignación, la paranoia y lo gris.
De esos insights, me quedo con dos: los dedos cortados y la ciudad de Valparaíso. Ambos se repiten tanto que se convierten en verdaderas señales obsesivas.
- En una apropiación personal:
•«No me digas que no te acuerdas» me recordó al cuento «Pelando a Rocío» de Fuguet. Ambos tienen el mismo tono de chismecito santiaguino.
•«Deseo» me recordó al cuento «Playas», de Carlos Calderón Fajardo incluido en la Colección Underwood. Ambos manejan ese clásico tema de dos escritores muy diferentes en muchas cosas y en muchas otras tan parecidos que se superponen.
Y por supuesto, de todos me quedo con el primero. «La antártica empieza aquí» tiene tanto por sacar que valdría escribir un libro entero para ello. Muy místico, muy siniestro, muy paranoico y muy simbólico. Como David Lynch en Twin Peaks, Labatut procura aproovechar sus recursos para aproximarse, aunque sea por un instante, a ese misterio inexpresable y horrendo que todos los días nos rodea sin saberlo.
- Léanlo con un buen vaso de Ballatines 🥃 y escuchando «Casper» de Russian Red. 🎶
Primeiro livro publicado por Benjamín Labatut, La Antártica empieza aquí parece já indicar temas que são caros ao autor: as situações-limites vividas por muitos seres humanos, e que chamamos de loucura, por vezes paranóia. De certa forma, são situações que por estarem praticamente do outro lado da razão, buscamos esquivar-nos delas; mas não pensá-las apenas cria preconceitos e dificuldades de entender o ser humano e a vida humana em sua integralidade.
É interesante perceber como Labatut vai amadurecendo o seu fazer literário. Aqui, ele nos entrega contos bem pensados e que se afirmam por si mesmos, mas quando acompanhamos a obra de um autor, podemos também perceber o seu desenvolvimento. É dizer também que Labatut aqui faz um ótimo exercício de sua escrita, e que vemos alcançar a maestria em seu Un verdor terrible (When we cease to understand the world; Quando deixamos de entender o mundo).
Seus contos também remetem-me às sensações vividas com as leituras realizadas de algumas obras do francês Michel Tournier e do cubano Virgilio Piñera, que por vezes beiram ao absurdo de forma a nos recordar quem somos, bem como os limites da razão.
Llegué a “La antártica empieza aquí” con el antecedente brillante de “Un verdor terrible” , este último más depurado y mejor logrado, el primero, más visceral e incandescente.
No sabía que se trataba de un libro de cuentos. El primero, que le da nombre al libro, es un ejemplo magistral de cómo escribir, por supuesto, un cuento. Tiene todos los componentes que uno desearía incluir o amalgamar en un ejercicio literario, pero Labatut lo logra con sobrada genialidad. De pronto la alta carga visceral que lo acompaña llevará a algunos a juzgarlo mal, pero lo cierto es que es un cuento bueno, como pocos.
El cuento, como ya muchos expertos han dicho, es la prueba por excelencia de quien se considere escritor. Algunas veces uno se encuentra con cuentos pretenciosos, que la gente suele no cuestionar, pues son tan complejos que hay que llamarlos buenos por ese mismo hecho, pero no, Labatut es genial. Construye una voz propia, se regodea en ella, se incendia, se apaga, entra en crisis personal y sale de ella, como el Orco que emerge de un mar de barro y sangre con un grito que retumba.
«La antártica empieza aquí» termina abruptamente, maldita sea, pero quizás en eso radica su encanto. Daría para una novela completa, para una película incluso. «La cura de Ana» y «Deseo» son así mismo, brillantes. Tienen un cierto tinte onírico, surreal, son un Grifo que deja clavadas sus poderosas garras en lo que a veces erróneamente llamamos realidad.
En general, la voz que le imprime Labatut a sus cuentos es única, la percibo fuertemente autobiográfica, pero no en el sentido zalamero. Alguna vez escuché a Katya Adaui decir que un buen cuento es aquel que viola alguno de los Diez Mandamientos, y al leer a Labatut, siento que los echa por tierra todos. Labatut es autobiográfico, sin duda, no le teme a nada, es una llaga abierta, un parto doloroso, un paso del borde de la muerte a la iluminación.
Posdata 1: creo que las voces más honestas y brillantes de la literatura latinoamericana actual son Mónica Ojeda y Benjamin Labatut.
Posdata 2: No se preocupen por decirme que Labatut es Europeo.
Los cuentos están unidos por un lazo, que une tanto lo cotidiano como lo surreal, que dibujan el contorno con el que Labatut le da forma a sus personajes, que parecieran tener piezas faltantes, historias sin finales. Me gustaron varios cuentos, como había otros que creo no haber entendido. El primero y el último resaltan mucho sobre el resto.
No sé muy bien que opinar del libro. Me ha despistado mucho, los cuentos eran un poco raros para lo que esperaba y aunque alguno me ha gustado mucho, en general no sabía muy bien que intentaba contarme el autor
Este libro es un viaje literario increíble. Las historias interconectadas de me mantuvieron enganchada, y me encantó cómo todo está abierto a la interpretación, especialmente esos finales que desafían la mente. Cada historia me dejó esperando un poco más, pero eso es parte del encanto del estilo de escritura del autor, es como estar en un viaje con LSD, cuestionando la realidad mientras pasan detalles faltantes y personajes surrealistas, similar a navegar por una pintura de Dalí. Es confuso, pero ahí radica la diversión y lo interesante. A pesar de haber leído primero sus obras más recientes, este libro sirve como una introducción peculiar al estilo único de escritura de Lavatut. Leerlo primero habría hecho mucho más fácil entender la manera en que esta escritos sus libros posteriores. En general, fue una experiencia divertida y algo psicodélica, dejándome aún insegura acerca de lo que exactamente sucedió o no, y esa es la belleza del libro.
Compilado de cuentos, todos relacionados sutilmente entre sí, que dejan una sensación rara y de incomodidad.
Si son medio despistados y olvidadizos como yo, recomiendo leer todos los cuentos de una sola vez para poder notar la relación que hay entre cada uno.
Mis calificaciones individuales:
- La Antártica empieza aquí: 4/5 - La cura de Ana: 5/5 - No me digas que no te acuerdas: 1/5 - Club de campo: 4/5 - Deseo: 3/5 - Países Bajos: 3/5 - Alfredo en cama: 4/5
Calificación global: 3.4 = 3 estrellas
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Libro leído para la Categoría 31 "Un libro con un título que a la vez sea una frase completa" del PopSugar Reading Challenge 2024.
Libro leído en el mes de Febrero de 2024 para el Pequeño gran club de lectura.
1.- La Antártica empieza aquí: primer cuento de la colección, mismo que le da título al libro. Desde su primer libro publicado, se nota el estilo característico de Labatut con esa prosa al mismo tiempo efectiva, pero muy bien pulida y escogida. Al leerlo es inevitable no pensar de forma mezclada o simultánea en el Lovecraft de las montañas de la locura y el Bolaño de 2666.
También pareciera que Benjamín Labatut se inspiró en “Antares de la Luz” para este relato, lo cual no deja de ser aterrador pero fascinante. De ahí que no sorprendan frases como: “Se puede subir a respirar, repetía el capitán, pero solo para sumergirse más al fondo”; “El hombre sostiene la piedra, les dijo Vasek, pero nunca la montaña de la que es parte”.
A pesar de que lo disfruté bastante, me hubiera gustado más de ese “punch” al que se refería Cortázar, que todo cuento debe tener, principalmente sobre el final.
Calificación 10/10.
2.- La cura de Ana: cuento extraño y difícil de entender recién lo lees, aunque te deja con una buena sensación y reflexión. La cura es la enfermedad y hasta que no encuentras la paz interior, no puedes prosperar.
Calificación 8/10.
3.- No me digas que no te acuerdas: brevísimo relato de una boda platicada por una pareja en el lenguaje chileno más coloquial posible. No hay mucho que decir de este cuento, más allá que sirve para conocer un poco más de la historia inicial del libro, lo cual lo hace interesante y añade nuevos datos a lo que se supone ya había concluido con el cuento 1.
Calificación 7/10.
4.- Club de Campo: el más raro de todos los de la colección. Trata temas bastante perturbadores que incluyen zoofilia. No me gustó mucho realmente.
Calificación 6/10.
5.- Deseo: este cuento retoma el nivel inicial de la colección, me resultó divertido y con una premisa interesante. Siempre se agradece que los autores menciones a otros autores dentro de sus historias. Acá cachamos algunos de los ídolos de Labatut como: Bolaño, Kafka, Sebald, Carver, Philip K. Dick, Cesar Vallejo, Pessoa y Burroughs.
Calificación 8.5/10.
6.- Países Bajos: no me pareció muy bueno o relevante.
Calificación 6/10.
7.- Alfredo en cama: buen cuento que se conecta con el cuento 1 y 3, y que en sí mismo también me resultó agradable e interesante. Se logra detectar una parte científica que más adelante -en sus libros posteriores- será un interés obsesivo o leitmotiv en la obra de Labatut.
Calificación 9/10.
Como alguna vez escuché por ahí, al leer cuentos es importante más que las historias en sí, las sensaciones que te dejan después de leerlos, al ser éstas (las historias) tan breves, es difícil conectar con los personajes al nivel que lo hace una novela, de ahí que sea relevante la idea general que queda implantada en la cabeza gracias a un cuento.
Dicho esto, la sensación que me queda con esta colección de cuentos es buena, sobre todo la que me dejaron aquellos que se encuentran conectados y que al mismo tiempo son los mejor logrados (1, 3 y 7), y otros que no están conectados entre sí pero igual me gustaría fueron el 2 y 5.
Los que bajan mucho la calificación global del libro, a mi gusto, fueron el 4 y el 6. Si no formarán parte de la misma, sería un mejor libro.
7 relatos que parecieran no tener conexión pero si la hay tras sus historias. El cuento con el que comienza el relato, nos retrotrae a pensar en el sentido que le damos a nuestras vidas, trabajos y quehaceres en la perspectiva de que puede llegar un acontecimiento que nos transforme por completo. Deseo, uno de los últimos cuentos nos lleva a pensar el oficio de escribir y cómo se conectan esas ideas con todos y todas aquellas que desean expresar sus sensaciones a través de las palabras. Países bajos, el penúltimo cuento posee un error que es perdonado a Benjamín Labatut, dado que nación en Holanda y se crío escuchando relatos de su tierra ancestral Chile. Porque nos cuenta la historia de un futbolista devenido en prostituto, que dio sus primeros pasos en el equipo de la ciudad más hermosa de Chile: Santiago Wanderers. Y que el narrador (autor) define como un “equipo pequeño de la ciudad”, cuando su identidad gira en torno al decano del fútbol chileno. El resto de cuentos y relatos nos transporta a traumas infantiles, a miedos de los terremotos, a enamorar y quizás perder el sentido de la vida. Entendemos las contradicciones a las que nos expone este autor para intentar comprender los motivos reales que hay detrás de sus personajes. Un libro del 2012 que no envejece del todo mal y que nos vuelve a conectar con el autor de Un terrible verdor, un extraño éxito de ventas y que le da la calidad de un autor que debe ser leído.
Un libro exploratorio, iniciático, con buenos momentos pero también varios desaciertos. El primer cuento, el que le da nombre al libro, es claramente el mejor, pero es también claramente un cuento escrito como Bolaño. En general la impronta bolañesca es fuerte en el conjunto, tanto en el estilo como en los intereses temáticos, la fascinación con la sexualidad y el uso de personajes recurrentes (hasta cierto punto es un conjunto de relatos y también una novela, aunque una innecesaria si soy sincero).
A destacar: "La Antártica empieza aquí" y "Club de campo" (pero este acaba mal). El resto es bastante prescindible a menos que uno ande con ánimo de estudiar la evolución del estilo de Labatut.
Aunque "Un verdor terrible" es superior en muchas formas, el primer libro de cuentos de Benjamín Labatut contiene ya mucho de su estilo y de su voz. Enfermedad, locura, violencia, música, literatura, personajes latinos y europeos que deambulan por Santiago, Valparaíso, Buenos Aires, París, el Polo Norte (y el Sur) y que cuentan historias extrañas, misteriosas, inexplicables, en relatos que alternan a veces diferentes perspectivas, pero que en todo momento mantienen cautivo al lector. Un gran debut literario.
El primer cuento brilla con una narrativa cautivadora y absorbente. Sin embargo, en los cuentos siguientes, la intensidad y el despliegue narrativo disminuyen, creando un contraste notable.
A pesar de lo anterior, el libro logró cautivarme y definitivamente lo considero una lectura que vale la pena.
Pd: No olvidemos que fue el primer libro de Labatut.
Llegué a "La Antártica empieza aquí" con altas expectativas tras leer “Un verdor terrible”. Aunque algunos cuentos son geniales y la prosa de Labatut es fascinante, en general no cumplió con lo que esperaba. Aún así, tiene momentos brillantes y una voz única, “Alfredo en cama” es un cierre tremendo del libro.
creo que es su primer libro y no está ni de lejos al nivel de "MANIAC" o de "un verdor terrible"; pero para los que se obsesionan en agotar toda la bibliografía de un autor (y Labatut lo amerita) vale la pena.
El primer libro de Benjamín Labatut es un libro de relatos. Tiene cuentos con mucha fuerza y se ve lo que será la forma de escribir del autor. No me parece tan buen libro como sus últimos trabajos, pero sí que se ve algunas de sus obsesiones y de lo bien que escribe el autor.
Es el primer libro de Labatut y es un manjar. Muchas veces me hizo recordar el estilo de Bolaño. Disfruté mucho cada cuento, que, a ña vez, parecen estar conectados unos con otros. Excelente lectura