¡ESTE LIBRO ES UNA JOYA! No he leído nunca un texto que describa de una manera tan fehaciente lo que significa tener un perro como compañero de viaje. Y encima narrado de una forma tan tan bonita.
Si tienes o has tenido animales a tu lado alguna vez, te sentirás identificado con cada párrafo, con cada frase, con cada palabra. Si no lo has tenido, podrás sentir todo lo que eso significa. Desde el prólogo, escrito por Jean-Paul Dubois ya empiezas a notar ese cosquilleo de que el libro va a merecer mucho la pena. Se escapan lágrimas por momentos, las últimas páginas son un llanto continuo que no podrás frenar, pero sobre todo se escapan las sonrisas. Es un libro que de paso te enseña a vivir, a intentar explicar porque nuestra forma de vivir está cada vez más alejada de esa forma de vivir de los animales.
Y también te enseña esa cara tan amarga de compartir vida con un ser tan especial: el duelo. Este libro es un homenaje a Ubac, y a todos los Ubac que han llenado nuestros corazones alguna vez. GRACIAS por escribir esta historia y de una manera tan bonita Cédric Sapin-Defour. Seguro que Ubac ha sentido ese amor hasta el último segundo y lo sigue sintiendo.
No voy a decir mucho más por aquí, ya sabéis que en los videos me extiendo mucho más, pero aquí solo os invito a leer algunas de las frases destacadas que he anotado. Subrayé millones, pero no puse todas por si la editorial me denunciaba por compartir casi el libro entero. Lo dicho, una maravilla. Por favor, leedlo.
Podéis ver una opinión más completa en el video publicado tanto en mi cuenta de Instagram como en la de TikTok: Leercomoformadevida.
Frases destacadas.
“Siempre pensé que en esa relación, bien mirado, el perro era el que cuidaba de su amo y no al revés”
“Su amor será sin condiciones. Le traerá sin cuidado muchas cosas, mi rango, mis riquezas, mis virtudes y mis defectos. Me ayudará a distinguir lo importante y juntos reduciremos esta vida al lujo de lo esencial. Estará ahí asalvajando mis días y ni él ni yo estaremos nunca solos. Puede que baste con eso para ser feliz”
“Resulta encantador verlo. Se centra alegremente en cada instante que le brinda la vida[…]. Va de un momento apoteósico a otro, no parece que el cálculo intervenga para nada, solo reina la sencilla y terca alegría de existir. Vivir con un perro es eso, es volver a aprender que una hora está hecha de sesenta minutos, cada uno de los cuales merece ser tomado en consideración…”
“[..] Ubac debe saber que no estaré nunca lejos de él, pero que esta proximidad, de entrada, es variable y subjetiva. Podrá ser de dos metros como de cien kilómetros, de veinte segundos como de una semana, no será medible, porque la sensación de seguridad no lo es; los corazones próximos y que se alimentan mutuamente no siempre están pegaditos”
“El corazón de un perro no sube en potencia, está a tope, henchido, de inmediato y siempre, hay amor en él desde que se despierta; esa vitalidad plena es sin duda lo que le agota y acorta su paso por el mundo”
“Me basta con amar. Porque, mira tú, yo nunca sabré si él me ama, nunca. Me pregunto si amar sin estar seguro de ser correspondido no será esa la definición del amor verdadero”
“Aunque algunos nos llaman familia, nosotros preferimos “manada”, porque es un grupo donde no son necesarios lazos de sangre y se jura fidelidad, socorro y libertad sin ceremonias.”
“Un perro con vocación de protegernos de la inmovilidad es un antídoto contra la fosilización. No debemos confiarnos, es algo que mata a ancianos; llega el día en que su perro muere y salir se vuelve triste, inútil y penoso. Entonces, privados de vitalidad y de su anticongelante, ellos a su vez se detienen”
“Me gustaría verlo correr por el circo de Gavarnie, por los prados salados del monte Saint-Michael, pero ¿a qué viene ese afán por lo extraordinario? A él no le importa. Le basta con vivir. Una minucia puede ser su lugar, su momento, la constancia no le oxida la vida porque no hay tal. Ubac tiene el don de convertir la rutina, espectáculo tedioso para mis ojos caprichosos, en una experiencia placentera y que hace que uno esté siempre disponible. La repetición me cansa y a él le convence”
“No deja de sorprenderme, con una mezcla de alegría y preocupación, que estos momentos de libertad, de silencio y de naturaleza sigan siendo gratis; algún día el mundo de los bitcoins sabrá que los valores más altos están aquí”.
“Volvemos luego, tú guardas la casa”, es todo lo que se nos ocurre decir, pero él ya se sabe esas pamplinas y se ha retirado a un rincón de la casa. Ha conseguido que te veas a ti mismo como uno de los diez seres más crueles del planeta.
“Nos hemos dado cuenta de otras de nuestras equivocaciones. Pensar que si uno de nuestros perros muere, nuestra tristeza, gracias a la memoria viva de los otros, será menor es una tontería. El corazón no funciona así. Porque al dolor de la pérdida, se añadirá el de ellos y el de no volver a verlos juntos”.
“Ninguno de los dos osaba decir sacrificar, menos aún eutanasiar, son palabras demasiado frías, metálicas, decíamos “llevarle”, nos parecía que así no era tanto un abandono. […]. Un perro, con su paso, aumenta tu existencia y, no para agradecérselo sino para estar a su altura, basta con un gesto, dos jeringas, una de valor y otra de dignidad, y nosotros somos incapaces de ello, jugando con la deshonesta confusión de que sacrificar sería robar. Cuando en realidad es enaltecer”
“Te toco, te abrazo, te despeino, todavía estás ahí. Te cubro de caricias a contrapelo, las que sacan chispas. Hueles a ti. Reconocería tu olor en medio del arca de Noé”.
“Te digo esto con la boca chica, perro mío, no vayas a pensar que has lastrado mi vida, las has aligerado muchísimo; la balanza está indefinidamente a tu favor. Pero sería indigno mentirte. Qué puedo decirte. Aunque no podía amarte más, aún no había acabado, ni mucho menos, de amarte”.
“Hacerte cargo de un perro es acoger un amor inmarcesible, no te separas nunca, la vida se encarga de ellos, un amor que admite una rebaja ni un final. Hacerte cargo de un perro es cuidar de un ser pasajero, comprometerte para una vida amplia, sin duda alegre, irremediablemente triste, para nada austera. El desenlace de esta unión no es ningún misterio, ya cedas al rechazo o te propongas enfrentarlo, en ambos casos la tristeza ronda, hace daño, y es una extraña danza, un balanceo diario para que prevalezca la alegría, relegando y sofocando esa evidencia. Cuando tu amor se proyecta sobre un ser vivo de otra clase con una vida de duración menor, en toda implacable lógica llegará la fecha en que el recién nacido alcanzará tu edad, la sobrepasará y morirá. Es absolutamente ilógico, la paradoja última, u no de las más agradables: la muerte de un perro es antinatural. Es decir, que esa felicidad tiene sus fechas de caducidad y, por mucho que te empeñes en dedicar todos los días a ralentizar su vida o acelerar la tuya, es así, pues con la cronobiología no se negocia, los perros se marchitan. Hilvanar tu vida con la presencia de un perro es entender que la felicidad moldea la tristeza, es comprobar que la carencia se disuelve mal en los recuerdos, por abundantes y felices que estos sean, es aceptar que cada volátil minuto debe disfrutarse con una intensidad siete veces mayor de lo habitual, es enfrentarse a ese proyecto seductor y vertiginoso de no sabotear ningún instante y celebrar la vida de un modo desaforado.”