Leer estos poemas llena al lector de una sensación de estar haciendo algo incorrecto, que no podrá sacar el libro en un parque sin ser detenido, que la sonrisa natural en su cara es la evidente malicia que está proyectándose en su cerebro.
Israel Miranda (quien de forma muy original utilizó su CURP para el nombre del autor) no se engolosina de palabras nefastas ni busca causar la impresión de baño público tan pretendida en otros poetas independientes. Su idea es traer de vuelta a la morbosidad del adolescente en el adulto, hacernos regresar en el tiempo cuando las revistas pornográficas eran una valiosa moneda y las niñas nos reclutaban para ser unos enfermos. Cada poema tiene un guiño a la pubertad descrito de la manera más sobria, con todas las groserías necesarias para agredir no al lector, sino a su pasado de censura, y en cada uno de los poemas hay una complicidad con el autor, como quien platica con su mejor amigo de los deseos carnales que tiene por X ó Y persona.
Sirve también como un confesionario del pecador interior, sirve como ejemplo para la poesía trasgresora local, y como demostración de que las publicaciones independientes pueden alcanzar buenos aciertos sin ser galardonados ni salir del Chopo. Es en definitiva un cuadernillo de delicias sucias, un acercamiento al jovencito que alguna vez fuimos, ése que aprendía cómo era ser uno mismo a través del sexo.
Un buen tabaco (Latakia de ser posible, una buena lista de Blues de fondo, Un buen trago (Cognac de ser posible) y un buen polvo (obligatorio antes, durante y después de leer esto) es indispensable para tener la experiencia completa. Y si a mitad del libro estamos pedos MEJOR!!!!!
Es el recordatorío del lado obscuro que llama a vivir plenamente sin ninguna otra consigna.
Si lo terminas sobrio, es que no valió la pena asi que quema el libro y olvídalo.
Empieza muy jijiji, jajaja, todo cómico... Y termina por darme un putazo en la cara tipo "no todo es jijiji jajaja pendejo" buen libro. Se lee en una sentada.