Una foto de la infancia despierta en Claudia preguntas sobre sí misma, el racismo y el valor de los tejidos para narrar la historia. Aquella imagen, junto a la aparición inesperada de un profesor que desata memorias perturbadoras, aceleran una serie de decisiones de la protagonista en contra de la autodestrucción. La pareja de Claudia, Gérard, vivirá de cerca este proceso y se irá transformando en un país atrapado en la violencia. En el relato de La Letrada se entremezclan las vidas de personajes, de distintas generaciones, que componen un complejo mapa sentimental en un país que interpela sobre permanecer o huir.
Por unanimidad, La letrada ganó el premio de la Bienal Guatemalteca de Novela “Terrena” 2022. Sobre ella, el jurado calificador expresó: Se trata de una novela bien narrada, con una estructura clara y un estilo fluido. Esta novela hace un puente necesario entre la generación de la guerra y la generación de posguerra en relación con la historia reciente del país. Ayuda a comprender los vínculos que existen entre la violencia contra la mujer, el militarismo, el racismo y los crímenes de guerra. La memoria se usa como un elemento para comprender la propia subjetividad a la luz de la historia y, así, poder hallar sentido al presente. La novela explora qué significa “ser mujer” en una sociedad fracturada; el tratamiento del tema de la violación y el impacto sobre la vida del personaje central está tratado con fuerza y sensibilidad. Literariamente, hay un entrecruzamiento sutil entre lo íntimo y lo político.
Es una novela que nos va sorprendiendo en el proceso de la lectura. Su trama no es previsible, ya que nos presenta varias historias que se van desarrollando con suficiente fuerza y la vida universitaria, el abuso, el exilio, etc., como un tejido que se va expandiendo. De ese modo, la importancia temática del tejido para la protagonista se ve reflejada en la estructura narrativa.
Hace un retrato efectivo y convincente de la Guatemala actual y su contexto social, con claras referencias a la época, a lugares específicos y problemáticas actuales, aludiendo también a experiencias del pasado que afectan los miedos, las inseguridades y las búsquedas de los personajes.
La ensalada (por no decir chirmol) de personajes causa confusión —salta de la cabeza de uno a otro; corroe la fluidez de la trama. También hay saltos en el tiempo, igual de discordantes. Lo mismo ocurre con las personas y tiempos verbales.
El tono expositivo, académico (por no decir petulante), didáctico (partes que suenan a un libro de texto), y cerebral del narrador es irritante (a veces, insufrible) y termina matando la evocación literaria.
Lo bizarro y desconcertante de lo anterior es que, entre ese lenguaje esnobista (por no decir condescendiente), hay salpicadas expresiones vulgares y frases cursis que provocan accesos de “cringe”.
Los hechos históricos frenan el fluir de la trama y —lo que es peor— con un tono didáctico de libro de texto —ya se dijo).
Cerca del final (pasado el 75%) la novela sorprende con un giro en la trama para el que no estábamos preparados. Esto empuja y revive el interés que ha ido desfalleciendo en lecciones de historia. Sin embargo, el libro “arrebata la derrota de las fauces de la victoria” y termina liquidando la trama en divagaciones sobre una foto del dictador Ríos Montt vestido de mujer (cosa que era muy común hace años, antes del auge reciente de los drag queens —nothing to see here).
Para ponerle el último clavo al ataúd, el libro termina con un final aguado (descrito en más detalle en el último párrafo con un “spoiler alert”).
En resumen, la historia prometía mucho y hubiese funcionado si ese giro en la trama se hubiese dado en el 25%, pero se diluye en un thriller que no fue, con un tono profesoral y académico (innecesario en una obra de ficción).
De lado positivo, los temas de la violencia contra la mujer están bien trabajados —convencen—, y el giro inesperado le insufla vida a la obra.
[SPOILER ALERT: No leer el siguiente párrafo si no quiere ligeros spoilers sobre este libro y sobre la película “Chinatown” (1974)]
Al final, en una sola frase, el libro trata de dar una conclusión esperanzadora, pero hubiese sido más contundente hacer ver la injusticia ante lo que le ocurrió a Claudia y dejar esa espina en el lector, como ocurre en la película “Chinatown”. Chinatown es como Guatemala, en donde los malos siempre ganan.
alertas de contenido: violencia sexual, violencia política, feminicidio.
El primer par de páginas me dejó rascándome la cabeza y, honestamente, cuando leí la sinopsis pensé que íbamos a tener de la posguerra como cientos de miles que tenemos ya. Eso cambió en la tercera página. Guatemala es un pañuelo y Albizúrez usa eso en su favor para entretejer una historia de pasados, presentes y futuros comunes. Hablando de tejidos son tremendamente centrales a la narración. No solo con el símbolo usual que acabo de mencionar sino también usando la rica historia de los tejidos de los pueblos originarios y su componente narrativo. Todo esto lo usa para narrar una Guatemala fea, que expulsa a sus personas, que las abusa, que las mata. Hay un discurso sobre la violencia sexual que recuerda mucho a Despentes. En mi opinión navega bastante bien las dificultades de estos temas.
Dicho eso, la novela no es perfecta. En mi opinión, aunque en teoría me encanta el símbolo de los tejidos, creo que no quedó tan integrado como podría haber sido. Por momentos no se entiende por completo la relación que pueden tener con las tramas. El final, aunque tiene mucho triste sentido, queda en un anticlímax bastante importante.
Una típica novela de la posguerra, pero mejor construida y con nuevas ideas: Youtube Instagram
La estructura narrativa es impecable. Cada pequeño capítulo es un pedazo de tela que se hila al siguiente, así hasta conformar una perspectiva lo bastante amplia para vincularnos con Claudia y Regina, con Gerard y Andres, para introducirnos en su universo.
Desde la historia personal e íntima se cuenta la historia nacional: la remembranza de la historia política y militar de Guatemala, y la violencia y feminicidios actuales. Los saltos en el tiempo, los flashbacks (analepsis) sirven para esto.Los textiles son para Claudia una forma de hilar la historia de Guatemala, de crear un mapa. Para la autora, la historia de Claudia, Gerard, Andres y Regina también lo es.
Esta novela revela la desigualdad que mata incluso cuando lo que golpea es la naturaleza. La erupción del volcán que sepulta un sinnúmero de personas. La brecha entre ladinos e indígenas, la diferencia universal casi. Un país bipolar, estéril, que no cambia.