“En este derrumbamiento, todavía me atrevo a creer. La distancia entre lo que vivo ahora y la dicha que preveo hace que en mí renazca la esperanza.”
Esperanza fue la palabra que más se repitió a lo largo del libro, una palabra que necesito mucho en mi vida en estos momentos… ¿cómo empezar?
Repito, la forma en que un libro llega a mí es una historia: Plena Feria del libro en Morelia, y veo esta joya en un remate de libros. Sabía que existía el libro aunque como muchos solo conocimos de Philippe y Abdel a través de la película “Amigos” “Intocable” o “Untouchable”.
La he visto tantas veces que nunca pensé que esa historia pasaría en mi vida (de forma similar) pero curiosa.
En 2018, mi mejor amigo sufrió una lesión que no le permitía caminar, eran dolores insufribles en la espalda y siempre siempre, su humor era de perros.
Para él, consuelo del que vive al otro lado de la frontera, era una tortura saberse vulnerable cuando su familia dependía de él, no poder jugar fútbol, o disfrutar a su familia por el largo tiempo que para él representó quedarse en nuestro pueblo (3 meses), más aún decirme por llamada que lo vería más pronto de lo que me imaginaba.
Esos 3 meses transcurrieron entre peleas, cuidados, películas, 1 libro que nos domesticó en muchos sentidos, terapia, 2 paseos muy largos, el rencor, el baile y su salsa, esas pláticas que nos hicieron tan cercanos; que dejara la universidad por primera vez sintiendo que abandonaba mi vida por la depresión sin querer verlo, porque yo era quien lo cuidaba a él, no él a mí.
Igual que Abdel, soy la orgullosa, enérgica, la “tengo mi modo de hacer las cosas” y tenía una masa a la que podía moldear si era para ayudarle a sobrepasar el dolor tan profundo, un fastidio que de 15 a 3 horas decía “mi trabajo está hecho”, la energía de los días, y muchas veces el ánimo que se escondía. Aveces el dolor llega para recordarnos de toda la purga que no hemos hecho, de la basura que no hemos desechado y las cosas que de tanto acumular, nos amargan la vida.
¿Cómo puedes cuidar a otros, sino permites que te cuiden? Debes permitirte ser vulnerable.
“Vulnerable” otra palabra que consagramos como única. En la que podíamos ser quiénes queríamos, soltar, tanto odio y rencor hacia la vida y viejas heridas, tanto por sanar y que el tiempo fue tan amable de prestarle tiempo para hacerlo, su problema nunca fue la pierna, ni su espalda: era su mentalidad. En ese modo, a Abdel no lo imagino aguantar recibir ayuda de Philippe sin sentir vergüenza y soltar unas lágrimas porque lo necesita pero no le gusta reconocerlo.
En ambos casos, nuestra amistad sobrevivió a tantas cosas, tanto así, que hoy estoy casada con él, con ese que antes no me podía decir “Te amo” sin sentir vergüenza, que aveces venía a mi casa por que siempre llegaba tarde aunque aguantara mi impuntualidad. Me da tanta risa recordar una vez que nos cruzamos en plena esquina, él hacía mí, yo hacia el, y ambos sabíamos a donde íbamos. En ese lugar, enfrente, ahora está un espejo que deja ver hacia el otro lado, y solo me imagino cómo se habría visto en ese entonces saber que íbamos a chocar.
Ese tipo de amistad, que sobrevive al paso del tiempo, de las circunstancias y de todo lo que le arrojen así sean fracturas de cuerpo entero es lo que significa este libro: adversidad y por supuesto, esperanza.