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200 pages, Paperback
First published January 1, 2003
Para recordar tuve que partir.
Para que la memoria rebosara como un cántaro lleno
-el cántaro de una diosa inaccesible- tuve que partir.
Para pensar en ti tuve que partir.
El mar se abrió como un telón como el útero materno como la placenta hinchada
lentas esferas nocturnas brillaban en el cielo como signos de una escritura antigua
perdida entre papiros y la memoria empezó a destilar la memoria escanció su licor
su droga melancólica
su fuego
sus conchas nacaradas
su espanto
su temblor.
Para recordar tuve que partir y soñar con el regreso como Ulises- sin regresar jamás.
Ítaca existe
a condición de no recuperarla.
Nadie te despidió en el puerto de partida
nadie te esperaba en el puerto de llegada
Y las hojas de papel en blanco enmoheciendo
volviéndose amarillas en la maleta
maceradas por el agua de los mares
Desde entonces
tengo el trauma, del viajero
si me quedo en la ciudad me angustio
si me voy
tengo miedo de no poder volver
Tiemblo antes de hacer una maleta
—cuánto pesa lo imprescindible-
A veces preferiría no ir a ninguna parte
A veces preferiría marcharme
El espacio me angustia como a los gatos
Partir
es siempre partirse en dos.
"Cada exilio es diferente, pero tiene algo en común: la nostalgia".