Compré este comic con varias ilusiones, y ni siquiera he sido capaz de terminármelo. Primero, por el bajón de leerlo en español castellano, algo que es toda una falta de respeto al autor y que en el futuro no se debería dejar pasar a una editorial española, pues mata toda la intención y riqueza de significados del acento paisa, en voces paisas, dentro de un comic paisa. Y segundo, porque la historia podría ocurrir en el Parque del Poblado o en cualquier otro sitio y daría exactamente igual: un derroche de testosterona, dialogado de la forma más sosa posible, que no lo hubiese salvado ni el texto con el acento y los modismos de la edición original. Lo que sí rescato es el dibujo, una línea muy limpia y con una personalidad tal que los personajes no podrían ser de otro sitio que no fuera Medellín, y que demuestra que en Colombia hay muy buenos dibujantes, pero están muy escondidos. Lo que pudo haber sido y no fue.