Triste y desafortunada continuación de Doneval, esta novela es un chiste ya desde el título, pues Favila (el mejor personaje de la primera parte) prácticamente no aparece. De hecho, aquella heroína que adoraba se convierte en la clásica princesa secuestrada, cayendo todo el peso sobre su contraparte masculina. Pero es que, además, al protagonista tan bien perfilado en Doneval, transcurridos unos pocos meses desde su desenlace, le vemos aquí como una especie de gañán bocachanclero unas veces, otras como un aburrido moralista... en fin, menudo chocho se monta el autor. La acción es tediosa a más no poder, y aparte de meter otro dragón y una copia de los ents de Tolkien, las intrigas y tejemanejes de la trama son muy baratos. Lo único que me ha gustado ha sido el breve papel de la bestia Erebor, alias "el Topo" o "el Perforador", como salida de un horror lovecraftiano. Prescindible a más no poder.