No le puedo subir de "me gustó" y "no me gustó", lo que significan 3 estrellas para Conan Doyle y 1 estrella para la editorial, respectivamente.
Quizás si sólo hubiese leído la primer novela, "Estudio en Escarlata" (titulada "Un crimen extraño" por Porrúa, sabrá Dios por qué), hubiera quedado más satisfecho, pues es una gran historia policíaca. Lástima que el narrador sea un personaje de fondo.
Pero no me gustó para nada la edición por dos cosas, la falta de secuencia entre las historias, y los errores de edición (acá faltó un punto y aparte, acá un guión, acá tiene una errata, etc) que aparecían cada dos páginas. Demasiado.
Aunque volviendo al contenido del libro, dejó de parecerme interesante llegando a la mitad de los cuentos. Es que sólo habían dos posibles resultados: se resolvió o no se resolvió la cosa. ¿Cómo? "¡Bah! Eso no tiene importancia", respondió Sherlock.
Y, bueno, después de un rato, dejó de parecerme muy impresionante el método de Holmes.
Además tenemos a Watson que bien podría ser el mejor amigo de Sherlock Holmes o bien podría ser su perro. No, quizá el perro podría ayudar a buscar pistas, rastrear, etc. Watson sólo aportaba deducciones que Holmes celebraba pero que nunca fueron suficientes para resolver ningún caso y únicamente sintetizaban lo que ya sabe el lector del caso actual.
Sin mencionar que había una redundante fórmula para presentar las historias: "A ésta persona le pasó ésto, eso es malo y misterioso. Vamos a consultar al mejor detective de Londres. El detective y su amigo investigan. El detective da/no da con la conclusión".
Se volvió cliché rápidamente. Y no es ningún spoiler.
Creo que aplaudiría mucho más a Doyle su personaje hubiese escrito las historias (todas ellas) a través de los ojos de Sherlock.
Pero no digo que el resto de las obras de Conan Doyle no merezcan atención, el punto era que éste libro en particular no saldrá de nuevo de mi estante.