Me es extraño dar una calificación tan baja a una novela de K. Dick luego de todas las historias por las que me ha hecho pasar y luego de tanta alabanza que le he dedicado estos últimos dos años. Pero nadie es perfecto, y comprendo, asimismo, que los escritores siempre están en un constante proceso de maduración. Que esta novela me parezca experimental en varios aspectos no me sorprende; de hecho, era de esperarse: solo así se logra perfeccionar la técnica. Phil, estoy seguro, sacó mucho provecho de esta obra al momento de trazar las líneas que dibujarían todo su universo posterior. Por esto y por los méritos que contiene, no la puedo desmerecer del todo.
La historia da inicio con un accidente en el que se ve involucrado un grupo de personas que visitan una atracción turistico-científica. El foco central, empero, lo lleva Jack Hamilton, ingeniero que será el punto de referencia a través de la obra. Más que eso no se puede revelar sin hacer spoiler de lo que es lo más interesante y crucial. Y si bien las sinopsis que están en internet ofrecen otra concepción de la obra, así como el título —Ojo en el Cielo—, la realidad es muy diferente. Creo que este fue uno de los puntos en los que me decepcionó: hay, en parte, una carencia de cohesión de los ejes propuestos en el principio y el título. Esto, si bien no es suficiente como para considerarlo un punto débil —lo del nombre de la novela—, sí crea expectativas falsas que, una vez frustradas, son difíciles de soslayar.
Un punto que me sorprendió fue el acercamiento que tuvo en este caso Phil. A pesar de que se perfila como la típica novela Dickiana, comenzando con Fecha, Locación y Evento, Ojo en el Cielo pronto difiere de las demás abogando por un estilo algo más opresivo en su presentación, y luego, cuando se desencadenan los hechos principales, por una prosa jocosa y rebosante de crítica enmascarada de hilaridad, en donde se ridiculiza el fanatismo y —sin malas intenciones— la ignorancia despreocupada. Los que la califican como comedia, cuentan con mi apoyo: están en lo cierto. A este autor le he visto en muchos casos echar mano de tales medios para agregar sabor a sus historias. En este caso, solo el principio me logró golpear como debía. Los chistes cortos, estimo, son su especialidad. Cuando llega a los que requieren más desarrollo y que apelan al absurdismo desmesurado, el ánimo decae un poco, mas persistirán las ganas de, al menos, esbozar una sonrisa.
La estructura está dada por dieciséis capítulos sin interrupciones. No obstante, tras mi lectura, creo poder separar la novela en seis partes distinguibles, que están en constante relación a la trama: una especie de prólogo, parte primera, segunda, tercera, cuarta y la continuación directa de esta última que sirve de epílogo. Para mí, las que más fuerza tuvieron fueron la parte uno y dos, de enfoque religioso —con un espectro más amplio al mero cristianismo, quizá rayano al sincretismo— y con juegos que recuerdan a las paradojas de Zenón, así como ciertos guiños al Gran Hermano, encarnado bajo otro Avatar. El prólogo y epílogo, por otro lado, representaron los puntos más débiles; hay un marcado tinte político que, si bien sí se ha visto en otras ocasiones en obras de Phil, a mi parecer, aquí no es ejecutado con su característica fluidez. También sufre de esto la parte cuatro, pero esta cuenta con algunos hechos válidos que la ponen por sobre las otras. Y, la que me dio una sorpresa, la tres, sobre obsesiones persecutorias, me mostró que K. Dick no solo es hábil en el campo de la ciencia ficción: si se lo propone, también puede llegar a perturbar, y con destreza.
Los personajes son varios, casi ocho, si no me falla la memoria, pero el hecho de que no pueda recordarlos a todos bien ya da luces de alarma. Su desarrollo es, por no decir nulo, ínfimo. Solo algunos de ellos son utilizados con mayor o menor frecuencia. Algunos carecen de personalidad distintiva, cosa importante en las novelas de K. Dick —a pesar de las esporádicas repeticiones y reminiscencias—, y otros solo están allí para completar la escena y porque el autor no podía chasquear los dedos y deshacerse de ellos (a diferencia de otra persona). Siento que si se hubiera acotado el número de individuos a tratar, el resultado habría sido mejor. Lo que debo destacar, a riesgo de revelar un detalle menor, es que todas sus personalidades se ven reflejadas de una u otra manera en la historia, y de formas bastante originales, que dan un aire más jovial al producto final; sin embargo, la carencia de backstory es una mella no menor. Memoria es, a despecho de lo que digan algunos, parte de nuestra constitución. Se necesita saber de sucesos anteriores para tener mejor perspectiva de los personajes, para que se sientan humanos; en la novela, por desgracia, hay veces en las que se sienten como marionetas.
Debo destacar que K. Dick sí consigue crear un ambiente de impotencia y hostilidad ante una realidad incierta e ilusoria durante toda la novela. Se nos revela desde temprano el factor clave, el quiebre que Phil suele guardar hasta el final; pero esto, lejos de repercutir de forma negativa, sienta el tablero de juego. Dick apuesta el todo por todo, y da rienda suelta a algunas de las maquinaciones más inventivas y divertidas de su arsenal. Lo que en otros casos está recubierto de un aire de seriedad, aquí se mezcla con las risas, la lujuria, la ciencia milagrosa y hasta con un terror que recuerda al Slapstick por un lado, y al miedo a lo desconocido por el otro. El manejo de las emociones que el lector muestra ante las atrocidades es magistral. Hoy, mientras leía, estaba tan inmerso en este mundo que me equivoqué de metro y me pasé varias estaciones con una sonrisa tonta en la cara. Es digno de ser referido.
El mérito final que esperaba del desenlace no se cumplió. Quizá esto representa en sí mismo otra broma, pero yo no la capté como tal. Esperaba una revelación final que diera vuelta el tablero y me dejara con cara atónita. Como no ocurrió, se quedó con la nota que había estimado a mitad de la novela.
Para el lector que no conozca a Phil y su rotunda escritura, quizá pueda servir para pasar el rato y quizá cuestionarse un poco sobre el idios kosmos con el que debe convivir día a día. Para el que ya lo ha leído, puede resultar algo menos alentador. Por mi parte, estoy seguro de que volveré a leerla, para la próxima en kindle, y si bien no puedo recomendar en totalidad su lectura, insto al interesado a que, si tiene tiempo, se atreva a perderse en estas páginas. Quizá el humor y optimismo del Phil de este "mundo" consiga alegrarte el día.