«Érase una vez en el gueto. Mientras todo moría a su alrededor, un viejo se empeñó en dibujar un mapa. Pero como sus piernas no lo sostenían, como no podía ir a buscar los datos que necesitaba, pidió a una niña que lo hiciese por él.» En la Varsovia de nuestros días, Blanca tomará por cierta esa leyenda y se lanzará a la búsqueda del mapa de un mundo en peligro. Mayorga indaga en el ángulo más oculto de la memoria trazando así una cartografía del cuerpo, del gesto y de la conciencia. Presente y pasado se interpelan para interrogarnos y ofrecer pistas de lo que está a punto de ocurrir. Si «hacerse preguntas es mucho más difícil que medir y dibujar», ¿cuáles son hoy las nuestras? «La bajada a los infiernos de un texto órfico como El cartógrafo no transmite un mensaje de desconsolado nihilismo, ni una mórbida melancolía. Su lección definitiva tiene el sabor de la esperanza.» Alberto Sucasas, del epílogo.
Es uno de los dramaturgos españoles contemporáneos más representados de la generación denominada, no sin cierta polémica, Generación Bradomín. Su dramaturgia, profunda, comprometida y metódica,ha traspasado las barreras nacionales para ser traducido y representado en los principales teatros europeos. Es colaborador asiduo de compañías como Animalario y ha trabajado como adaptador y dramaturgo para el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Está casado y tiene tres hijos.
Leo esta obra del tirón así como vi en su día, en el Teatre El Musical, la representación de Blanca Portillo; pero siento que no es lo mismo... Creo que el problema radica en que en el escenario existen los silencios, existen los gestos, existe eso que se llama presencia y escena y que muy difícilmente podemos sentir todo esto al leer la obra. Fue una de las mejores representaciones que vi en aquel tiempo y ahora, al leerlo y al rememorar en parte aquella obra, creo que si no la hubiera visto no sé si me habría gustado del todo leer esto. Siento demasiado artificio, manierismo. Pero es una buena obra de teatro, ojo.
Leeré Elipsis del dramaturgo porque me he dado cuenta de que lo que más me interesa del teatro escrito es su teoría que tanto su interpretación.
Una obra breve pero que es capaz de captar tu atención para entender ni que sea un mínimo de lo que está pasando. Al principio, lees por leer porque no entiendes el sentido de las cosas que hacen los personajes, pero, a medida que vas avanzando en la historia (como si fuera un recorrido, un mapa), te das cuenta de lo que está pasando (cuál es el motor que mueve a los personajes a actuar así) e intentas averiguar junto con una de las protagonistas Blanca qué fue de aquella niña y aquel anciano atrapados en un gueto en Varsovia. Quizá lo que me ha chirriado de esta obra de teatro ha sido el final, aunque puede ser que no lo haya entendido...
Vi la obra representada en Barcelona hace algo más de un año. Por aquel entonces llevaba unos cuantos meses viviendo allí y tenía bastante fijación con la ciudad, con recorrer cada barrio y cada calle para conocerla y hacer que fuese un poco más mi casa.
En aquel momento, encontrarme una obra en la que se habla tanto y tan bien sobre los mapas (lo que pueden llegar a contar y esconder) me impresionó especialmente y quise tenerla en papel para que no se me olvidase.
Hasta que los dibujamos, los lugares dan miedo. Cuando hemos dibujado un lugar y el camino que lleva hasta él, solo entonces nos sentimos dueños del lugar.
Tiene tanta calidad el texto y es tan terrible la historia que recuerdo llegar a sentir incomodidad en la butaca del teatro.
Fue la primera obra de Juan Mayorga que conocí y al ver su extensa producción en Wikipedia no pude evitar sentir algo de vergüenza y mucha alegría.
Hacía tiempo que un libro me gustaba tanto. La cartografía y el teatro, al igual que la vida, es política, y tiene una labor política. Me recordaba a movimientos como el mapa del Sur Global (¿Quien decidió que el Norte es encima del Sur y no viceversa?). La historia es escrita por los vencedores, y los mapas también. No tengo palabras, solo la piel de gallina.
Życie każdego z nas to mapa, czasem sięgająca bardzo małego obszaru. Getto, dziewczynka i stary kartograf, czas i linie na kartce, skórze, ścianie. Piękna sztuka.
Un mapa es un mundo, es el mundo del que lo traza. Una obra de teatro escrita para ser leída de una sola sentada. Mayorga nos traslada al escenario de uno de los episodios más fatídicos de la historia: el gueto de Varsovia. La historia narra el ánimo de un anciano cartógrafo de crear un gran mapa, pero debido a su senectud le pide ayuda a una niña la cual accede a formar una parte fundamental de dicho proceso. Si bien es cierto que muchos podrán leer la obra como la simple historia de un cartógrafo, es impresionante la gran metáfora que se oculta bajo el concepto del mapa. Muchos mapas se creaban con el objetivo de que el enemigo no pudiese entenderlos, de hecho había hasta mapas que se creaban con el objetivo último de confundir al enemigo. El mapa es todo un mundo, un tesoro, es una de las mejores formas de representar la historia, como si de una cámara de fotos se tratase. De un mismo lugar pueden surgir cientos de mapas que se deben no solo al momento histórico y lugar geográfico, sino a la mente del propio cartógrafo. Es de lo más admirable la capacidad de Juan Mayorga de tomar un hilo narrativo que puede verse como simple, y dotarlo de una profundidad poética excepcional. Confieso que "El cartógrafo" ha adquirido un asiento fundamental en el salón de mis obras de teatro favoritas.
Texto editado tal cual se escribió: pensando directamente en su representación. Mayorga ofrece en esta obra otra cuenta más en el colgante que es su extensa dramaturgia. El cartógrafo trata de Blanca, una mujer que en la Varsovia actual anda a la caza de una leyenda: la del Anciano cartógrafo. Este, acompañado de una niña, se dedicó toda su vida a hacer mapas, el último el más importante; uno sobre el gueto y el horror de la Segunda Guerra Mundial. Mediante una estructura paralelística (cómo no en Mayorga), se oponen presente y pasado para hacernos remover en la butaca (o en casa) y lanzarnos preguntas. Y este texto ofrece la más incómoda, y a la vez más esperanzadora: tal vez vamos camino de repetir la Historia, pero hay que recordar que el mapa de la niña sigue vivo y eso implica que toda esa oscuridad termina por marcharse siempre que no nos impliquemos con los dominadores, los vencedores. No nos dice cómo hacerlo, simplemente nos explica que quizá sea mejor pensar por nosotros mismos.
El mapa de los vencidos es la voz de los que ya no pueden hablar y la barbarie debe ser combatida para que ellos no se pierdan en las corrientes del olvido.
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Esta es la primera obra que leo de Juan Mayorga, y me ha parecido maravillosa. La idea es muy original, todo gira en torno a los mapas.
Me ha parecido magnífico, porque en el contexto en el que se desarrolla, y la sorprendente historia que hay tras un mapa... La historia se basa en una época en la cuál los mapas se hacían a mano, y no a través de las nuevas tecnologías. Por tanto, los mapas no eran tan precisos como los son. Podías borrar una frontera y ponerla en otro sitio, y ese tipo de cosas.
En esta historia, los mapas son como fotografías, porque también explica una historia muy profunda acerca de la época.
Además, se lee bastante rápido. En una tarde te lo puedes leer entero.
Creo que no volveré a mirar un mapa antiguo de la misma manera.
Una obra teatral dinámica, que (como todo lo característico en lo que he leído de Mayorga) te obliga a estar atento en todo momento a través de la ausencia de acotaciones y de división en actos. Tiene un trasfondo filosófico-social importante, y en ella se ve la metáfora de la cartografía asociada al teatro, una disciplina que puede utilizarse como herramienta para denunciar fallos de la sociedad.
"Miras tu cuerpo y aparecen cosas. Personas, animales, palabras. Colores, fechas. Sonidos. Lugares. Madrid. Varsovia. Londres. Cosas que estaban separadas, aparecen juntas. Cosas olvidadas vuelven. [...] Se podría ir por el mundo dejando trozos del cuerpo."