Publicada entre 1872 y 1873 por medio de fascículos mensuales en una revista, “Unos Ojos Azules” fue la novela que consagro a Thomas Hardy como escritor y le proporciono fama. Además, se considera una obra de cierta relevancia en la historia de la literatura, porque no pocos estudiosos consideran que ahí surgió el término“cliffhanger” para designar una narrativa que hace un descanso o parón en un momento de suspenso e intriga, de esos que dejan al lector desesperado por saber como va a continuar la historia y que es lo que va a ser de los personajes. Porque es así como se quedaron los lectores victorianos al cierre del capitulo XXI, cuando uno de los personajes de la novela se quedaba literalmente"colgando de un acantilado" esperando el rescate.
En el entorno costero de Endelstow, la pacifica y anodina vida de Elfride Swancourt (la hija de 19 años del párroco local que apenas conoce el mundo exterior y la vida) se ve interrumpida por la aparición de Stephen Smith, un amable albañil que llega a la zona con el fin de restaurar varios edificios medievales. Los dos jóvenes se enamoran, pero los humildes orígenes de Stephen obligan a mantener la relación en secreto. Lo que Elfride no puede imaginarse es que, mientras Stephen trata de hacer fortuna en la India, ella terminará siendo el pináculo de un triángulo amoroso que incluirá al escritor Henry Kinght, amigo y tutor de Stephen.
La verdad es que mi trayectoria con las lecturas de las obras de Thomas Hardy es, cuanto menos, variada y curiosa. El primer libro que leí del celebre autor victoriano fue “Tess, la de los d'Urberville”, que no me gusto especialmente. Siempre he dicho que creo que esto se debe a que leí demasiado deprisa esta novela, cuando Hardy es un autor que requiere su tiempo y prestarle no poca atención; y luego, además he leído que la traducción de la edición que manejé no es bastante buena (como veréis más arriba, por lo visto, hay una especie de maldición en torno a las ediciones que leo de este autor). Sea como sea, lo cierto es que esa experiencia está ahí, y yo tengo muy pendiente releerme ese libro para ver si mi impresión cambia y mejora. Después de esto, estuve muchos años sin tocar Hardy. Hasta que llegaron en años consecutivos “El Alcalde de Casterbridge” y “Lejos del Mundanal Ruido”, ambas lecturas de cinco estrellas como cinco soles, estando en mi Top cinco de mejores lecturas de esos años. También leí y disfruté mucho, aunque menor medusa, de la polémica “Jude el Oscuro”. Así que, después de dos años, sin haberme animado a leer a Hardy, cogí “Unos Ojos Azules“ con bastantes ganas, expectativas, esperando encontrarme con una trama trágica y costumbrista, muy bien ambientada y con una historia que fluyera estupendamente, pero sin perder de vista el desarrollo de la personalidad de los caracteres.
Y sí, no voy a decir que no me haya encontrado eso. En “Unos Ojos Azules” he podido encontrarme con algunas de las mejores características literarias de Hardy como autor. Para empezar, incluso en sus inicios, su prosa era depurada y elegante. Su capacidad de hacer y recrear en entornos rurales ingleses y su capacidad de hacer descripciones plagas de simbolismo también está ya ahí, siendo soberbia y logrando que el lector se transporte perfectamente a la belleza no extensa de peligros de los acantilados de Castel Boterel, la serenidad de campiña costera del entorno de Endelstow de la misma forma que bullicioso vibrante y plagado de gente del Londres victoriano, la beatitud oscura y solemnemente opresora de un panteón familiar, la casa de una típica familia de baja extracción social inglesa. estas descripciones de entornos naturales, llenos de peligros y sorpresas, sirven como una suerte de aperitivo hacia los trágicos acontecimientos que marcarán los compases de la trama, anticipando los sentimientos y sensaciones de los personajes. Así, nos encontramos con una salvaje tormenta que simboliza la vorágine emocional en la que Elfride está sumergida. Esta técnica, típica de los autores románticos, viene acompañada de ciertos momentos proféticos que nos van dando una pista de por donde van a ir los oscuros designios de la obra. Como ese momento impagable de Elfride y Stephen sentados encima de la lápida de un antiguo pretendiente de la primera, cuya difusa presencia resultará vital en el futuro de los amantes…
En ciertos momentos ,la historia me ha recordado mucho a “Tess, la de los d'Urberville”, “Lejos del Mundanal Ruido” y “Jude el Oscuro”, e incluso a “Tess, la de los d'Urberville”, por las cosas que en ella ocurrían. Siento que quizás esta obra no sea tan ambiciosa como las otras que menciono, y que en varios momentos se nota que Hardy, aunque ya había escrito varias obras, aún era un autor, en cierto sentido, novel. Pero esta falta de pretensiones a mí me parece un plus a la hora de emprender la lectura, ya que se trata de una propuesta sencilla, fácil de seguir y en la que todos sus elementos, la mayor parte del tiempo, se conjuga para crear una historia solvente y que, normalmente, fluye muy bien.
Thomas Hardy pone sobre el tapete varios temas chocantes para la bien pensante y, aparentemente, timorata sociedad victoriana en la que le tocó vivir y publicar, especialmente relacionados con la eterna entre hombres y mujeres y las dificultades de las relaciones románticas. El autor nos habla, principalmente, de las ideas que los hombres tienen entorno a las mujeres, y del choque que supone descubrir que esos ideales no suelen ser reales. Los personajes de la obra son absoluta y profundamente humanos, Hardy nos lo presenta de una manera desprejuiciada, tratando de justificarles y explicando, dando mucha importancia a sus sentimientos y a la introspección, esforzándose por mostrarles como seres de carne y hueso que sufren y se equivocan, para nada perfectos, víctimas de sus propios impulsos y decisiones. Y eso da a toda la novela una patina de realismo y cercanía que para mí define muy bien lo que es un clásico: una obra que maneja temas imperecederos, y que por más años que pase, no perderá el interés para el lector. A todo esto también hay una fuerte crítica al rígido protocolo que marcaba las relaciones amorosas entre hombres y mujeres; a los prejuicios sociales que impedían que dos personas de diferentes extracciones pudieran casarse (y que nos lleva a una crítica a la falta de movilidad social y economica con la que muchos sujetos perfectamente hábiles y capaces se topaban) la posición de la mujer dentro del organigrama victoriano, que implicaba que ésta tuviera un papel sumiso y pasivo limitando sus libertades y dejando en un segundo plano, sus deseos más íntimos,, que la convertía, en la practica, en una niña mental y jurídicamente, siempre bajo el amparo de un protector masculino. Esas Pollitas están ahí, aunque a veces resulte difícil encontrarlas, para eso tienes que escarbar en muchos de los comentarios que hacen los personajes varones de la novela que, a día de hoy, sorprenden por lo misógino que resultan. No olvidemos que estamos ante un libro escrito en el siglo XIX, hijo y heredero de una forma de ser que era la imperante de la época.
La protagonista de la novela, Elfride, no me parece, ni de lejos, el mejor personaje femenino sacado de la pluma de Hardy. Es demasiado fluctuante como para llegar a comprenderla totalmente. Está compuesta con tantas paradojas que a veces resulta difícil pillarla el ritmo, pero al mismo tiempo esa es la esencia del personaje y lo que hace que brille por encima del resto del elenco de la novela Por más voluble que sea, uno siente cierta compasión por ella al ver como es víctima, ya no solo de unos prejuicios sociales contra los que ella no lucha, sino que trata de encajar en ellos. Y creo que eso, Hardy lo expone de una manera muy concisa y magistral. Incluso, aunque el personaje no me cayera bien, he cerrado el libro, sintiendo hasta pena por ella me pareció muy interesante como su carácter idealista y el de su primer pretendiente, Stephen, contrastan fuertemente contra la visión más férrea y pragmática del mundo que tienen otros caracteres de la novela, como Kinght, que mi opinión es uno de los personajes con mayor evolución de la trama. Elfride es víctima, ya no solo. de su propio carácter infantil e impulsivo, principalmente lo es de las figuras masculinas que la rodean, que enfocan en ella sus ideales y deseos, pero que cuando ven que no encaja en ellos, la acusan sin ningún tipo de compasión. Y esa es la gran tragedia de “Unos Ojos Azules”, que como en su momento me lo pareció “Lejos del Mundanal Ruido”, no es una novela romántica, sino que habla sobre el amor y las turbulentas relaciones humanas. Y es que, al fin de cuentas, la novela trata sobre el tema universal del amor, las locuras que nos hace cometer y como puede cambiar nuestra forma de ser y ver el mundo.
Entonces ¿cual ha sido mi problema con “Unos Ojos Azules“ ? Pues, aunque yo os anticipo que no me parece ni la mejor de Harvey, ni desde luego va a pasar como una de mis favoritas de este escritor, mi problema ha sido, ni más, ni menos, que la edición del tomo que he manejado, lo compré hace bastantes años en un mercadillo y es de una editorial Low Cost y aquí se puede decir que lo barato a veces sale caro, porque creo que voy a tener que comprarme el libro de otro sello. Porque esta edición me ha parecido horrible. Es del 2016, y sospecho que ya se usó para el trabajo de edición y traducción la IA por estas fechas tempranas, porque si no nos explica alguna de las cosas con las que me he encontrado. Errores gramaticales y topográficos varios, frases y párrafos traducidas de manera literal del inglés (había momentos que el verbo“ To Be” estaba traducido como “soy” cuando lo que pedía la traducción al español era “estar”y viceversa, por poneros algún ejemplo), nombres que en una misma página aparecían tanto en su versión inglesa como en la española, y párrafos enteros que no tenían ningún sentido gramatical o contextual, por lo que me ha tocado buscarme una audición del libro online gratuita para enterarme muchas veces de que era lo que estaba leyendo exactamente. No me considero una persona especialmente quisquillosa con estas cosas, poco que leáis mis reseñas, que yo misma meto muchos errores gramaticales y de ortografía, pero cuando me encuentro tantas , a veces en una misma página, en una libro que se supone que ha sido preparada por profesionales del sector, pues por más barata que me haya sido la compra eso me molesta. Y es una pena, porque el exterior del volumen no es para nada feo. Y porque creo que si no hubiera sido por este tema, el libro habría acabado teniendo cuatro estrellas y no las tres que le puesto al final. El problema ha sido que en encontrarme muchas veces con párrafos que no entendía del todo y con una traducción que, sin saber yo mucho del tema, me parecía muy farragosa, y me ha sacado de la lectura la mayor parte del tiempo que me ha durado. y me temo que por ello apenas la he podido saborear, como me hubiera gustado, o como creo que Hardy se merece.
Pero independientemente de eso, en las más de 400 páginas de la novela no he conseguido conectar nada, ni con la historia que nos propone Hardy, ni con sus personajes. Están muy bien desarrollados, los tres principales tienen una evolución detallada y fluida, y la gran capacidad del autor para manejar la psicología y darnos sus descripciones más íntimas es una de las mayores bazas de la lectura. Pero aún así, me ha faltado algo en el desarrollo de estos personajes, había ciertos puntos en los cuales no es que solo, como he dicho antes, no conectase nada con ellos, es que tampoco entendía muy bien que es lo que se proponían y buscaban, en ciertos momentos de la lectura me parecía todo demasiado embrollado o apenas bosquejado. Y es que siento que en este libro, a diferencia de cualquiera de los anteriores que he leído de Hardy, ese destino cruel y endémico que se ceba en torno a los protagonistas, creado piedra a piedra por sus propias decisiones y forma de ser, las rígidas costumbres sociales imperantes de la época y la mala suerte; ese sino al cual todos los caracteres nacidos de la pluma del autor parecen dramáticamente abocados; acaba yendo, en cierta forma, en el progreso de la trama y de los personajes. a veces me ha dado la impresión de que Hardy tenía en su cabeza una historia perfectamente trazada, pero que de alguna forma no ha terminado de lograr plasmarla sobre el papel y la tinta. En otros trabajos, sentía que se maléfico trágico a favor de la trama totalmente, que muchas de las crueles, coincidencias o actuaciones de satinadas de los personajes tenían sentido dentro de la historia. Aquí, en muchos momentos siento que los personajes han actuado de una manera arbitraria y sin mucho sentido.
Creo que en esto también ha tenido mucho que ver que la estructura de la novela haya estado supeditada a su publicación por capítulos en una revista mensual. En ciertos momentos he percibido que el autor intentaba alargar momentos que en menos frases y páginas podrían haberse liquidado con mayor soltura y brevedad, y hubieran aportado a la lectura más ligereza.
Para resumir, “ Unos Ojos Azules” es una obra llena de virtudes, pero también de muchos defectos. El genio de Thomas Hardy está ahí, pero aún le queda por pulirse plenamente. La carga de crítica hacia la sociedad de la época resulta un complemento perfecto para un triángulo amoroso sencillo, pero que es tratado con muchos matices y cuyo interés vital nace en las diferencias sociales e ideológicas de sus tres componentes, y en las terribles consecuencias que trae consigo. Qué pena que no haya podido disfrutar plenamente de una lectura con tanto potencial por culpa de lo que os he comentado…
En fin, espero y confío que mi próximo Hardy me guste más. O por lo menos que este mejor editado.