?Els contes de Pàmies són com petits vasos d?alcohol molt fort, molt sec, que ens empassen d?un golp les nits de spleen per donar una mica de color i de calor a l?existència?. PIERRE LEPAPE, Le Monde (París) ?Amb un humor que se situa entre l non sense i l?absurd, Sergi Pàmies explora el buit de l?existència?. Libération (París) ?Pàmies ens situa enmig de l?absurd quotidià, sense caure en un pessimisme fàcil. Partint del principi que tragèdia i comédia van juntes, aconsegueix que el riure a vegades se?ns glaci (com ha de ser!), i això fa que alguna cosa se?ns posi en marxa a dins?. ANDREAS WESCH, Tranvia (Berlín) ?Infecció és un molt bon segon llibre, que ve a confirmar les esperances que la crítica havia posat en el seu autor?. JOSEP-ANTON FERNÁNDEZ, Revista de Catalunya ?Econòmica i efectiva, en la prosa de Pàmies no hi ha res de gratuït. Té un estil directe, irreprotxable. Utilitza esplèndidament l?elipsi, una frase arrossega implacablement l?altra, la veu narrativa és perillosament seductora, penetra i s?estén a l?esperit del lector com la més fulminant de les infeccions...? VICTOR M. AMELA, La Vanguardia ?Sergi Pàmies confirma, amb Infecció, que és la més vigorosa de les plomes que ha estrenat últimament la literatura del país?. PATRÍCIA GABANCHO, Diari de Barcelona
Sergi Pàmies i Bertran (París, 1960) es un narrador francès en llengua catalana. Traductor de llibres i escriptor d'articles de premsa, actualment al diari La Vanguardia. És fill de Teresa Pàmies i Gregorio López Raimundo. Ha escrit diversos contes i novel·les. Ha traduït obres de Guillaume Apollinaire, Agota Kristof, Jean-Philippe Toussaint, Frédéric Beigbeder, Amélie Nothomb i Daniel Pennac. També ha col·laborat en premsa i participat en espais radiofònics, de vegades en col·laboració amb Quim Monzó.
Rappers have a famous motto they like to repeat, "Started from the bottom now I'm here" which speaks about their humble beginnings in status and technique. Sergi Pàmies is no rapper, and he shows it by delivering an excellent second short stories collection.
In my reviews for his other books, for example in L'art de portar gavardina or La gran novel·la sobre Barcelona I emphasize Sergi's art for using its subtle irony and well delivered and outspoken prose, combining it with his romantic bitterness and autobiographical memoirs. None of the latter is shown in this collection, which permits the reader to explore some of his best urban fiction and its irreverent humor which would later develop further.
There are a great number of stories worth mentioning in this collection, but were I to chose, I would probably state the L'ànima del Llobarro, El Nyu and La Muntanya Russa are its finest ones.
If you love short stories, or if you love stories at all, this book may be one hidden little gem that you will take for much longer that its reading time.
Què puc dir? Este recull simplement m'ha servit per recordar que Sergi Pàmies és un dels grans escriptors de narrativa curta que tenim a l'actualitat. Tot i així sempre acaba sorprenent.
Lo leí del tirón en el avión a Roma y lo disfruté tanto tanto... Me ha gustado muchísimo, me ha encantado. Creo que desde que leí Manual para mujeres de la limpieza, de Lucia Berlín, y Los cuentos escogidos de Shirley Jackson, no me habían gustado tanto unos cuentos. Los relatos de Pàmies son brillantes, agudos, divertidos, ingeniosos y están muy bien escritos. Sé que la expresión «muy bien escritos» puede parecer simplona, pero es que esto es algo que, ahora mismo, muy pocas veces se puede escribir así de rotundo sin mentir. Pàmies maneja el lenguaje como le da la gana y lo utiliza para llevarte a lugares que, antes de leer su cuento, nunca en tu vida habías imaginado. Parte de una situación normal, cotidiana, prosaica, algo incluso simplón y puede que hasta ridículo en su nimiedad, para de ahí, poco a poco, ir construyendo una ficción tan extrema y extraña que al salir del cuento dices: «Vaya viaje…», pero te descubres con una sonrisa en la cara y queriendo contárselo a alguien. Me ha recordado un poco a David Foster Wallace por ese uso de la cotidianeidad, de elementos conocidos como las calles, las personas, las situaciones, de una manera completamente nueva y diferente. Es como si al entrar en una habitación todo lo que hay en ella fuera conocido pero todo estuviera utilizado de una manera que jamás habías imaginado: sillas como tenedores, platos como alfombras, lámparas como sofás. ¿Extraño? Extrañísimo. ¿Interesante? Mucho. Si además todo presenta una armonía, en este caso de lenguaje, y una belleza inesperada... ¿Qué más le puedes pedir a un cuento? Ya te lo digo yo: nada.
El otro día lo comentaba con una amiga: estoy harta de novelas de autoficción ancladas en una realidad a la que le falta ponerle el nombre y apellido del autor y de su novio, novia, ex marido, jefe o amante para saber que te están contando su vida. Me encanta la literatura basada en la vida de los escritores, adoro a Roth, a Richard Ford, a Auster, a Natalia Ginzburg, a Jean Paul Dubois y a muchos otros que usan su vida para construir literatura, pero no puedo más con gente que cree que su vida es literatura. Por eso me ha gustado Pàmies, porque ahí no hay nada de vida, todo es ficción llevada al extremo y, además de todo lo comentado, con un sentido del humor maravilloso. No puedo más tampoco con intensidades y el continuo «drama de vivir». No pido carcajadas y chiste fácil, pero quiero ironía e ingenio y sentido del humor, quiero que lo que leo me lleve a un sitio que no conozco, que no imagino, no a mi armario de los tuppers. No me había dado cuenta de que echaba tanto de menos el sentido del humor hasta que leí Infección y pensé: qué gusto.
Contaba en los encadenados de febrero que en uno de los libros había una faja en la que Sergio del Molino comentaba algo como «desde la primera página sabía que era una obra maestra». Eso es lo que me pasó a mi con Infección; tras el primer relato, que se llama El alma de la lubina, pensé: «Joder, qué bueno es esto».
«Cada vez que intenta escribir, dibuja. Se sienta, toma la estilográfica, piensa en la primera palabra para empezar un cuento, pero, cuando toca la hoja en blanco, la mano se le escapa».
Aún así no me confié, porque con los relatos nunca sabes si han puesto el bueno al principio para engancharte y desde ahí todo va ir a peor. En Infección todos son buenos aunque, por supuesto, si tuviera que hacer un ranking tendría clara mis preferencias. Podría seguir escribiendo sobre Infección pero no quiero extenderme más. Solo dejo aquí otra muestra de la maestría de Pàmies, en este caso con esta descripción que hace en el relato Fosforescencia de esos primeros besos que te das con alguien, cuando solo tocarte te provoca un millón de escalofríos.
«Cuando dos lenguas se abrazan como si hiciese mucho tiempo que no se hubieran visto ¿cómo se dice?, se pregunta. Cuando las bocas, los cuerpos, son vestíbulos de hotel con millares de personas que corren, que reclaman, que se saludan, que pierden la maleta, que dejan mensajes en recepción, que celebran el nacimiento de un hijo, la victoria de un equipo, el regreso de un amigo, la llegada del primer hombre a la luna, ¿cómo se dice?»
Corred a Wallapop o la biblioteca y leed Infección.
Otro libro que rescato de mi biblioteca tras leer por aquí una reseña. Hacía más de 20 años que lo había leído, y aunque ha sido muy extraño leerlo en papel (qué letra más pequeña, qué difícil leerlo sin la luz adecuada...cómo me podía apañar entonces), ha resultado muy gratificante.
Este Sergi Pàmies inicial me recuerda muchísimo al Monzó debutante. De hecho, creo que son la misma persona, o hermanos separados al nacer, o que al agua de Barcelona le echaron algo en aquella época para que salieran dos autores así. Y me pregunto si se conocerán mucho y si se han encontrado en un bar y han hablado de "por qué no hacemos un libro de cuentos con tal y cual cosa".
El caso es que el libro es tan breve como disfrutón. Pequeños relatos que dan una vuelta de tuerca a situaciones cotidianas. Pequeñas joyas a las que recurrir sin necesidad de que pasen 20 años.
Y ya paro, que me voy a beber una botella de Vichy Catalán, a ver si se me pega algo de la prosa catalana.