Este libro es un emocionante homenaje a los bloques de edificios que rodean Barcelona, y a los que la ciudad ha dado la espalda. A través de un paisaje autobiográfico, pero intercambiable con el de todas las ciudades del mundo, el autor descubre escenas de sí mismo, e historias épicas y conmovedoras. Para ello recorre sus calles, la orilla del río Besòs y la playa al pie de la central térmica paseando con su madre. Le salen al encuentro los fantasmas de los antiguos amigos y vecinos, las colas del paro, el impacto de las primeras superficies comerciales, los conciertos en los campos de fútbol, las luchas vecinales y las huelgas obreras. Las conquistas y las derrotas de una generación que llegó a Barcelona venida de mil sitios. Memoria personal y crónica de urgencia con su hermosísima aleación de humor y poesía, este libro es también un ajuste de cuentas y una indagación en busca de una identidad que, al final, el autor va a descubrir en la voz de su madre.
Javier Pérez Andújar (Sant Adrià de Besòs, 1965), licenciado en filología hispánica por la Universidad de Barcelona, es autor de novelas y ensayista. Ha editado y prologado las antologías de relatos fantásticos Vosotros los que leéis aún estáis entre los vivos y La vida no vale nada (Círculo de Lectores, 2005 y 2008). Ha trabajado también en las revistas Taifa, Ajoblanco y el fanzine Mondo Brutto así como en los programas de televisión Saló de Lectura (Barcelona Televisió) y L’Hora del Lector (Televisió de Catalunya). Colabora en la edición catalana de El País. En 2014 recibe el premio Ciutat de Barcelona de medios de comunicación.
Me ha dejado un poco triste la lectura de este estupendo libro, quizás contagio de la tristeza que sintió el autor al escribirlo o que incluso le llevó a escribirlo. Si en Los príncipes valientes se rememoraba con toda la magia de la niñez una época dura pero entrañable, en Paseos con mi madre el autor evoca el pasado desde los restos de él que han quedado en el presente y el balance es desalentador. Entre una época que agoniza y de la que no quiere formar parte y una sociedad actual en la que no ha logrado encontrar su sitio, el autor se refugia en el único reino al que siempre ha pertenecido: el de la palabra. Quien alguna vez haya sufrido algún tipo de desarraigo, conocerá bien el consuelo que el idioma y los libros pueden ofrecer a la persona errante.
Lección de historia del extrarradio de Barcelona de los 70 con referencias muy cuidadas a escritores, arquitectos, políticos y ciudadanos de la época (una pena haber echado de menos las referencias de todas ellas, que también fueron y estuvieron). Como protagonista principal, la lucha continua de la clase obrera. Reflexiones de clase suuuuuper interesantes que invitan a dejar de romantizar la precariedad de nuestra sociedad.
"Pero lo que ocurre es que cuando hablo en cualquier idioma que no es el mío me veo en el exilio y creo que lo que digo no es tan preciso ni tan cierto como si lo dijera a mi manera. No utilizaré el catalán porque yo no quiero hablar para comunicarme, eso es lo de menos. Yo hablo para repetir las mismas palabras que le he oído a mi madre. Creeré más en el habla que en los idiomas como creo más en la gente que en los países. El habla es de todos, todo el mundo tiene derecho a hablar un idioma, el materno o cualquier otro, y cada cual lo hace como sabe o como quiere. (...) Mi castellano estará más cerca del nusaltrus de los viejos de San Adrián que de los tribunales lingüísticos que otorgan el título de catalán. Va a estar más cerca mi castellano del estógamo y del no sus vayáis de mi familia, que de mi título de licenciatura en hispánicas. Antes que a ningún país, voy a pertenecer a una paisajística. Antes que de ningún idioma, voy a ser de cómo la gente habla."
Lo que me identifica de este libro no es lo que se habla de Barcelona y de sus alrededores, sino lo que se habla de unos alrededores que son de todas partes, y la idea de haber crecido en un mundo del que ya no existe nada. En mi caso, ni una madre ni una casa a la que volver. Solo el sofá de mi abuela y un trozo de mi tribu es lo que me queda, pero están tan lejos.
A menudo he oído eso de que la verdadera patria del hombre es su infancias. Creo que es un dicho muy acertado: echamos de menos el barrio en que nacimos, los amigos junto a los que crecimos, el colegio en el que aprendimos a leer,... La trampa está en que no podemos volver a ninguno de esos lugares comunes y que sólo existe la huella de nuestra memoria. Y esto es así tanto si estamos en Sant Adrià como en uno de los barrios de Barcelona o cualquier otro lugar del planeta. El autor escribe muy bien y aunque no nos dijera que ama el lenguaje y las palabras ya lo habríamos deducido a los pocos párrafos. El problema que he tenido con este libro es emocional. Porque la misma Barcelona que repele activamente a este autor lleva dos/tres generaciones acogiendo a las dos ramas de mi familia desde sus raíces rurales. Llevo toda la vida oyendo a mis mayores eso de que "Antes aquí..." en un fondo de nostalgia y yo misma hace tiempo que paseo por sus calles pensando "Antes aquí...", pero aunque no es igual sí que mantiene una evolución coherente. Esto es lo que me ha impedido identificarme con la voz narrativa de la novela. Me ha gustado conocer un punto de vista diferente y ver lugares comunes con ojos prestados, pero no he podido entrar en el libro todo lo que hubiera querido. Lo que sí he disfrutado ha sido la prosa de la novela. Recomendable.
"El espacio como soledad, eso es lo que une a estos paísajes con las pinturas de Hopper. Pero aquí lo que se ve, en vez de oficinistas solitarios, es a los mecánicos que salen un momento de la penumbra de su taller y de repente les da todo el sol en los ojos, en la cara, igual que al convaleciente que después de mucho tiempo ingresado le dan el alta. En este lugar va todo el mundo vestido de mono color azul trabajo. Pantalones con manchas de grasa, cazadoras agujereadas por las chispas de las soldaduras, bambas rajadas. El ruido de las calles es el de los golpes metálicos, el vendaval industrial, la sirena proletaria que aúlla como los lobos, el mesiánico zumbido de los convenios colectivos. Pero a veces, también se oye a alguien silbar una canción. Huele por todas partes a disolvente, a gasolina, a aceite, a madera quemada. Por las aceras desniveladas, hundidas por el peso de los camiones que se suben a ellas, se suceden los postes de la luz desar bolados como palos de buques fantasmas. Todo son talleres de molduras, de estampación y troquelados, de soluciones en termoplástico, almacenes de neumáticos. Un perro negro que ladra a la puerta de una pequeña fábrica. Los bares que anuncian sus menús económicos. Pero antes todo esto eran campos de remolachas, de trigo, de alfalfa."
Mi último descubrimiento del año. Paseos con mi madre, de Pérez Andujar. El autor nos habla de una época en la que todo estaba por construir, desde las primeras elecciones hasta los primeros centros comerciales. http://convistasalhorizonte.blogspot....
Libro favorito de Josbel. Qué bonito está escrito y de qué manera tan chula describe la relación de un habitante de barrio periférico con la propia Barcelona. Lo he querido subrayar absolutamente todo. Qué ente más extraño y violento puede llegar ser una gran ciudad.
"El tiempo literario contiene aún más relatividad que el de la física. El tiempo no importa porque se ha desarticulado; porque todo, presente, pasado y futuro, está ocurriendo o siendo a la vez, y de esa manera hay que escribirlo". Y pocos ejemplos mejores que este libro, para demostrar esto que el autor afirma. Pérez Andújar elabora una memoria sentimental de su vida en esa Barcelona que está a un viaje en autobús, pero que a la vez se pierde a lo lejos en disquisiciones socioeconómicas "En Barcelona, ser catalán consiste más en pertenecer a un estatus social que en pertenecer a un país. Me dará vergüenza ser catalán como me va dar vergüenza ponerme corbata. Eso son cosas que no se hacían en mi casa". La prosa de este ensayo va y viene como una memoria fragmentaria, ramalazos y sensaciones, historias propias o de otros, todo entremezclado en un paseo por su barrio, por la ciudad y por el pasado, buscando a las gentes más que a los países, buscando el "habla" más que el idioma, así debe ser a la hora de tratar tantas inquietudes y vivencias tan dispares como el autor va narrando. Una crónica personal y social con las formas de algo así como un Trapiello, pero más punk-rockero y de Philip K. Dick que del Rastro y de Galdós, aunque ambos enfoques quizá no sean tan distintos. El joven Javier es de aquellos cuyos padres, obreros que emigraron, les incitaron a estudiar para salir de aquel San Adrián de los ochenta, pero el muchacho, a la vez que empollaba el canon académico, buscaba la vuelta a la Andalucía humilde de sus antepasados, sintiéndose rechazado por aquella Barcelona que ya definió Josep Pla "En [...] si tenéis la simpatía suficiente, podéis entrar en una sociedad o en otra, aunque no tengáis dinero. En Barcelona, si no tenéis dinero, por muchos atractivos que poseáis, os será muy difícil.". Así vemos pasar por estas páginas músicas, tebeos, películas, novelas, poesía, drogas, política, trabajos, calles, barrios y gentes que van entrando y saliendo de la vida del narrador, al mismo tiempo que éste propone sus teorías sobre la importancia de estas cosas, que van calando y sedimentándose en la personalidad, formándonos poco a poco, como el delta de un río antes de llegar al mar, que aquí, no es el morir.
Me leí este libro hace ya unos años, comprado en la edición de bolsillo de Tusquets junto a "Catalanes todos" del mismo autor. Creo que puede que incluso lo viera recomendado en alguno de los últimos programas de Dragó en Telemadrid, si no fue éste, el de "Catalanes todos" seguro que si. Aquel título me llamó la atención sobre un escritor barcelonés que parecía no querer vivir de la subvención nacionalista, rara Avis, así que le dí la oportunidad. Hasta le tuve en Facebook por un tiempo, luego desapareció, o al menos para mi perfil.
Aquella primera lectura me impresionó bastante. Generacionalmente el autor es algo mayor que yo, pero alguna de las cosas que cuenta yo las vi sin vivirlas, seguramente sin comprenderlas, pero un "runrún" de aquello se me quedó y ahora lo revivo gracias a la prosa desbordada de un autor a contracorriente, que sigue en activo y del que hay mucho "estilo" que aprender. Seguiré con su obra.
Quien conozca a JPA sabe que detrás de esos ojos traviesos y brillantes se esconde una curiosidad insaciable y un gran, gran talento. Quien le haya oído hablar, cuando se suelta, sabrá de la avalancha de ideas entrelazadas del modo más estrambótico que es capaz de improvisar gracias al tremendo bagaje que lleva a cuestas: vivencias, lecturas, gente, películas, música… y siempre el espíritu combativo, valiente, digno.
Esta breve recopilación de escritos no son relatos ni artículos sino una suerte de diario de inquietudes, una crónica emocional, dónde JPA se muestra más que nunca, dónde plasma sus sentimientos. Es una obra de ficción, (ya que los sentimientos no buscan reflejar la realidad) y precisamente por ser ficción es lo más verdadero. JPA pasea con su madre buscando sus raíces, pasea cerca de los paisajes de su infancia y adolescencia, pasea en la Barcelona que ama y odia como tantos de los que vivimos en ella, pasea por los paisajes que nunca nadie enseña, pasea por su historia particular y nos transmite el estupor, la indignación, el asombro. Relatos algunos más hilvanados, mientras que otros fluyen en ese discurso atropellado que le conocemos, un fraseo infestado de aforismos rebeldes y de sentencias implacables. La sensación de inmediatez está enfatizada por la utilización del futuro simple en la mayor parte del libro. Él declara que el las formas verbales en pasado le sonaban repipis y no sabía exactamente como enfocar este proyecto sin renunciar a su estilo, así que se dedicó a leer a Proust y ahí encontró la musicalidad que le iba como anillo al dedo. Como alguien destacó en la presentación de La Central, una segunda lectura nos permite disfrutar, descubrir, profundizar, en la poética de JPA. Porque JPA es un poeta, que no lo dude nadie. Y un humorista, que en realidad no deja de ser lo mismo.
Aunque a veces se presente como novela, Paseos con mi madre es más bien una serie de crónicas memorialísticas sobre el extrarradio de Barcelona en los años 80, donde salen las luchas obreras, los referentes culturales de la clase trabajadora, la contaminación del Besòs, las manifestaciones, los tebeos españoles, el transporte público, los maderos dale que te pego... Había leído antes Los príncipes valientes, y creo que este me gusta más, quizá en parte por haber renunciado al subterfugio novelístico. A alguien que haya crecido en unas coordenadas espaciotemporales muy diferentes es probable que le resulte menos accesible, o menos interesante, pero no creo que nadie deje de reconocer en el autor a un observador fino y a un estilista deslumbrante.
"Yo también querré regresar a un país o a un lugar que no existe, pero de donde proceden las almas con las que me he criado. Mi bosque de los espíritus va a ser San Adrián, esto es lo que estoy diciendo todo el rato y para eso escribo este libro. Pero cada vez que vuelva al bosque, lo que encontraré serán edificios nuevos y mucha gente que no conozco". La periferia, el extrarradio, la nostalgia y el sentimiento de pertenencia. Qué es pertenecer a un sitio. Reflexiona sobre encuadrarse en ideas, conceptos, recuerdos, momentos, ... Y sobre no pertenecer a nada.
Me costó entrar en este libro, pero Javier Pérez Andújar te lleva de la mano para que visites el mundo tan personal que crea en él. No tengo vínculos con la atmósfera de Barcelona, pero Andújar es un mago de las palabras y logra transmitir la identidad de estos barrios, de la juventud inmigrante que no se siente de ningún sitio, el urbanismo implacable que transmuta con los años. Todo esto se palpa y se siente al leer a Andújar.
"A la orilla del mar las olas se desmayan como náufragos que acaban de llegar a tierra. Vuela las gaviotas entre las tres chimeneas de la central eléctrica, y parece que estemos delante de esas estrellas que se apagaron hace millones de años pero que todavía se siguen viendo. O quizá delante de las tres letras del TBO convertidas en monumento. Han dejado clavada una vara en la arena igual que queda una jabalina hincada en un animal agonizante. En la tierra las barcas de los pescadores llevan siglos bocabajo. El sol del mediodía caldea el viento frío que viene del mar y pasa igual que un fantasma entre nosotros. La carcoma se va comiendo la madera de las barcas".
"Se anda como se escribe. Desde el primer día andaré por Barcelona extraño como alguien que ha llegado del campo. (...) Y el paisaje del barrio se me irá enganchando en los ojos, se me meterá en los huesos como va calando este frío húmedo de la ciudad".
Cuántas veces hemos conducido por delante de Ciudad Meridiana, el Bon Pastor o Sant Andreu? Tal vez miles. Y cuántas veces hemos salido de la autopista y nos hemos adentrado entre sus calles? Javier Pérez Andújar, gran persona, profesor y escritor siente que está más cerca de Nueva York, el Nueva York de las películas, que de Barcelona. O más cerca de Hospitalet, Hospitalet de sus amigas de la adolescencia que de Barcelona. Allí le harán sentir un extraño con su chupa de barrio. Su mundo es Sant Andreu, el curso del Besos y sus laderas. Para ser de Barcelona, para poderte creer de Barcelona se necesitan generaciones.
No pertenezco a este mundo de los bloques, pero siempre lo he tenido cerca y siempre me ha picado la curiosidad. El libro es muy poético y muy interesante, a ratos incluso fascinante, pero no esperaba estas altas dosis de resentimiento que traspúan ciertos párrafos, incluso cierto etnicismo frente a lo catalán. Por supuesto que formar parte de una familia de emigrantes en uno de estos barrios debe generar ciertas frustraciones, pero son muchos los que han podido progresar en esta tierra, el autor el primero.
El libro que estaba pendiente, me he hartado de regalarlo: el retrato de nuestra "inexistente" generación... los charnegos, como él mismo, que multiplicaron su formación respecto a la de sus padres, y llegaron a codearse con la élite catalana, que nunca les concedió ser uno de ellos. El equilibrio imposible entre una familia trabajadora, inmigrante y sin formación, pero que habita un mundo real, y el mundo de la cultureta catalana en una sociedad pudiente, etérea y pretenciosa donde ni se entiende el talento ni se vé más allá de los cuatro prejuicios ancestrales.
Ensayos y nostalgias de los extrarradios de Barcelona, de sus polígonos, de sus sindicalistas, de sus edificios como monstruos lobotomizados y de lo que significa pertenecer. No es la lectura más cautivante, y he tardado mucho en acabarlo. Pero la prosa de Javier Pérez es fina, metafórica, y está llena de citas que me llevo conmigo.
Este libro me gusta porque cuenta una historia muy poco tratada y muy interesante, la de la inmigración española en Barcelona. El autor, nacido en Sant Adrià de padres granadinos, nos cuenta su vida en el extrarradio.
Va a ser leyendo los Escritos corsarios de Pasolini, leyendo Los empleados de Kracauer, la manera en que vaya politizándome. Más que adscrito a una corriente o a una ideología, permaneceré fiel a un sentimiento. Seré antes de un puñado de libros que de un partido
me ha encantado la forma de narrar, por no decir las reflexiones tan importantes para momentos como los que estamos viviendo hoy en día con el auge de la inmigración, los idiomas que vienen y van al igual que sus gentes.
Un magnifico paseo por la Barcelona que a veces nos quieren ocultar. Hay muchas referencias reflexiones e incluso algun ajuste de cuentas. una lectura que deberia ser obligada, para muchos.
A la manera umbraliana, la Travesía de San Adrián de Pérez Andújar, con el solitario (que no es de partido sino de un sentimiento) y el desclasado descubriéndose en el paseo.
[…] La noche es esperar. El barrio es esperar. Esperaré leyendo a que todo pase, y así sigo con los libros abiertos de par en par, la casa llena de libros como el reloj de arena lleno de arena.
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[…] Una biblioteca significa para un barrio lo que la selva del Amazonas supone para todo el planeta. La gente va a respirar a través de los hojas de sus libros abierto como pulmones.
Un buen libro, pero no ha sido escrito para mí. Es un libro que encantará a otro tipo de lector, pero por desgracia a mí no me ha dicho nada. Noto la calidad, y las emociones que puede despertar, pero las situaciones y paisajes descritos a mi me han resultado lejanos y no he conseguido conectar con las emociones que se intuyen en la lectura.