Poco antes de que El Vaticano enviara a Chile la condena contra Fernando Karadima por abusos sexuales, dos obispos chilenos viajaron hasta Roma para reunirse con el ex secretario de Estado vaticano; Angelo Sodano, uno de los hombres más poderosos de la curia. Su misión: transmitir que el cardenal Francisco Javier Errázuriz había perdido el control de la Iglesia de Santiago e impedir que Karadima fuese declarado culpable.
La gestión fue inútil, pero ilustra cuán lejos llegó el círculo del ex párroco de El Bosque para protegerlo y cuánto poder acumuló este cura en los cincuenta años en los que enquistó una verdadera secta en la Iglesia chilena.
Gracias a esa red de protección, Karadima se sintió seguro por décadas. No sólo para abusar de los jóvenes que confiaban en su santidad. También para desviar donativos de los feligreses y amasar una millonaria fortuna que gastó en inmuebles, viajes y pago de favores.
Los autores de este libro, quienes siguieron desde un inicio el caso, revelan aquí quiénes integran ese círculo que ha seguido aliado de Karadima y su campaña para acallar y desacreditar a los denunciantes. Luego de realizar cerca de 150 entrevistas -muchas de ellas exclusivas- y revisar todos los procesos en que Karadima fue investigado, los autores reconstruyen el desconocido pasado del sacerdote, destruyen el mito de su cercanía con Alberto Hurtado, explican cómo se erigió en el cura favorito de la elite y revelan escandalosos episodios ocurridos en su habitación, ahí donde Karadima desplegaba sus perversiones y humillaba a los que se atrevían a confrontarlo.
Los autores detallan también cuán profunda fue la negligencia de la Iglesia chilena que durante seis años no hizo nada para contener los abusos del ex párroco, a pesar de las directas advertencias que laicos y religiosos hicieron ante el cardenal Errázuriz y otros miembros del clero.
Se trata, sin duda, de la investigación periodística más completa y definitiva sobre el mayor escándalo que ha remecido a la Iglesia Católica chilena. Un estremecedor viaje a las profundidades del mal.
Hay que echarle ganas para terminar estos libros, indignan, asquean y sobre todo asombran. Justo cuando piensas que lo que cuentan no puede empeorar, te sorprenden con algo aún más terrible. Karadima a esta altura no necesita presentación, mucho se ha hablado de la verdadera secta que lideraba, aun así no deja de consternar el grado casi absoluto de control que por caso 50 años tuvo de todo, forjo una fortuna solo para él y forjo un ejército de sacerdotes y laicos ciegos a otra obediencia que no fuera la suya. Mucho se ha hablado de la valentía de los denunciantes varones y claro que hace falta mucha valentía. Pero fue una mujer que derribó su imperio, Verónica Miranda fue la que luchó incansablemente para que otros jóvenes no cayeran en sus garras como cayó su exesposo. Este es “solo” el casos más infame de Iglesia Católica chilena, siempre atenta la moral y la espiritualidad de los feligreses, pero ciega y permisiva con sus propios curas. A nivel mundial los casos son innumerables. Podría seguir con el libro sobre Cristián Precht, pero el estómago no me da para tanto.
Una investigación seria, pero a la vez muy emotiva sobre el proceso que vivieron las víctimas de Karadima y las dificultades para lograr un poco de justicia y reconocimiento.
En lo personal, me sorprendió la figura de Verónica Miranda, a quien encontré realmente una heroína. Si esta fuera una novela, sería mi personaje favorito. Sin embargo, no lo es y sólo queda celebrar su tremenda valentía, así como la de todas las demás víctimas.
Un libro espectacular de periodismo de investigación sobre uno de los casos que sacudieron Chile en la década pasada y que hasta hoy tiene sus consecuencias.