Mi nota es un 3/10.
Cuando me recomendaron El último soltero de Nueva York en 1995, lo pintaron como una de esas comedias románticas imprescindibles, algo que todos debíamos leer en esa época. Sin embargo, al terminar el libro, me di cuenta de que había sido uno de los mayores fiascos literarios que he experimentado.
La premisa, a primera vista, parecía prometedora: un soltero empedernido en Nueva York que se enfrenta a su miedo al compromiso mientras navega por el caótico mundo de las citas. Pero, lamentablemente, la ejecución dejó mucho que desear. Los personajes son increíblemente planos, especialmente Jake, quien supuestamente debería ser un protagonista carismático. En lugar de sentir simpatía por él, terminé exasperado con su comportamiento predecible y su total falta de crecimiento emocional.
La trama es predecible hasta el extremo. Desde el primer momento, puedes adivinar exactamente lo que va a pasar. Todo sigue el mismo patrón que cualquier comedia romántica básica, pero sin el encanto o la chispa que podría haber salvado la historia. Cada intento de humor se siente forzado y las situaciones cómicas simplemente no funcionan.
Además, los personajes secundarios son igualmente aburridos, sin profundidad ni desarrollo alguno. Se presentan como meros accesorios de Jake, sin aportar nada significativo a la historia. Me encontré avanzando las páginas rápidamente, no porque la historia fuera emocionante, sino porque solo quería terminar el libro lo más pronto posible.
Lo más decepcionante de todo es que se me recomendó este libro como "una gran lectura". Después de escuchar tanto al respecto, esperaba mucho más, especialmente en una década en la que se estaban publicando historias románticas más frescas e interesantes. En lugar de eso, me encontré con un relato insulso y olvidable.
En resumen, El último soltero de Nueva York no solo fue una decepción, sino uno de los peores libros que he leído. Si estás buscando una comedia romántica que realmente te enganche, te sugiero que busques en otro lado. Este es un libro que hubiera preferido saltarme.