A Pacho Naranjo, dueño de una librería de segunda en el decadente pasaje Veracruz en el centro de Bogotá, le habría gustado ser un pirata inglés del siglo XVIII. A falta de una costa cercana, se volvió pirata de libros, negocio al que entró en compañía de Alejandro, su mejor amigo, y que ya cumplidos los cincuenta años, le proporciona una buena vida y no poco tiempo libre. Por eso, y para redimir sus sueños infantiles, Pacho escribió una novela más bien inocente, en la que cada bandido de ultramar corresponde claramente a un personaje de su vida real, él mismo incluido bajo la máscara del valeroso capitán Dampier. Teniendo una imprenta propia, Pacho no tuvo que salir en busca de un editor para su historia, sino que la publicó él mismo, con el sello de Alfaguara. La novela se vendió sorpresivamente bien porque la gente supuso que la Novela pirata, que es como Pacho tituló su historia, tendría que ser tremendamente popular si ya la habían pirateado, como suele ser el caso. Los editores de Alfaguara, al ver que en las listas de los libros más vendidos había una novela editada por ellos que jamás habían leído, decidieron no tomar medidas legales sino hacerse con una parte de las ganancias publicando la edición original de la novela, que en realidad era la versión pirata si se tiene en cuenta que la edición pirata de Pacho, siendo que había salido primero, era en realidad la original. Pero lo que el Destino le reservaba, a él, que había pasado tantos años dedicado a esa dudosa forma del crimen, no era ni la gloria literaria ni la gloria del amor, sino una gloria triste y relativa, poco digna de un pirata de parche y espada, y ciertamente mucho menos novelesca.
Es una dicha extraña cuando la literatura es una fiesta, un gozo de ingenio, una celebración a la creatividad. Matías Godoy consigue un texto donde el humor saca a bailar la imaginación, y logra conquistar a un lector entretenido que pasará las páginas una, tras otra, tras otra, de carcajada en carcajada y de sorpresa en sorpresa.
Las glorias es un relato ocupado en el centro por la amistad (y la enemistad, como retrato en negativo de ésta). Cuenta la historia de los libreros de viejo de Bogotá, de los libros piratas vendidos en las esquinas. Cuenta, con tremendo humor, las vidas viejas de los viejos felices en sus rutinas, capaces de haber conquistado en el tedio algo parecido a la felicidad. El mérito mayor en esta novela es la ausencia tanto de héroes como de antihéroes. Sus personajes son corrientes y hermosos, en lugar de los manjares de la alta cocina, o las porquerías suculentas sólo a base de hambre, puros pasteles gloria: la belleza gris de la sencillez.
Hay una novela dentro de la novela, y un ejercicio parecido a la meta-metaliteratura. Hay un juego, además, donde Alejandro y Pacho pasan a ser máscaras de Alexander y Francis pero también máscaras de Matías y un amigo anónimo. Hay una decisión firme de romper con el consejo de Quiroga y escribir pensando en aquellas personas portadoras de nuestro cariño. La fuerza de Godoy está en la capacidad de ternura de los personajes, en su capacidad de ternura para no burlarse nunca de esas existencias en el límite de lo patético que ha escrito.
No es más, vale la pena leerla, no toma más de un par de días. Y es creativa, y un ave extraña en el vuelo de la literatura colombiana actual. Dénle el chance si se la cruzan, más de una sonrisa encontrarán en el proceso.
Cerraba ya el texto y una última idea acudió. Otro nombre, más bien. Otra referencia para que los lectores puedan hacerse una idea. Matías Godoy hace aquí juegos de lenguaje y propuestas de situaciones similares a las que usa Eduardo Mendoza o las que se sueña el César Aira de El mago o Una novela china. Con esos dos faros, la luz propia de Godoy tiene algo de cervantino.
Aira, Mendoza, Cervantes... ¿A qué son buena carnada, no?
Un divertido libro que narra las desventuras de personajes en uno de los icónicos pasajes del centro de Bogotá dedicados al comercio de libros de segunda y de dudosa proveniencia. Se lee rápido y tiene grandes puyas y apuntes sobre la manera en la que funciona el circuito de libro en Colombia. Todas las personas que trabajen en el gremio o que les interese saber cómo funciona, deberían leer este libro.
En las Glorias hay dos cosas que me parecen muy fuertes y muy bacanas en esta novela: 1. El mundo del libro es muy grande, desconocido, y aunque ha ido creciendo, le falta todavía mucha fuerza en muchos campos. En esta historia explican con mucho amor el lado más marginal del mundo del libro, y lo hace a partir de mucho humor e ironía. 2. ¡El carácter metatextual que tiene es muy bacano! Siento que la manera en la que Novela Pirata está escrita es una burla a esos libros escritos con jergazos que escriben así creyendo que suenan bien pero suenan de una manera torpe y pretenciosa. Al principio es algo confuso, pero cuando se hace explícito que hace parte del libro que Pacho escribió se vuelve muy chistoso, además de que las dos líneas argumentales se fusionan, y le dan a esa Bogotá cotidiana un aire poco común y pintoresco.
Por último: me encantó la idea de Novela Pirata.
También hubiera sido un buen nombre para este libro.
En un principio, una novela muy linda. A mi me gusta mucho andar por los lados del centro de Bogotá en donde se venden libros (que, como dice el libro, son de dudosa procedencia). En general, divertida, acogedora. Me gustó mucho la metáfora entre los piratas corsarios y los piratas de libros. Hay partes en donde el ritmo baja, sobre todo con las de la intertextualidad de la novela de Pacho, además, y esta es la razón por la que no tiene una calificación mayor, es porque odié el final. Me pareció absurdo, innecesario, pues, y el autor terminó de la peor forma posible. Francamente esperaba mucho de este libro, pero el último capítulo me decepcionó como no tienen idea, me dejó molesto, insatisfecho (y eso que hay finales así que no pueden ser de otra forma, que los mismos personajes son conductores irremediables de dicho desenlace, en este caso no). Espero poder olvidarme pronto de este libro, me arruinó el día. 3.0/5 estrellas.
Hermoso tributo a los extintos libreros de la 19 en Bogotá. La historia comienza de forma divertida, con ese homenaje precios al pastel Gloria, pero termina un poco aburrida con la comparación entre los piratas ingleses y los piratas literarios. Buenos apuntes de humor y mucho de nostalgia por esa hermosa época de Bogotá.
La historia de los libreros me enganchó mucho pero en el segundo capítulo cuando se empieza a intercalar con la historia de los piratas, disminuyó mi interés.
Bueno, bueno. Especialmente recomendable para quienes han pasado unas buenas horas hurgando entre los anaqueles de las librerías de segunda del centro.