4,5 ⭐
Una novela dura, adictiva y maravillosamente escrita.
Dice la sinopsis:
Ante el inminente cierre del viejo hospital psiquiátrico de Cauldstone, en Edimburgo, las autoridades comunican a Iris que debe hacerse cargo de su tía abuela Esme Lennox, quien será puesta en libertad tras sesenta y un años de internamiento. El desconcierto inicial de la joven, que desconocía la existencia de la anciana, se verá pronto superado por una genuina curiosidad. ¿Qué circunstancia llevó a la reclusión de Esme cuando sólo tenía dieciséis años? ¿Por qué se ocultó su historia ante el resto de la familia durante décadas? Entre los recuerdos de Esme y los escasos momentos de lucidez de su abuela Kitty, Iris reconstruye la vida de las dos hermanas: la infancia en la India y la primera juventud en Escocia, la relación de afecto y rivalidad entre ambas, el rechazo de la joven Esme a las rígidas reglas de la alta burguesía escocesa y, repentinamente, la terrible exclusión. Así, bajo el cúmulo de revelaciones late un misterio cuyo suspense va creciendo a lo largo del relato hasta alcanzar un desenlace tan original como impactante.
¿Qué destaco del libro?
El título, "La extraña desaparición de Esme Lennox", porque extraña es a los ojos de los que vivimos en estos tiempos. Imposible comprender que pudieran pasar cosas así.
La trama y la estructura. Maggi O'Farrell sabe escribir, contar y enganchar al lector. Estamos ante una novela corta (unas 200 páginas), que se lee prácticamente de un tirón. La autora nos desgrana la historia de Esme desde los de cuatro a los dieciséis años, momento en el que sus padres la recluyeron de por vida en un psiquiátrico.
Serán las voces en primera persona de Esme y su hermana mayor, Kitty, las que nos cuenten lo ocurrido sesenta años atrás. Esme rememora a la espera del cierre de Cauldstone, con la esperanza de poder salir, sin de saber qué va a ser de ella. Su voz cada vez más lúcida, sus recuerdos cada vez más claros. La de Kitty es la voz de una enferma de Alzheimer ingresada en una residencia de lujo. Sus recuerdos son inconexos, salta de uno a otro sin solución de continuidad. La manera en que O'Farrell contrapone las dos voces, los puntos suspensivos con los que comienza cada monólogo interior de Kitty o lo que la una complementa a la otra, dota a la narración de tal fuerza y emoción, que deja al lector con el corazón encogido.
La tristeza, la sensación de impotencia que se instala al leerla, procede tanto de la historia en sí como del hecho de saber, que estas cosas ocurrieron con total impunidad en la mayoría de los países del llamado orbe civilizado hasta bien sobrepasada la segunda mitad del siglo XX. Recordemos, aquí en España, el mal llamado "Patronato de protección de la mujer", que recluía a adolescentes "caídas o en riesgo de caer" y que estuvo en funcionamiento hasta 1985.
Qué fácil resultaba librarse de una esposa, hija o hermana molesta. Tan sencillo como la firma de un marido, padre o hermano y la de un médico de cabecera para poderla recluir de por vida en una institución. Las rebeldes, las que caían en una depresión, las que reivindicaban sus derechos, las que aspiraban a algo más que los roles predeterminados para ellas, las embarazadas fuera del matrimonio, las que sufrieron abusos, las que fueron violadas, etc, todas ellas se convirtieron en víctimas propiciatorias. Se las catalogaba de raras, de débiles mentales, de lascivas o de histéricas y sin mediar juicio previo se las encarcelaba. Entrar en esas instituciones era fácil, salir no tanto. Para muchas, como la protagonista de esta novela, fue el final de sus vidas.
Como contrapunto a la triste historia de Esme, la autora nos cuenta la de Iris su sobrina nieta. Ella fue transgresora en una época en la que serlo ya no era punible, pudo estudiar, trabajar y vivir esa vida que Esme deseaba para ella y le negaron.
Los personajes muy bien construidos. Parece mentira lo robustos que son en una narración tan corta. Esme, que brilla con luz propia. Kitty, la niña bien adaptada, la que considera a su hermana un estorbo. Los padres y la abuela de ambas, brevemente trazados, pero más que suficiente.
Iris, su sobrina nieta es la mujer actual, la que no entiende cómo algo así pudo suceder. Tanto ella, en un principio, como Alex y Luke (personajes que contextualizan la vida de Iris como contrapunto a la de su tía abuela), pensaron de forma lineal. Causa y efecto, si la recluyeron sería porque era una enferma mental. El estigma que arrastraron las que consiguieron salir fue tan duro e injusto como la propia reclusión.
El final tremendo y también justo, la única justicia que Esme podía esperar.
En conclusión. Una novela corta que pone en la palestra la situación de injusticia y desamparo que sufrieron muchas mujeres hasta no hace tanto. Dura, triste y bien contada. Muy recomendable.